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15 de diciembre de 2014

II. La importancia de ir cambiando desde ahora las reglas de juego del capitalismo o los límites que impone a la lucha política, la sindical, la socioambiental y la de pueblos-naciones indígenas.

Y hacerlo recuperando o recreando 
los entramados comunitarios o los territorios.


El afianzamiento de la creencia mayoritaria en esta democracia representativa se da por el surgimiento de los gobiernos progresistas. Se ignora que la fuerza y originalidad izquierdista de ellos provino de la insubordinación popular que al reducirse a veto de formas neoliberales de gobierno, fue entrampada e inmovilizada. Aclaremos mediante:

 

Entrevista a Raquel Gutiérrez Aguilar: pongo mi esfuerzo en pensar
las condiciones de una política no estadocéntrica.
Puebla, mayo 2014

Emiliano Terán Mantovani*
Charlar con la socióloga, matemática y luchadora social mexicana, Raquel Gutiérrez Aguilar, empaparse de una visión que se nutre fundamentalmente desde las luchas populares, desde abajo, y confrontarla con las experiencias y saberes producidos en el marco de la «Revolución Bolivariana» venezolana, hace de este, un encuentro más que fructífero y retador. Con Raquel, quien desde 2011 es docente en el Instituto de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, compartiendo espacio con John Holloway —con quien tiene una cercanía teórica—, y que además es una investigadora muy poco conocida en Venezuela —país que nunca ha visitado—, hemos conversado sobre asuntos medulares para América Latina, como las claves para entender los procesos recientes en la región, dónde ubicar y cómo mirar al Estado en las cartografías políticas de análisis, interpretaciones del papel de los gobiernos progresistas en nuestros procesos de transformación, y también algunos planteamientos sobre el chavismo y el zapatismo.

ETM: Los procesos de transformación recientes en América Latina han supuesto también, tanto un redimensionamiento de las disputas epistemológicas para comprender nuestros procesos históricos en la región, como la aparición de nuevos problemas, nuevos elementos, nuevos sujetos. ¿Cuáles son las claves que propones para interpretar estos procesos?
RGA: Yo leo la historia reciente de América Latina a partir de las luchas que se han protagonizado desde abajo, y que fueron un conjunto de luchas muy potentes, muy decisivas, muy masivas, que se fueron relevando. Podemos empezar justamente desde aquel «Caracazo» inaugural, empezar a ver en los noventas el acuerpamiento y la potencia del movimiento indígena ecuatoriano, que empezó a ocupar tierra, que empezó a disputar decisión política, que empezó a cuestionar formas de exclusión, etc. Pero después, a partir del 2000, vemos una ola enorme de movimientos en América latina, la sucesión de caídas de presidentes. En Buenos Aires, por la lucha bonaerense básicamente, por la lucha piquetera, pero que era una lucha en toda Argentina, y que descarriló el proyecto liberal menemista, obligando y empujando a una reconstitución posterior. Vemos la ola de levantamientos y movilizaciones en Bolivia que desde el 2000 en Cochabamba, después con los continuos cercos a la ciudad de La Paz que estableció el movimiento Aymara, con la insurgencia cocalera de Evo, fue desgastando totalmente el modelo neoliberal en Bolivia hasta su caída y hasta la posterior llegada a la presidencia por Evo Morales, uno de los representantes importantes de esos movimientos que protagonizaban la lucha. Y así podríamos seguir pasando lista. Esos que mencioné son los casos más conocidos, los casos más estridentes.

Yo tengo la impresión de que lo que se acentuó en esos momentos fue una capacidad de veto social, se fue produciendo colectivamente una capacidad de veto. Se llegó un momento en el que no era admisible una forma de ejercicio del gobierno, una forma liberal, absolutamente pro-capitalista, y así fueron cayendo esos gobiernos. Entonces, ese es un primer punto que me parece muy relevante. Es decir, detesto expresarlo con claridad, las lecturas que parten de arriba hacia abajo, que parten de la omnipotencia, omnisciencia y gran sagacidad generalmente de un gran barón, porque esa es una acción de desconocimiento radical de ese protagonismo de quienes ponen el cuerpo en los caminos, en los bloqueos, en las luchas, etc. Hombres y mujeres, niños, ancianos y ancianas, sociedad movilizada, sociedad en movimiento, ¿a partir de qué? A partir de sus heterogéneas y polimorfas tramas asociativas, que llega un momento en que se politizan. Entonces, no estoy desconociendo la relevancia de organizaciones estructuradas de manera más canónica, de las figuras de agregación sindical, frentista, partidaria; estoy al mismo tiempo tratando de plantear una línea para descentrarlas del protagonismo, y ver, tomar interés y darle la importancia a eso, a lo cual no se le da.

En la narrativa del gran sujeto moderno que disputa al otro gran sujeto abstracto que es el capital —entendido como relación social, pero de alguna manera inasible—, se le contrapone otro gran sujeto mítico en la figura de un caudillo, en la figura de un partido, en la figura de una gran organización sindical, que lo que hace es empañarnos la mirada para entender con mucha mayor claridad y con mayor profundidad este conjunto de actividades cotidianas, sistemáticas, desparramadas, desagregadas por el mismo capital, pero susceptibles de politización y de veto de aquello que no les conviene. Esa es mi clave de interpretación de la realidad latinoamericana, de ahí que yo nunca fui particularmente entusiasta por los gobiernos progresistas, sin estar en contra de ellos. Simplemente, ahí no me parece que está ni lo más interesante, ni lo más creativo, ni lo más capaz de producir novedades políticas que trastoquen y subviertan las relaciones de dominio del capital, me parece que eso está en lo otro. Y me parece también que la subversión de las relaciones del capital, de su domino, de su control, de su continua cadena de despojos e imposiciones, va de la mano con un sujetar políticamente a las personas, a estas tramas comunitarias centradas en la reproducción de la vida, polimorfas y susceptibles de asociación, que intervienen diciendo “no”, pero después, cuando empieza el momento de la positivización, son capturadas por acciones extranacionales. Y eso, siento yo, que es algo que ha pasado sistemáticamente en los propios países con gobiernos progresistas.

El gobierno venezolano, honestamente, no conozco exactamente cómo pasa, pero tanto de los otros dos que son sus “primos chicos", el señor Correa y el señor Morales, y los gobiernos que ellos encabezan, me parece que han concedido demasiado en términos de reconstrucción de formatos y leyes, formatos institucionales y andamiajes legales absolutamente concordantes con el orden de acumulación del capital. Con un orden de acumulación del capital un poco distinto que, por ejemplo en el caso boliviano, limita y se trata de desatar de las corporaciones trasnacionales más poderosas del mundo que anteriormente estaban ahí sujetando, pero que vuelve a atarse a otro tipo de intereses, como los intereses de la oligarquía brasileña.

Finalmente, la lucha potente protagonizada por estas comunidades que se suelen insolentar, que se insubordinan y que pueden abrir caminos de reconstrucción de la posibilidad de convivir de otra manera, no tiene nada que ver con escoger entre modalidades de la acumulación del capital, sin negar que hay algunas más profundamente depredadoras de otras, pero sabiendo al mismo tiempo que a la larga van a ser lo mismo, y van a caminar en el mismo camino. Porque finalmente —otra vez—, la relación de los procesos de acumulación del capital se basan en la devastación, se basan en la desposesión y se basan en la explotación. Entonces, partiendo de ahí ya tengo un panorama.

ETM: Creo que en la actualidad tenemos signos muy claros de que estos recientes procesos de cambio de corte progresista en América Latina parecen estar ralentizados o estancados, donde además se han abierto espacios para que diversas fuerzas emerjan y estén disputándose, con más vehemencia, la hegemonía y el control político en varios de esos países. Dado este escenario, ¿cómo visualizas el panorama de la región, y en especial el de los gobiernos progresistas para los años venideros?
RGA: La cosa es que yo siento que estos gobiernos progresistas en realidad se han dado un tiro en el pie, porque han desconocido la fuerza de donde salieron, y han concentrado sus esfuerzos en los últimos cinco o seis años en conseguir las condiciones organizativas y políticas para cabalgar esos movimientos, para cooptarlos, para capturarlos política y organizativamente, es decir, para limitar su capacidad beligerante y sobre todo su posibilidad de relanzar objetivos políticos. Entonces, lo que ha ocurrido es que ha habido un re-monopolización de la decisión sobre el asunto general que excluye a los protagonistas que produjeron los propios gobiernos, y que se coloca sobre ellos a título de esa cosa abstracta que es “la nación” —que es la unidad ideal para la acumulación de capital—, y se ha convertido en una especie de “administrador general” de cosas, en vez de auspiciador de procesos transformativos; y eso colapsa porque tiene un límite.

Los gobiernos progresistas ahora están acosados desde varios lugares, se ven amenazados, están siendo deglutidos por el capital chino en Ecuador —el “deglutidos” en sentido literal—, y en el caso boliviano están siendo acosados, por ejemplo, por las trasnacionales de la agroexportación, con las que nunca se desataron. Y sí, tienen una creciente capacidad todavía en Bolivia, un poco más fisurada en Ecuador, de establecer términos de control sobre sus propias poblaciones, de generar procesos muy simulados —porque son copia y calca de la democracia procedimental que hace diez años estábamos tratando de hacer caer, tratando de habilitar procesos de producción de la decisión política mucho más vastos, mucho más profundos—; tienen esa capacidad allí, pero cada vez menos tienen esa capacidad de confrontar ofensivas como la que está atravesando Venezuela, cada vez están más incómodos para eso, cada vez son más vulnerables, porque hay un error sistemático en esta cuestión de dónde viene la fuerza, de quiénes son los protagonistas de la transformación social. Hay una confusión tremenda, y es que los 300 o 400 años —porque si ponemos una generalización de relaciones tendencialmente liberales y capitalistas a partir de las reformas borbónicas del XVIII, digamos, para contar— hay históricamente una tendencia a ese desconocimiento de la fuerza colectiva, una tendencia hacia una individualización brutal, una tendencia hacia centrar la mirada en estos procesos llamados modernizadores pero que son en realidad acciones brutales de «despojos múltiples», porque son despojos múltiples en términos de riqueza material y despojos de capacidad política.

Entonces, no me extraña que estén desgastándose, viéndose más débiles, teniendo que conceder más cosas, viéndose acorralados por otros intereses, etc. La fuerza no era de ellos, nunca lo ha sido. Ellos fueron fuertes en tanto fueron expresión de ese conjunto de tendencias y de anhelos que se pusieron en juego y no pueden dejar de serlo, pero al mismo tiempo su intención fue tratar de dejar de serlo. Entonces, dan “gato por liebre”, es tremendo porque se expropia la capacidad de producir decisión sobre asuntos generales y se le devuelven bonos focalizados para permitirte consumir un poco más. Eso no es algo que estuviera planteado en el horizonte comunitario popular que yo creo que sí despegó, se hizo visible, audible,  perceptible en América Latina en la década pasada.
Y ahora tenemos una revisión de los esfuerzos que ya hemos visto ocurrir, una revisión “trucha” —diríamos a lo peruano—, una revisión pirata de una película que ya vimos, porque ni siquiera es un esfuerzo por reconstruir unos Estados más o menos parecidos a los tramos de bienestar que tuvimos en otros momentos, con Estados realmente fuertes que emprenden acciones económicas realmente serias. Tenemos una especie de Estados que negocian, que se arrogan en el mundo del mercado que domina al mundo, en calidad de titulares de la posibilidad de negociar lo que no es de ellos a partir de regímenes de concesión, por un lado, igualito que los gobiernos liberales más horribles como el de Colombia y el de México; y por otro lado, tenemos políticas de tutela a partir de programas focalizados. Entonces, concesión y tutela, los dos grandes pilares que, al menos en los países andinos de altura, quisieron destrozar y hacer caer estos movimientos, los ves reinstalados por los gobiernos progresistas que sí, mantienen cierto control y van a ganar las elecciones, con ese procedimiento tramposísimo que es el procedimentalismo electoral, y más si estás ocupando el aparato del Estado. Pero qué de aquellas grandes deliberaciones públicas, qué de aquella apropiación de la capacidad de decidir y de incidir, qué de aquella capacidad que la vimos existir. Bueno, por eso se dieron un tiro en el pie, entonces caminan cojos y a ver hasta dónde llegan, y caminan despacito, en eso va esa ralentización que tú ves, ese debilitamiento, así lo veo yo.

ETM: Si estos gobiernos son tan funcionales al capital, ¿por qué el ataque imperialista que se ha dado constantemente sobre estos países? ¿Cómo podríamos explicar esa contraposición? Históricamente, uno ve que los sistemas más funcionales han sido más bien sostenidos por los grandes capitales, evitando las conflictividades internas y tratando de mantener justamente el orden. ¿Cómo tratar de entender, si son tan funcionales al capital, que haya ese ataque de diversas formas?
RGA: O sea, los ataca el imperialismo estadounidense, no los ataca el capitalismo ruso reconstruido: es su aliado. No los ataca el capitalismo chino explotador: es su aliado. Entonces, lee a nivel más amplio el conjunto de dinámicas, de confrontación geopolítica que nos tienen al borde de  la “N” guerra mundial, que nos tienen en vilo, porque se está amenazando una confrontación muy drástica en momentos de una depresión en el propio corazón del capitalismo industrial, que no acaba de terminar, que no termina, y eso exacerba las contradicciones interimperialistas, como lo dicen los clásicos. Pero es un recorte heredado de una lectura de los años 50, el pensar que el imperialismo capitalista es solamente encarnado por los Estados Unidos, y de lo que yo estoy hablando es de la relación del capital. Estos gobiernos progresistas tienen de donde escoger, y eso es lo que han estado negociando. Han estado negociando con el diablo habiéndose disparado en el pie, pues, por eso es que están “remal”.



Raquel Gutiérrez Aguilar plantea que, a diferencia de los gobiernos progresistas, la transformación social nos desafía a "entender y analizar el ámbito de la reproducción material de la vida social y establecer desde ahí, desde las necesidades que estén produciéndose ahí, los términos que tienen que guiar la actividad política de los que estén fuera del Estado, y la posibilidad de mandatar a quien ocupa el Estado".También que:
·         los de abajo necesitamos no sólo reconstruir nuestros entramados comunitarios o territorios sino sobre todo politizarlos; y
·         "la fuerza social capaz de protagonizar la transformación social no puede renunciar a pensar con su propia cabeza, a hablar sus propias palabras, porque si no le aventamos una película".


ETM: Si hipotéticamente, se abriera en América Latina un nuevo proceso de reconstitución de un bloque popular sobre la base del descontento social, donde se conjugaran los movimientos sociales con los ciudadanos explotados, excluidos e indignados, y se abriera un nuevo camino para la transformación profunda de las sociedades latinoamericanas, o al menos de algunos países, ¿qué papel podría jugar el Estado, tomando en cuenta sus propios límites estructurales, en la configuración de procesos sociales de transición? ¿Qué rol juega no sólo en la dinámica interna de un país determinado o de un bloque, sino en la geopolítica?
RGA: Pues, me haces una pregunta que a mí me saca de mis cánones comprensivos. Yo no suelo pensar desde el Estado porque no me interesa, y no es que sea un antiestatalismo furibundo, es que a mí lo que me interesa es la lucha; porque lo que veo es que es en la lucha donde se pone en juego la cosa, la posibilidad misma de producción, la posibilidad misma de que tenga sentido tu pregunta. Entonces, lo que estoy reflexionando desde el año 2009 cuando se empezó a sentir, a percibir ya el aquietamiento de estos ritmos de transformación, se da sobre la base de dos ideas centrales que me dan mucha luz: por un lado, el hecho de tener mayor claridad y de seguir trabajando con una postura política de abajo que sea “no estadocéntrica”, es decir, no estoy diciendo que sea antiestatal, a veces es muy bueno tener un aliado en el Estado, pero ese no puede ser el objetivo nunca. Si nos colamos de chanfle como en Bolivia colamos a Evo, de chanfle absoluto, a la presidencia del gobierno, cuando se deciden las elecciones presidenciales de 2005, las que gana Evo, tenías el país paralizado por bloqueos en todos lados. La gente movilizada fue capaz de poner cercos en La Paz, cercos en Sucre, cuando el congreso se traslada a otra ciudad para poder sesionar y decidir las medidas contra la población. En fin, ahí se desplomó, ahí quedó muy evidente que ya los que estaban gobernando no podían gobernar, que se había quebrado un orden de mando.
Entonces, lo más importante de ese momento, lo que yo he aprendido y eso es a lo que pongo mi esfuerzo, es en pensar las condiciones de una política “no estadocéntrica”, que puede hablar con el Estado, pero me interesa pensar y pulir la política desde lo “no estadocéntrico”, es decir, cómo conservamos el lugar de enunciación y la autonomía material, política y moral para continuar logrando establecer una discusión política de altura con aquel que gobierne, sea quien sea. Y la respuesta que voy encontrando, es que el punto de partida no puede ser la recomposición de la acumulación de capital, o variar los términos de la acumulación de capital, sino que tiene que ser el concentrarnos realmente en entender y analizar el ámbito de la reproducción material de la vida social y establecer desde ahí, desde las necesidades que estén produciéndose ahí, los términos que tienen que guiar la actividad política de los que estén fuera del Estado, y la posibilidad de mandatar a quien ocupa el Estado. Un poco así me estoy imaginando la cosa.
Entonces, a partir de eso, si tú me concedes toda esa premisa, pues yo te trato ahora sí de responder a tu pregunta, pero es totalmente hipotética. ¿Qué cosas sí necesitamos y qué cosas no necesitamos? Eso es algo que tiene que deliberarse socialmente. ¿Qué cosas sí queremos y qué cosas no queremos? ¿Qué cosas podemos proponernos producir, qué cosas no podemos no necesitar, y qué cosas podemos aplicar? Esa discusión social no es una cuestión de expertos decidiendo, esa deliberación general, para ir dando respuestas a esas preguntas, pues, sería la clave que me marcaría el tono de con qué capital y con qué procesos de acumulación negocio y de cuál comienzo zafarme. Así un poco me lo imagino, pero es una perspectiva.
A mí me da la impresión de que la contradicción principal, fundamental, que vivimos en América Latina es entre estas tramas comunitarias cada vez más despojadas de su posibilidad de reproducir su vida material y estos consorcios trasnacionales. Entonces, la cosa es cómo desde esta fuerza los repliegas, cómo te da tiempo —y que necesitas tiempo, esto es una cuestión de escala y de ritmo, es una cuestión de tiempo también—, cómo empiezas a producir, cómo se empieza a producir colectivamente esta discusión, esta deliberación política sobre el modo que queremos vivir, y de ahí se va mandatando a quien ocupe la figura o lugar del Estado, de qué cosas sí se necesitan y qué cosas no. Así me imagino yo el comunismo de nuestra era, no el Socialismo del siglo XXI, sino eso.

ETM: Tomando en cuenta que cada país latinoamericano tiene sus diferencias, ¿cómo impulsar, desde estos sentidos que analizas, un proyecto emancipatorio en países en los cuales, condiciones de relativa fortaleza de las tramas comunitarias, de relativa organización social, no están dadas en su punto? ¿Cómo hacer cuando estos tejidos comunitarios y las formas de organización popular han sido severamente lesionados y desmembrados por un proceso de destrucción, de despojo largo y prolongado? ¿Cómo podríamos pensar en esos escenarios un poco más complicados?
RGA: Yo creo que estos pensamientos tienen un carácter muy particular y son pensamientos que emergen desde situaciones, que están situados. Porque si te estoy hablando de que yo trato de aprender de las luchas, que mi escalpelo para entender las cosas es desde las luchas, es en medio de las luchas, entonces esto no te lo sabría responder así en frío. Pero lo que yo pienso es que las luchas potentes que ha habido en esos países en los momentos críticos, son los que tienen que poder alumbrar otras posibilidades. Porque el pensamiento que dice que no hay otra posibilidad que la que está siguiéndose es un pensamiento conservador y cobarde. Entonces, esa esterilidad es de la que hay que renunciar. ¿Y dónde están los momentos genuinamente fértiles para abrir las posibilidades? En los momentos de quiebre, como decía Walter Benjamín, los momentos en los que las contradicciones quedan iluminadas, los momentos en los que las posibilidades también se delinean al menos como aspiración.
Bueno, qué pasó en esos países, ¿de cuál hablamos? ¿De Venezuela? Qué pasó en el "Caracazo", qué pasó en la defensa de Chávez durante el golpe de 2002, qué pasó en otros momentos importantes de protagonismo de la población venezolana en su heterogeneidad. No sé si ahí haya o no haya tramas comunitarias, pero lo que sí sé es que tiene que haber algún tipo de forma asociativa, porque la gente no vive sola. Que pueden ser formas asociativas despolitizadas, pero qué hicieron esas personas, esos hombres y mujeres concretos en esos momentos, qué quisieron. Yo lo que haría sería estudiar eso y capaz encuentro que hay lugares donde eso no existe, pero capaz encuentro que sí hay.

ETM: En estos procesos de transformación regionales, en sus diversos grados, donde resalta el bloque diverso que supuso los planteamientos más radicales, más alternativos, como lo fueron Venezuela, Bolivia y Ecuador, y algunas reivindicaciones populares en otros países, finalmente, vemos que todos ellos terminan convergiendo y reinscribiéndose en la máquina capitalista, todos terminan redimensionando los modelos capitalistas/rentistas que son los modelos predominantes en América Latina. ¿Cómo desconectarse de estos proyectos y en qué sentido el proyecto del zapatismo puede ser aún una referencia para las dinámicas políticas emancipatorias de nuestra región?
RGA: Yo sigo sintiendo que el zapatismo es una experiencia tremendamente valiosa, sin que necesariamente tenga que ser referencia. Yo siento que la experiencia zapatista y todos sus esfuerzos, y ahora todos esos esfuerzos desde los últimos diez años de construir un autogobierno, de establecer condiciones, de relanzar siempre su posibilidad de autodeterminación, por supuesto territorialmente asentada y defenderla, lo que son es un ejemplo de perseverancia, y en ese sentido, como ellos mismos dicen siempre, a lo más que pueden llegar es a ser un espejo, no un referente, un espejo para que otros problemas se vean en ellos y decidan como le hacen. Esa es la cosa, otras voces han puesto al zapatismo como modelo, yo siento que los zapatistas no se han puesto ellos mismos de modelo nunca. Ellos lo que hacen es decir que sí y que no, y tratan de lanzar conversaciones con el resto, pero no están tratando de ser una teoría general, no están tratando de pretender que pueden resolver ellos todos los problemas. Toman un lugar bastante más humilde, que yo creo que nos convendría tomar.
¿Por qué pretendemos desde otro flanco ideológico, ocupar el mismo lugar al que han ambicionado las élites dirigentes del capitalismo a lo largo de los siglos? ¿Por qué tendríamos que ser como ellos? ¿Por qué tendríamos que aspirar a un lugar particular y afirmativo, que es el lugar del Estado? ¿Por qué no mejor ensayamos una lucha tenaz en términos particulares y vemos hasta donde llega, y otra, y otra, y nos preguntamos por los problemas que tienen esas luchas en generalizarse y en producir puentes que les permitan reforzarse mutuamente? A mí esas preguntas me parecen más interesantes que cómo pueda ser el modelo de Estado X, porque eso no lo sé, y porque además en el momento en que haces las preguntas desde ese lugar, ocupas un lugar de enunciación que va a jalar tu propio pensamiento hacia condescender y hacia establecer términos de reconstitución de mando, de desconocimiento de protagonismo, etc., ya ha pasado muchas veces. Entonces, hay que relanzar las preguntas, me parece.

ETM: ¿Cuáles preguntas propondrías tú, por ejemplo?
RGA: La de cómo puede continuar la lucha, desde cómo pueden ser modos más agudos, de cómo pueden haber articulaciones autónomas entre las luchas, de cómo se puede pensar en la transformación a partir de la reproducción social de la vida material —lo cual parece un oxímoron—, de cómo se puede descentrar el asunto de entender la vida a partir de la reproducción del capital. Preguntas políticas, preguntas epistémicas, preguntas de fondo. Esas son las que me gustan, esas son las preguntas de la lucha.

ETM: Cuando uno piensa en la idea de «agrietar el capitalismo» de Holloway, se pudiese decir que reconoce que los proyectos populares emancipatorios se enfrentan a un sistema que está en cierta forma omnipresente o intenta estarlo en la cotidianidad, en la territorialidad. Y esta idea de agrietar el capitalismo pudiésemos llevarla, y disculpa que insista, al carácter de relación social que también tiene el Estado. Si como has dicho, el proyecto no debe ser estadocéntrico, pero reconoce que el estado existe, ¿no habría una posibilidad también de admitir que hay que agrietar al Estado?
RGA: Claro que hay que agrietar al Estado, claro, pero el Estado no se agrieta solo. Hay que agrietar el Estado y el Estado se agrieta desde afuera. Y si puedes colar a alguien para que ayude a meter un barreno y haga palanca, pero tienes la fuerza  para que cuando te quiera pegar a ti con el barreno tú le dices: “oye, cálmate, te tocaba palanquear para que se cayera lo que había”. Eso es un poco lo que siento. Es que uno siempre está atravesado por la propia relación del capital también, entonces uno siempre está desgarrado entre lanzar el vínculo con el resto de una manera y otra, instrumentalizas o acuerpas, explotas o cooperas, pero puedes hacerlo. Y no estoy tratando de reinstalar una especie de individualismo metodológico porque yo siempre trato de pensar las cosas en términos colectivos, pero lo que quiero decir es que siempre hay amplias matrices de posibilidades, y que la estatal no es la única.
Entonces, vámonos construyendo palabras, términos, categorías analíticas para ir distinguiendo desde afuera del Estado cómo queremos que sean, si alguien tiene que estar ocupando en el mando, en vez de estarles echando porras. Y eso no quiere decir que tú te pongas en una condición de sistemático desafío, de sistemática contraposición, de ninguna manera, pero la fuerza social capaz de protagonizar la transformación social no puede renunciar a pensar con su propia cabeza, a hablar sus propias palabras, porque si no le aventamos una película. Eso siento. ¡Ya está muy rollero esto! (Risas)

ETM: Déjame hacerte un par de preguntas más. ¿Cómo evalúas los procesos de consolidación o germinación de tramas comunitarias en el marco de la última década en América Latina? ¿En los países más tocados por estos procesos de cambio, han crecido, han florecido, o por el contrario se han visto en retroceso?
RGA: Mira, las tramas están de por sí. En los lugares en los que el capital ha avanzado tremendamente las tramas se destejen, por supuesto que sí, pero las tramas se regeneran también en otras partes. El problema duro que hay que ver es la despolitización creciente de esas tramas, ese es el verdadero problema, ese el tiro en el pie, la despolitización de esas tramas. Es decir, su cooptación, su sujeción, su enmarcamiento en formatos de decisión ajena, la inhibición de su deliberación, etc. Lo que vimos —que yo te destacaba con mucho gusto porque me tocó vivirlo, por suerte, en América del sur—, ese momento en el que se hace evidente esa capacidad política de la gente común, es un momento mágico, es un momento feroz, es un momento fuerte. Entonces, cómo es posible que hayamos regresado al estado de despolitización, es la pregunta que me quita el sueño, y cómo sería posible volver a contribuir a su politización. La tarea que yo tomo para mí es la de ir tratando de tomar esa pregunta desde una especie de razonamiento muy abstracto y tratar de contestarla, y son todas las cosas que te he dicho, eso es lo que veo. Entonces, el entramado comunitario no lo veo desbarajado, lo veo reconstruido, lo veo reconstruyéndose, pero sí lo veo despolitizado, como en el caso mexicano.

ETM: Finalmente. Las  luchas contrahegemónicas populares, de la izquierda, antisistémicas —como quisiéramos catalogarlas— en Latinoamérica están hermanadas, en el sentido de que todas son producto del sufrimiento de la explotación capitalista, de la discriminación y el despojo, el ataque a sus territorios. Pero uno nota al menos en los últimos 20 años que hay una divergencia marcada. Por ejemplo, por un lado está el zapatismo como una especie de marca, de característica de cómo pensar la lucha; y por el otro está el “chavismo”, entendiéndose como un proceso que está enmarcado primordialmente en torno al Estado. Estas dos corrientes en algunos escenarios parecen confrontarse, parecen contraponerse, no sólo interpelarse, sino a veces hasta chocar y señalarse mutuamente. Si uno parte de la premisa de que es fundamental la articulación de movimientos de lucha, ¿En qué horizontes podemos articular estas dos líneas políticas, que en realidad están hermanadas por las luchas anticapitalistas y antineoliberales que constituyen los movimientos desde sus bases populares, pero que en algunos escenarios aparecen como confrontadas, o satanizándose unas a las otras? Es decir, ¿Cómo podemos rearticular estas dos luchas o estos dos campos en un sentido de lucha a escala regional?
RGA: El zapatismo sí sé que es, el chavismo no me queda muy claro. El chavismo me  parece un  término demasiado polisémico, porque el chavismo puede ser la decisión de Maduro y su almohada, o la lucha generada de todos los venezolanos sacando y peleando por algo que les compete y deliberando entre sí lo que quieren o no establecer. Entonces, una tarea para el chavismo, me parece, ahora que falta Chávez, es establecer los términos del contenido desde esa expresión. Entonces, bajo el contexto actual me parece que no se puede, no le veo, ¿por qué? Porque de un lado sí veo que está claro y uno puede opinar lo que uno quiera del zapatismo, puede haber una guerra tremenda de posiciones, pero está bastante bien dicho qué cosa hacen y qué cosa no. Y han establecido a lo largo de muchos años su unidad y la han ido desarrollando, han vuelto sobre ella, y la han relanzado. Pero digamos que me resulta más comprensible, quizá porque soy mexicana y porque nunca he ido a Venezuela. Pero la polisemia del término “chavismo” me parece abismal, porque hay que preguntarse desde la pertinencia de una política no estadocéntrica, si esta idea, en una de las acepciones del chavismo, puede ser compatible con uno de los ejemplos contemporáneos más sistemáticos de plantear políticas estadocéntricas. Pues no se puede. Ahora, lo que yo creo es que en el proceso y en la lucha larga del pueblo venezolano hay muchos más contenidos que los contenidos estadocéntricos que quedan explícitos por lo general, y que son destacados por la prensa internacional, pero a veces también por el propio gobierno, como si ellos fueran el ojo de Dios o los que hacen las cosas. Entonces, ahí mi interés sería más bien tener posibilidad  de saber qué más hay, eso me gustaría mucho, entender las fuentes de la fuerza del pueblo venezolano que nutrieron a Chávez, pero que Chávez no es la fuente.
*Emiliano Terán Mantovani es sociólogo de la Universidad Central de Venezuela e investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos-CELARG



I. La importancia de ir cambiando desde ahora las reglas de juego del capitalismo o los límites que impone a la lucha política, la sindical, la socioambiental y la de pueblos-naciones indígenas.

 Y hacerlo reconstruyendo los sentidos comunes.

Iñaki Gil de San Vicente (Rebelión), en “Debate sobre cuatro cuestiones urgentes”/15 de noviembre de 2014, señala:
(...)La visión de la ideología como conjunto de opiniones e ideas sobre la realidad demostró en este momento su acierto y su límite. Lo primero porque cientos de miles de personas oprimidas y enfadadas radicalizaron parcialmente sus ideas sociopolíticas, democráticas, culturales, etc., su ideología en suma; pero lo segundo, su límite, porque no fueron más allá, no profundizaron más allá de las meras ideas progresistas, no llegaron a una praxis revolucionaria con objetivos históricos, estrategia general y tácticas concretas, es decir, no dieron el salto de la ideología progresista a la teoría revolucionaria. Y no lo dieron porque de repente se les ofreció como salida a su rabia el camino más fácil: el electoral desde una visión totalmente «nueva», no contaminada por las corrupciones y ataduras del resto de alternativas electorales. Esta salida fue Podemos como años antes lo había sido el PSOE que surgió de la nada, salvando todas las distancias. 
Sobre el magma del malestar social complejo apareció la propuesta vertical, ambigua, polisémica, abstracta y de política-espectáculo, televisiva, de Podemos, la expresión más plena del concepto de ideología como bloque de ideas, pero sólo de ideas que no de teorías. La diferencia entre idea progresista y teoría revolucionaria radica en que la primera se mueve en el ámbito de lo deliberadamente impreciso, mientras que la segunda, la teoría revolucionaria, lo hace deliberadamente en la radicalidad más concreta. Las ideas ambiguas son cómodamente reducidas a eslóganes sencillos que se repiten en TV, Internet, radios, prensa en general, pero la teoría requiere de esfuerzo intelectual crítico realizado en colectivo y en base a métodos democráticos-radicales de debate y contrastación. La idea progresista reducida a eslogan reiterado, a frase hecha que sirve para responder a cualquier pregunta, puede atraer a mucha gente cabreada e indignada pero no puede ofrecer un objetivo histórico, una estrategia y una táctica colectivas, sino grandes sueños imprecisos. 

Peor aún, las ideas generales reducidas a tópicos, a muletillas repetidas durante pocos segundos en programas televisivos pensados para anular toda sistematicidad expositiva, hacer mucho ruido y aspaviento que impida toda reflexión bajo luces multicolores que dirigen la atención a la imagen y no al contenido, estas ideas huecas se rellenan fácilmente con contenidos reformistas blandos como ya lo está haciendo Podemos; del mismo modo que el espectáculo de luz y sonido en tiempo real de unas supuestas «votaciones democráticas» individualizadas en extremo con el voto-electrónico, sirve para legitimar el verticalismo burocrático previamente impuesto a la vez que anular todo debate interno riguroso y serio. 
La crisis que azota al capitalismo español ha terminado forzando una primera y relativa toma de conciencia de amplias masas populares, como no podía ser menos. Pero por ahora sólo relativo y primer paso en el largo proceso de radicalización teóricamente asentada. Uno de los mayores obstáculos a vencer no es otro que el de superar el subjetivismo y la reducción del pensar a la simple amalgama de ideas generales; dicho de otro modo, el movimiento ha de dar el paso a una crítica radical del orden existente. Mientras no lo logre y tienda a estancarse en la esperanza electoralista y parlamentarista, como parece que está ya ocurriendo porque Podemos no hace ningún llamamiento a la movilización en la calle para reconquistar derechos y condiciones de vida y trabajo destrozados por la represión, si así ocurriera se tendrá que empezar de nuevo.

No hace falta decir que uno de los problemas decisivos a los que ya debe responder no sólo Podemos sino el movimiento obrero y popular, la «gente», la «sociedad civil» como dice ambigua e interesadamente Podemos, es el de cómo acelerar -desde el internacionalismo- el proceso independentista de las naciones oprimidas por su Estado, ése al que apenas nunca citan y menos aún llaman por su nombre verdadero echando la culpa de todo a una «casta» que nunca definen con un mínimo de rigor teórico y político.(...)Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=192026

IV. Análisis que es posible e imprescindible confrontar con el capitalismo en vez de seguirlo legitimando a través de elecciones.

Agronegocios y agriculturas de la tierra:
avanza la construcción de la coexistencia entre ambos modelos.
23 de noviembre de 2014



Por GRR. Grupo de Reflexión Rural
En Salta, pocas semanas atrás, se ha realizado un nuevo encuentro[1] entre los grandes sojeros de ACSOJA y APRESID, y la dirigencia del Mocase, el MNCI y otros gupos campesinos, convocados todos por el Ministerio de Agricultura y por la Iglesia Católica. Se trató de una Mesa de Diálogos o encuentro entre dirigentes, que nos indica el modo en que se desarrolla la nueva estrategia de legitimación del modelo de los agronegocios. La llamada “Coexistencia” o “Convivencia” entre ambos modelos, se está construyendo por lo bajo y a espaldas del debate y de la participación pública, a fin de asegurar la continuación en el tiempo del actual modelo de colonización.

Tal como se había dado cuenta en el documento de lanzamiento de la campaña “No nos patenten la vida”[2] en que participamos activamente como GRR, desde el Gobierno Nacional y desde las Corporaciones, se ha lanzado la propuesta de integrar a los agronegocios, la pequeña agricultura territorializada (campesinos, indígenas, huerteros, minifundistas y otros pobladores del campo), sosteniendo de manera explícita y desembozada que ambos modelos, ambos paradigmas o cosmovisiones, podrían Coexistir o Convivir frente a las reglas del mercado, sin que estos últimos pierdan las características que los identifican. .

De hecho, se había expuesto, asimismo, y de manera solapada esta misma posibilidad, en el texto que se conoce como anteproyecto de modificación de la ley de semillas, cuando siendo un proyecto de Ley pensado a la medida de las Corporaciones Transnacionales y particularmente de la empresa Monsanto, para la privatización discrecional de la Biodiversidad, explicita la nueva estrategia de legitimación del modelo agro-biotecnológico, al reconocer la excepcionalidad de las obligaciones de dicha Ley, para todos aquéllos que se encuentren registrados en la Secretaría de Estado de Agricultura Familiar que conduce Emilio Pérsico en el Ministerio de Agricultura.

Las iniciativas y posiciones asumidas en Argentina por la Pastoral Social de la Iglesia, Fundapaz, MNCI-VC (Movimiento Nacional Campesino Indígena - Vía Campesina), Acina (Asamblea Campesina Indígena del Norte Argentino), FNC (Frente Nacional Campesino), Fonaf (Federación de Organizaciones nucleadas de la AF) y FAA (Federación Agraria Argentina), de participar en la Mesa de Diálogo para una Agricultura Sustentable, espacio donde se está construyendo la propuesta de la Coexistencia, están configurando amenazas gravísimas para la prosecuciòn de las luchas que desde hace años las organizaciones populares están llevando contra los agronegocios y contra el nuevo modelo de colonialidad. Es en ese sentido que, aquellas acciones deleznables de ciertas dirigencias campesinas, aunque de origen  técnico profesional y de la izquierda neo desarrollista, nos conciernen y comprometen a todos, más allà de que seamos o no seamos campesinos.

En esos encuentros, por otra parte, el Secretario de Agricultura Familiar, Emilio Pérsico, ha solicitado a los representantes del Agronegocio un incremento del 2% de las retenciones que pagan al Estado a través de los exportadores, dejando al desnudo la asociacion explicita entre su cartera y la agricultura industrial[3]. De este modo, no sólo se está legitimando el Agronegocio, sino que por convicciòn de las dirigencias campesinas que, tal como  han manifestado, consideran que “no hay Agricultura Familiar sin presupuesto”[4], se coloca a la Agricultura Familiar en una posición de evidente complicidad y corresponsabilidad de las multiples consecuencias sociales, económicas y ecológicas producidas por el modelo productivo hegemónico de la sojización, ya que aquella agricultura familiar y campesina, se convertirá inexorablemente por este camino, en socia menor de la Agroindustria y del modelo de los agronegocios.

Inmersos en un nuevo clíma político y cultural propio de los finales de un ciclo político, cuando se evidencia la carencia por parte del Gobierno de una continuación política partidaria cierta, son impuestas tanto por el Estado como por las Corporaciones y en aras de fortalecer un modelo necesitado de relegitimarse, estratégias de “Responsabilidad Social” y de “Maquillaje Verde”. Todo ello se produce en un contexto crítico desde el punto de vista económico, social y ambiental, cuando este tipo de entendimientos, inspirados en una dudosa voluntad común para la “pacificación” y resolución de conflictos, no hacen más que ocultar el conflicto por la tierra de larga data en la Argentina.

En un tiempo político electoral tal como el que vivimos actualmente, en que pareciera existe cada vez más conciencia y oposición al modelo productivo imperante, cuando se multiplican las luchas contra las prácticas extractivistas y el modelo de sojización, así como contra las fumigaciones, mientras se reproducen las propuestas de otras agriculturas y la imperiosa necesidad de una alimentación que reemplace las actuales ingestas chatarras. Cuando el creciente repoblamiento de la ruralidad enamoran a una ingente cantidad de jóvenes, nos resultan a todas luces insostenibles y propios de la desesperación del sistema de poder, los acuerdos asumidos por estos actores de una izquierda neodesarrollista y colonizada, con los funcionarios del progresismo y los representantes de los agronegocios y los pooles de siembra transgénica en la Argentina.

Estos encuentros actuales nos recuerdan a otros intentos del pasado en el mismo sentido de legitimar los agronegocios, “integrando” la participación de las organizaciones que le son, supuestamente opuestas, tal como lo fuera La Mesa Redonda de Soja Responsable (RTRS), ahora con el agravante de que lo que se propone y fundamenta es directamente la legitimidad de la Coexistencia, para acabar así con las luchas contra el Agronegocio.

Consideramos que hubo un punto de ruptura en la historia de estas luchas, cuando los representantes de los sectores campesinos firmaron, junto a los más altos representantes del agronegocio en la Argentina, la Declaración de Añatuya del 27 de Febrero de 2014[5], donde, con los auspicios de la Comisión Episcopal de Pastoral Social[6], se avalaba explícitamente la posibilidad y la necesidad, de la "coexistencia de distintos esquemas de producción", entre los grandes representantes de la Agroindustria y los productores familiares campesinos.

Nos llama profundamente la atención, en primer lugar la actitud de algunos Obispos, en los que justificamos sobradas razones religiosas para tratar de evitar las confrontaciones y manifestar una práctica piadosa sobre la nueva oligarquía sojera y los grandes propietarios de la tierra.  Lo que se nos hace dificil comprender es que el amor al lobo los conduzca a entregarles el propio rebaño de las ovejas que constituirían su feligresía... Aún peor todavía, quisiéramos recordar que, en las luchas que hemos llevado contra el modelo agro biotecnológico, nos hemos preocupado particularmente por no legitimar a los sojeros e inspiradores del modelo, en la esperanza de que alguna vez hubiese justicia y pudiesen ser juzgados por las consecuencias espantosas del modelo que impusieran en los años noventa a espaldas de la Democracia y que, bajo ciertos criterios podrian constituir delitos de lesa humanidad... Lamentablemente, hoy debemos reconocer que ha sido nada menos que la Iglesia, a través de sus Obispos, la que ha desmontado aquella barrera moral y ética, haciendo sino aceptable, al menos práctica corriente lo que hasta ayer hubiese sido considerado en el campo de las luchas populares como un crimen imperdonable...

Nos preocupa por todo ello, la convivencia y la connivencia expresa entre estos actores y presuntos dirigentes, particularmente cuando la Vía Campesina Internacional viene denunciando desde antiguo y sistemáticamente la desaparición de todas las formas de agricultura para la alimentación de nuestros pueblos, y ello como consecuencia de la acelerada expansión de los monocultivos transgénicos, del acaparamiento de tierras y de la privatización de las semillas. Pero mucho más nos preocupa en lo particular el público alineamiento de las dirigencias del  MNCI y del Mocase no sólo con los Agronegocios y con los representantes de los sojeros, sino tambièn con alguna de las expresiones de la actual política productiva argentina, tal como el Ministerio de Agricultura y su Proyecto estratègico agro alimentario (PEAA). Sosteniendo, por lo demás,  como organizaciones campesinas, a candidaturas electorales propias del continuismo gubernamental, candidaturas que como las de Jorge Taiana y el Movimiento Evita, apoyan claramente la  profundización del modelo corporativo. Nos preocupa además, que de similar manera a como el MST brasileño hiciera poco tiempo atràs respaldando discrecionalmente la candidatura de Dilma Roussef, lo hagan ellos ahora utilizando de manera pùblica el sello de La Vía Campesina para ese apoyo electoral, sin que ello y que nosotros sepamos, haya producido escándalo alguno a nivel de esas organizaciones campesinas en el plano internacional.

Reiteramos, nos sorprende profundamente la participación de las organizaciones campesinas integradas en La Vía Campesina en estos sórdidos connubios, ya que estas posiciones diferirían a nuestro buen saber y entender, con los grandes lineamientos trazados por La Vía Campesina Internacional desde sus inicios. Entendemos asi que, estas polìticas que se llevan a cabo en la Argentina por parte del Mocase y del MNCI, confrontarían con los Principios que dan vida a la existencia de la que fuera, la más importante organización mundial en defensa de las agriculturas ancestrales. Confirma nuestra preocupación las últimas publicaciones de La Vía Campesina y particularmente la que se titula: "Desenmascarando la Agricultura Climáticamente Inteligente" donde se expone claramente que "no hay lugar para los campesinos y pequeños propietarios en la agricultura industrial" y el comunicado de prensa del 25 de septiembre de 2014, en donde expresan que “Mientras los movimientos sociales, como La Vía Campesina, ven a la agroecología como la alternativa a la agricultura industrial, y destacan su promesa transformadora de las realidades rurales, la apertura institucional actual, es mas bien a una agroecología acotada, que se limita a agregar nuevas herramientas a la caja de herramientas de la agricultura industrial; o sea, métodos para reducir los impactos negativos en su futura productividad.  Los que promuevan este enfoque, suelan usar nombres como 'intensificación sustentable,' o 'ecológica,' o 'agricultura inteligente para el clima,' para referirse a esta visión, que erróneamente plantea que la agroecología sea compatible con las grandes extensiones de monocultivo, los agrotóxicos, y las semillas transgénicas.  Para La Vía Campesina, esto no es agroecología, sino un intento de cooptación, que habrá que denunciar y resistir.”

Es por la extrema gravedad de todo lo anterior, que hacemos un llamamiento indignado a todos aquellos que están participando de estos encuentros legitimantes del modelo devastador y genocida de la sojización compulsiva, para que cesen en la participación de una construcción conjunta e inmoral con las Corporaciones y el Gobierno del Agronegocio, manifestándose abiertamente en contra de esas políticas, tal como lo hacemos ahora nosotros como GRR, denunciando a su vez con valentía las connivencias entre sus presuntas dirigencias y pronunciándose en contra de la Coexistencia entre los Agronegocios y las diferentes formas ancestrales y locales de agricultura, asi como los diversos modos y prácticas de cultivo del suelo y autosuficiencia.



III. Análisis que es posible e imprescindible confrontar con el capitalismo en vez de seguirlo legitimando a través de elecciones.

Un informe sobre leyes clave del modelo extractivo 
que están forzando las corporaciones a sancionar antes de fin de año

La ley del más fuerte
20 de noviembre de 2014


Por Darío Aranda (lavaca.org)
La retórica utiliza palabras como patria, imprescindible, soberanía, necesidad imperiosa y alega que, de no aprobar la ley, la Argentina será inviable. En la vereda opuesta, legisladores nacionales denuncian la entrega de recursos nacionales y resuenan palabras duras: cipayos, traidores a la patria. Finalmente, luego de horas de debate, gana el voto por la afirmativa. Los legisladores se abrazan, celebran, sonríen.
Fue el 24 de septiembre de 1992, cuando el Congreso Nacional sancionó la ley que posibilitó la privatización de la empresa nacional Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF).
Veintidós años después, la historia se repite. El bloque oficialista aprobó y celebró la reforma a la ley de hidrocarburos, por la cual se otorga enormes beneficios a las empresas internacionales y se justifica con dos palabras: “Soberanía energética”.
Una línea de conducta que se refleja en la manera de aprobar transgénicos, una nueva ley de agrotóxicos y un proyecto para modificar la reglamentación referida a semillas y que tiene un nombre: “Ley Monsanto”.

Sale con soja
Paseo Colón 982. Lunes 25 de marzo de 1996. El secretario de Agricultura, Felipe Solá firmó la resolución 167 por la cual autorizó la producción y comercialización de la soja transgénica, con uso de glifosato. Fue el comienzo de una política que produjo un quiebre en el modelo agropecuario argentino. El trámite de aprobación llevó sólo llevó 81 días, en base a estudios de las propia empresa Monsanto, faltó información sobre posibles consecuencias en la salud y el ambiente y estuvo plagado de irregularidades.
Dieciséis años después de la primera soja transgénica en Argentina, la historia se repite. El 10 de agosto de 2012, el secretario de Agricultura, Lorenzo Bazzo, firmó la resolución 446/12 de aprobación de la nueva generación de soja, llamada “Intacta RR2 Pro”. El 20 de agosto de 2012, el ministro, Norberto Yahuar, la presentó junto a los directivos Monsanto en un acto público. La compañía la publicitó como beneficiosa por su mayor rendimiento y se aseguró el cobro de regalías (según la empresa, ya firmó acuerdos con el 75 por ciento de los productores de soja del país).
El Centro de Estudios Legales del Medio Ambiente (Celma) denunció ante la Justicia la forma “irregular” en que fue aprobada la soja. Advirtió que no hubo consulta pública (como establece la ley argentina), carece del debido estudio de impacto ambiental y omite frondosa bibliografía científica que alerta sobre los efectos sanitarios y ambientales de los transgénicos. La acción judicial, que tramita en la Justicia Federal, solicita que se anule la aprobación de la soja transgénica y se suspenda la comercialización de la semillas. También afirma que tres firmantes del expediente “están vinculados a empresas” de agroquímicos y transgénicos.
El juez hizo lugar a una diligencia preliminar y permitió que la parte denunciante (Celma) acceda al expediente de aprobación de la nueva soja. Casi tres mil fojas, mucho lenguaje técnico y, luego de la lectura legal, una decena de conclusiones: no posee una “debida declaración de impacto ambiental” por parte de la Conabia (Comisión Nacional de Biotecnología Agropecuaria) y la aprobación “se sustenta en estudios sólo de Monsanto”. El Estado no realizó estudios y, según advierte el Celma, ni siquiera realizó preguntas sobre los estudios citados por Monsanto.
La organización denunciante también señaló que los estudios presentados por Monsanto tienen “carencias significativas”. A modo de ejemplo, se contempló sólo la intoxicación aguda (la que se genera en un primer momento) y no se estudiaron los efectos crónicos (a largo plazo).
“Es como en el ’96, la historia parece repetirse, pero ya conocemos las consecuencias de los transgénicos y los agrotóxicos, por eso es necesario que se reexaminen todas las semillas transgénicas liberadas en la Argentina y que la aprobación no se haga a carpeta cerrada, el procedimiento debe ser transparente y se debe cumplir el requisito de la participación ciudadana para poder realizar las objeciones fundadas que hoy se ignoran abiertamente”, denunció Fernando Cabaleiro, del Celma.
Desde 1996, en Argentina se aprobaron 28 transgénicos. El 75 por ciento de ellos (21) fue durante el kirchnerismo. Los expedientes no son de acceso público. Y todo hace suponer que la forma de aprobación fue similar a la de la soja de 1996 y la de 2012.

La vuelta de YPF
En 1992, el Congreso Nacional aprobó la privatización de YPF. Es el símbolo de la entrega de la década menemista. Argentina se transformó en un (mal) ejemplo al vender su empresa petrolera. La compra por Repsol fue el colmo de los hechos: como si un almacén de barrio comprara un gran mercado. El mundo del revés en clave noventosa. Lo que siguió es historia conocida. Repsol se desprendió de activos de YPF, aumentó la producción (y exportó hidrocarburos) pero no invirtió en exploración.
Exprimió a la vaca, pero no la alimentó ni la cuidó. Lo propio hicieron el resto de las empresas petroleras asentadas en Argentina.
Declinó la producción y el país tuvo que comenzar a importar. El “déficit energético” de 2011 rondó los 3.500 millones de dólares.
En 2012, el Gobierno decidió la expropiación parcial (51 por ciento) de YPF. Muchos argumentos, pero dos principales: la falta de inversión y la contaminación ambiental. En marzo de 2014, la Cámara de Senadores (con mayoría oficialista), y en abril la Cámara de Diputados, aprobaron el pago a Repsol por 5000 millones de dólares. Nunca hubo, por parte de Nación ni de las provincias, una tasación por los desastres ambientales.

Decreto a medida
Vaca Muerta, en Neuquén, es publicitada como una de las mayores reservas de hidrocarburos no convencionales. Con la cuestionada técnica de la fractura hidráulica (“fracking”).
El 15 de julio de 2013 el Gobierno publicó en el Boletín Oficial el Decreto 929/2013 de “Régimen de Promoción de Inversión para la Explotación de Hidrocarburos”. Estableció beneficios de exportaciones para las empresas con proyectos de más de 1000 millones de dólares y beneficios a partir del quinto año de la ejecución de sus proyectos de inversión del derecho a comercializar libremente en el mercado externo el 20 por ciento de la producción de hidrocarburos y, de ese 20 por ciento, “libre disponibilidad del cien por ciento de las divisas provenientes de la exportación de tales hidrocarburos”.
Al día siguiente, el 16 de julio el Gobierno firmó un acuerdo con Chevron para explotar yacimientos no convencionales en Vaca Muerta. Según lo difundido por YPF y la agencia oficial Telam, implica una inversión de 1240 millones de dólares en los próximos cinco años.
Publicitado por el Gobierno como un acuerdo importante hacia la “soberanía energética” y que podría marcar un quiebre en la situación energética del país, el contrato no fue público.
El acuerdo firmado entre Chevron e YPF debía contar con un voto positivo de Neuquén. El 28 de agosto de 2013 la legislatura de Neuquén trataría el acuerdo entre el gobierno provincial e YPF. También implicaba, de manera directa, darle la última luz verde a Chevron para explotar Vaca Muerta.
Una masiva movilización comenzó en la mañana del 28. Organizaciones sociales, partidos de izquierda, sindicatos, estudiantes y comunidades mapuches, entre otros. La Legislatura lucía repleta de policías y, en lo alto de la barda, militantes del Movimiento Popular Neuquino (MPN), desafiantes.
Un grupo de manifestantes derribó vallas. Excusa perfecto para que la policía entre en acción. Gases lacrimógenos y balas de goma. “Acá hay niños, mujeres con sus bebés, abuelos. Reprimieron a todos. Es culpa de la policía y los gobernantes. No pasaba nada, estaba tranquilo y reprimieron. Reprimen, no dan la cara, solo les importa los derechos humanos cuando están las urnas”, denunció Inés Ragni, de Madres de Plaza de Mayo de Neuquén, presente en la marcha.
Comenzó lo que duraría más de cinco horas. Los manifestantes se replegaban y volvían a acercarse a la Legislatura. La policía volvía a tirar gases y balas de goma.
Por la tarde, cuando aún se mantenía la represión, la mayoría del Movimiento Popular Neuquino y el Frente para la Victoria aprobaron el pacto entre Provincia e YPF.

Chevron, Chevron qué grande sos
“Necesitamos muchos chevrones”. Afirmó en público, y reiteradas veces, el presidente de YPF, Miguel Galuccio. Y gestó un proyecto de ley de hidrocarburos en ese sentido, consensuado con los gobernadores de las provincias con petróleo (Ofephi, Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos).
Fue aprobada el 30 de octubre a la madrugada. Con 130 votos a favor y 116 en contra. En línea con el “decreto Chevron” (929), otorga numerosos beneficios a las empresa.
  • Otorga plazos de explotación inicial de 30 y 35 años, renovables por otros diez.
  • Quita el tope a la cantidad de áreas adjudicadas por empresa (la ley vigente permitía cinco, y claramente no se cumplía). Favorece la concentración del mercado.
  • Establece las regalías en 12 por ciento (con un techo de 18). En el caso de solicitar concesiones para explotación en los primeros tres años de sanción de la ley, permite reducir las regalías en un 25 por ciento. Y permite liquidar utilidades (llevarse los dólares) a sus casas matrices a partir del quinto año de explotación. Alcira Argumedo, diputada de Proyecto Sur, precisó en la sesión en el Congreso que la regalías de la nueva ley son de las más bajas del mercado. Y repasó la regalías en otros país. Bolivia cobra 50 por ciento, Venezuela 30, Colombia 25, Australia 25, Canadá 20, Nigeria 19.
  • Permite acceder a empresa con una versión mínima de 250 millones de dólares. Es sólo el 25 por ciento de lo que establecía el decreto 929 (mil millones). Cifra irrisoria para las petroleras internacionales.
  • Permite la exportación del 20 por ciento de lo extraído (y lo eleva a 60 por ciento en caso de explotación en el mar).
  • Prohíbe la reserva de áreas de producción de hidrocarburos a favor de las empresas nacionales o provinciales en las que el Estado tenga participación bajo cualquiera de las formas jurídicas.
  • La ley no contempla los derechos de los pueblos indígenas (Vaca Muerta está en territorio donde viven, y tienen derechos reconocidos por la Constitución Nacional, Provincia y tratados internacionales de derechos humanos), más de veinte comunidades mapuches.
Y es muy escaso e impreciso en lo referido a las normas ambientales. “Aplicar las mejores prácticas de gestión ambiental a las tareas de exploración, explotación y/o transporte de hidrocarburos a fin de desarrollar una actividad con un adecuado cuidado del ambiente”, señala la ley en una suerte de gesto de buena voluntad. No precisa normas mínimas de protección ambiental ni mucho menos del principio precautorio vigente en la Ley Nacional del Ambiente.
Otro aspecto muy criticado es la nula participación del resto de las provincias (las no petroleras) y de las organizaciones de la sociedad civil. Una ley nacional de enorme trascendencia y discutida y decidida sólo por un puñado de gobernadores y funcionarios nacionales.
Jorge Nahuel, de la Confederación Mapuche de Neuquén, definió a la flamante norma como “una ley a medida de las multinacionales”, recordó que el derecho a la consulta (a los pueblos indígenas) está vigente en el marco normativo argentino desde hace veinte años, y sin embargo la nueva ley petrolera no lo tuvo en cuenta. Alertó que impugnarán la norma en tribunales locales e internacionales y seguirán dando las lucha en los territorios.

Otra vez sopa
La ley de hidrocarburos fija como lugar de resolución de conflictos los tribunales extranjeros. Nueva York y París. El Gobierno es muy crítico respecto a los “fondos buitre”, donde un juez de Nueva York decide sobre acciones y hechos de Argentina. Suele atribuir ese pecado a los Gobiernos que le precedieron (y tiene razón), pero repite esa práctica con las petroleras, sector empresario con frondosos antecedentes de contaminación y violación de contratos.
“Con la nueva ley se pretende cumplir con los requerimientos de las petroleras transnacionales, fijando beneficios económicos para bajar costos y garantizar una mayor rentabilidad en la explotación de hidrocarburos no convencionales, offshore y cuencas de frontera, con la falsa promesa de que esto permitirá al país salir del atolladero energético”, afirmó la Multisectorial contra la Hidrofractura de Neuquén (espacio donde confluyen organizaciones sociales, ambientales, indígenas, sindicales y políticas) y alertó que el nuevo marco jurídico “permite la continuidad del saqueo, la degradación del ambiente y una muerte segura para las comunidades que habitamos dentro del territorio”.

La Multisectorial acusó a Nación y provincias de no buscar el bien común sino “sólo discutir quién se queda con el negocio que les permita la continuidad de la política doméstica”, lamentaron que no se discuta sobre la necesaria diversificación de la matriz energética y dejaron una advertencia: “La crisis actual (económica, financiera y energética) no se salda siendo más flexible con las transnacionales”.

Enrique Martínez, ex presidente del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) y parte del Movimiento Evita, fue una de las pocas voces que –desde el kirchnerismo– cuestionó la ley. Llamó a no confundir abastecimiento con soberanía. “La actual reforma de la ley refuerza el camino de canjear soberanía con petróleo, con una fuerza inusitada para los tiempos del mundo en que vivimos. Permite reducir las regalías a valores impensados del cinco por ciento, cuando la tendencia mundial es la inversa, permite disponer de volúmenes importantes de producto para la exportación directa y hasta impide que el Estado en cualquiera de sus formas de participación se reserve futuras zonas. No es el camino”, lamentó.
La nueva ley va en línea con la política menemista, busca soluciones de la mano de las mismas empresas que ocasionaron la crisis energética y todo lo ejecuta bajo el paraguas de dos palabras: “Soberanía energética”.

Lo que viene
El 28 de octubre se realizó en el edificio anexo del Congreso Nacional una audiencia pública sobre las escuelas rurales fumigadas de Buenos Aires, Entre Ríos, Chaco, Santa Fe y Córdoba, entre otras provincias. Una treintena de maestros, trabajadores y familias de niños afectados dieron testimonios. Exigieron una zona de resguardo para proteger la salud de niños y trabajadores de la educación. En ese mismo momento, sin anuncio público, la Comisión de Agricultura y de Comercio daba luz a un nuevo proyecto de ley de agroquímicos y lo dejo listo para ser votado en el recinto.
Fue presentada por el diputado formoseño Luis Basterra. No establece ningún límite para fumigaciones, no menciona el principio precautorio ni tiene en cuenta las decenas de estudios que dan cuenta de las consecuencias de las fumigaciones. El proyecto de ley modifica reglamentación actual que permite prohibir o recategorizar agroquímicos. El Centro de Estudios Legales del Medio Ambiente (Celma) denunció que el proyecto es regresivo y viola leyes nacionales.
El dictamen fue firmado por 18 diputados. Entre otros, Mayra Mendoza (La Cámpora) y Miguel del Sel (Pro). Sectores políticos enfrentados, pero unidos por los agroquímicos.
Las organizaciones sociales, ambientales y campesinas también están en alerta por una nueva ley de semillas, llamada “ley Monsanto”, que desde 2012 impulsan las grandes empresas del sector y el Ministerio de Agricultura. De aprobarse, será otra de las leyes en beneficio de las corporaciones.

II. Análisis que es posible e imprescindible confrontar con el capitalismo en vez de seguirlo legitimando a través de elecciones.

Los trabajadores del campo pueden desaparecer
12 de diciembre de 2014
Por Lucas Paulinovich (Rebelión)
Desde noviembre de 2011 Daniel Solano se encuentra desaparecido. Su caso permanece irresuelto y funciona como un emblema del funcionamiento del aparato productivo, donde los grandes actores gozan de las riquezas, construyen impunidad y actúan como gobiernos de facto en los territorios donde se emplazan. Una síntesis de la democracia custodiada por corporaciones.
Era el dos de diciembre. Ese día, Daniel Solano cumplía 30 años. Ese día, también, Pablo, Maira y Romina Solano fueron recibidos por un juez subrogante que les concedió solo cinco minutos de entrevista. Le solicitaban que ordene la inspección de un terreno que se encuentra a 25 kilómetros de Choele Choel, en la ruta 22, en dirección al río Colorado. “Lo voy a pensar”, fue la respuesta del magistrado. Sintética y definitoria.
“¿Y si sacan los restos mientras el juez piensa?, ¿qué harían ustedes en el caso de que se tratare de un hijo propio? El personal del Juzgado ya tiene conocimiento de esta presentación, y otras personas también. Con toda la familia Solano haremos guardia en el inmueble hasta que la justicia se decida a actuar”, dijeron los familiares y su abogado tras la reunión.
La justicia, de tan pensativa, a veces se vuelve somnolienta: pasaron más de tres años y los avances en la causa son lentos, sólo empujados por la persistencia de la familia y los abogados. El 10 de diciembre fue el día de los Derechos Humanos: Daniel Solano es uno de los desaparecidos en democracia que ponen en entredicho su vigencia plena.

Vuela, vuela golondrina…
Daniel Solano venía desde Tartagal, su lugar de nacimiento. Se había trasladado al sur para trabajar en la cosecha de manzanas tercerizado por la empresa Agro Cosecha, subsidiaria de la multinacional belga, Expofrut. Pertenecía a la comunidad guaraní Misión Cherenta: era uno más de los tantos indígenas que son reclutados para los trabajos pesados del agro. Son actividades temporarias, las que nadie quiere hacer. La fuerza de trabajo primaria que produce las grandes riquezas de los negocios exportadores. Llegó a Lamarque, ubicada a pocos kilómetros de Choele Choel en octubre de 2011. Un mes después, no se supo más nada de él.
El 5 de noviembre fue a bailar a Macuba. El día anterior había recibido 860 pesos. Expofrut giraba unos tres mil pesos para cada trabajador, pero Agro Cosecha aplicaba una retención. Solano advirtió la estafa y decidió organizar a sus compañeros para reclamar. Estaba decidido a pedir el reintegro de lo que les estaban robando: una estafa mediante la cual la empresa, en los últimos cuatro años, se había quedado con alrededor de 18 millones de pesos de los trabajadores.
Semejante insolencia no podía ser permitida por los patrones que manejan el negocio productivo como los señores controlan su feudo. Esa noche enviaron un provocador al boliche para generar la excusa perfecta que les permitiera intervenir. A Daniel lo sacaron los policías y nunca más se lo volvió a ver.
Las autoridades, en un oscuro pacto entre poder político, judicial y policial, rápidamente montaron su coartada: dijeron que Daniel se había ido voluntariamente a Neuquén. La familia recurrió enseguida a la justicia de Tartagal, donde la denuncia fue robada de la comisaría 45 en una maniobra de falsificación de los libros. Más tarde tomaron contacto con Sergio Heredia, quien asumió la representación de la familia junto con Leonardo Aparicio, un colega suyo de Bahía Blanca. Se trasladaron a Choele Choel, donde acamparon delante de los Tribunales. Pronto, también, llegaron las amenazas y el abogado debió refugiarse en una iglesia y recibir custodia. El 7 de diciembre, después de hacer una primera investigación, había afirmado públicamente que Daniel había sido asesinado.
“Logramos detener a los 7 policías que participan del asesinato, también planteamos una teoría en el mes de mayo del 2012, que Solano fue ordenado a asesinar por sus empleadores, los dueños de Agro Cosecha –dijo Heredia a La Izquierda Diario-. Uno de los policías que lo mata a Solano, que está preso se llama Sandro Berthe. Sandro Berthe tenía una condena a 2 años de prisión y 4 años de inhabilitación por apremios ilegales. Sin embargo no lo echaron de la policía, siguió siendo policía y ahora está con el homicidio de Solano. La hija de Sandro Berthe, se llama Johanna Berthe, es otra policía. Está procesada por nosotros por picanear a un menor en una comisaría, que apoyaba las marchas de Solano. Vos tenés al papá homicida y a la hija torturadora con picana y siguen siendo policías, y siguen trabajando.”
A partir de ese mismo nudo delictivo, mientras la justicia de amodorra, desaparecieron otros dos trabajadores: Pedro Cabaña Cuba y Héctor Villagrán. “La causa Solano tiene 50 cuerpos de expediente, se han desprendido 22 causas paralelas en el juzgado federal, es una mega causa, la más importante para mí de la Argentina -por la complejidad-, de los últimos años, vos tenés aquí 3 muertos no únicamente Solano”, certifica Heredia.

El poder empresarial articulando a las fuerzas policiales para defender sus intereses con el amparo de la justicia y el poder político, una trama perversa que sintetiza el mecanismo de funcionamiento del modelo productivo, donde las grandes empresas se afincan en los territorios y, desde su alta capacidad para comprar voluntades, digitan el funcionamiento de los poderes institucionales y garantizan el orden que les permita producir sin inconvenientes.

Su presencia omnímoda en las localidades del interior les permite construirse impunidad y gozar de la hegemonía: respeto, buen nombre e influencias para ejercer el control y dominio; riquezas forjadas con el sudor y la sangre de los explotados que viajan como golondrinas de un lugar a otro; miles de millones extraídos de la tierra que se van desde los puertos dejando los despojos en la tierra y la muerte en las poblaciones.

Mecanismos de la estafa
Expofrut llevaba una planilla de trabajadores donde constaba los días trabajados por cada uno. De ahí surgía el monto que enviaba, con un adicional para los aportes. Pero Agro Cosecha tomaba esa plata, desconocía los jornales trabajados y establecía arbitrariamente una suma inferior a la que correspondía. “Para poder hacer esta estafa tenía que traer a los aborígenes, que venían desde Tartagal, de la zona pobre, los hacinaban en casas, bajo custodia policial, iban a cobrar con siete efectivos atrás; y tenía que tener a la otra parte de la banda que era la asesoría de trabajo local”, sintetiza Heredia.

El aprovechamiento de la fuerza de trabajo se realiza mediante la sofocación de los trabajadores, sometiéndolos a condiciones infrahumanas y extorsionándolos con su desesperación. Los métodos de explotación tradicionales no pierden vigencia y la historia parece no haber transcurrido.

La esclavitud se reformula, pero insiste en no desterrarse: “a Solano en doce meses, la empresa le hizo 33.000 pesos –cuenta el abogado- si se multiplica cien Solano en doce meses son 3 millones. Solano se da cuenta que lo están estafando. Él habla con su padre, porque compra un celular esa tarde, y le dice que el lunes iban a pedir el reintegro. Si había un escándalo, la empresa no iba a poder facturar más de 1 millón; entonces deciden matarlo. Porque ellos firmaron un contrato que decía que si tenían problema con la policía o la justicia eran despedidos. Los trabajadores eran cooptados a partir de un sistema en el que cuando llegaban, les daban 50 pesos para que coman toda la semana, por lo que tenían que ir a sacar crédito a la despensa, los hacían endeudarse con ropa entonces cuando el aborigen que venía a trabajar por tres meses cuando iba a cobrar le decían que tenía que cobrar 1000 pesos en lugar de los 3000 mil prometidos, pero no se quejaba porque tenía la policía arriba que los golpeaba. Era toda una mafia hecha por la policía, la empresa y la Secretaría de Trabajo local”.

Oh, juremos con esclavos producir…
El 31 de enero de 2013 se cumplieron 200 años de la Asamblea General Constituyente. Ese día, formalmente, quedó abolida la esclavitud. Pasaron los siglos y la noticia todavía no llegó a oídos de los dueños de la tierra y de sus frutos, que prefieren conmoverse sólo con algunas leyes.
De acuerdo a la Fundación La Alameda y al Programa Esclavitud Cero, en 2012, registraban 500 mil personas que padecían condiciones de esclavitud. La cifra real, obviamente, excede los márgenes de verificación y, de acuerdo a sus estimaciones, superaba el millón. La esclavitud, anulada en los papeles, se cuela en las relaciones de producción por los pliegues mafiosos de las estructuras institucionales a fuerza de trabar complicidades y mover millones de pesos.
El campo tiene un rendimiento notable en el desconocimiento de los derechos: es el segundo sector que más trabajo esclavo concentra, con un 60% de mano de obra informal, según la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre).
Los cultivos que requieren mano de obra intensiva son un terreno fértil para el sometimiento de la fuerza de trabajo: la condición estacional del empleo, la permanente migración de los trabajadores, el alto índice de explotación infantil y los sistemas coercitivos para el reclutamiento de la mano de obra, así como la continuidad en las modalidades de pago en especies o con vales conforman el panorama de la gran producción en la Argentina, donde la vigencia de los métodos de explotación atravesaron cualquier empeño democrático de reforma y sostienen el gran aparato productivo que se proyecta en crecimiento de rendimientos e inserción en el comercio mundial.
La expansión de la frontera agropecuaria implica nuevas necesidades de planificación para volver más eficiente la mano de obra: era fundamental contar con los trabajadores en el lugar, dedicados exclusivamente a la producción. La imposibilidad de movilizarse sin autorización de los patrones y la utilización de “papeletas” para no ser considerado como “vagos, rebeldes o malentretenidos” son una constante que, pese a variar sus formulaciones, se perpetúan como los fundamentos indispensables en el subsuelo de la gran producción agraria.
Ahí se despliega la operatoria de captación por engaño: “les prometen un sueldo en dólares y unas condiciones laborales que nunca se cumplen; una vez están lejos de su hogar, se les somete a la servidumbre mediante la deuda que contraen por los gastos del viaje y del alojamiento", afirma Gustavo Vera, presidente de La Alameda. Esa situación es una constante en las grandes explotaciones del agro argentino que utilizan los más variados recursos para disminuir las cargas laborales y aumentar significativamente sus ganancias.

Si la ley lo dicta, la moneda lo calla…
En el 2011 se sancionó la ley 26.727 que desplazó a la anterior legislación aplicada por la dictadura militar (implementada por el decreto 22.248 en 1980 que creaba el Registro Nacional de Trabajo Agraria para borrar las conquistas confirmadas con el Estatuto del Peón Rural, sancionado en 1944 desde la Secretaria de Trabajo y Previsión, conducida por Juan Domingo Perón) y establecía la creación del Renatea (Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores Agropecuarios) como organismo de derecho público en reemplazo del Renatre (Registro de Trabajadores Rurales y Empleadores) de derecho privado.
La nueva ley prevé una mayor protección del trabajo transitorio, más exigencias en las condiciones de vivienda, alimentación y traslado; también elimina la modalidad de pago en bonos, fichas o cualquier tipo de moneda distinta a la de curso legal, regula la duración de las jornadas laborales y los descansos, junto con la prohibición de cualquier tipo de retención o deducción por mercaderías entregadas por el empleador, exigiendo remuneraciones iguales o mayores al salario mínimo vital y móvil. Todas y cada una de las previsiones incumplidas que Daniel Solano percibió y por las cuales fue desaparecido.

La manzana equivocada
A principios de marzo de 2014, Expofrut anunció inversiones por 532 millones de pesos para los próximos cinco años en la Argentina. Además, proyecta invertir otros 182 millones de pesos para incorporar nuevas zonas productivas y modernizar las plantaciones existentes con nuevas tecnologías de riego, nutrición y manejo. La lógica productiva en estado puro: aumento de las inversiones en tecnificación para el incremento de los rendimientos y el aumento de la rentabilidad a través de las ventas externas. Sacrificar tierras y hombres para ganar la batalla del mercado.
La compañía, principal exportadora de frutas, opera en el país desde 1971 y se expandió por Brasil y Costa Rica. De fundación nacional, fue transferida en 1988 al grupo italiano Brocchi, donde contactó con los mercados europeos y luego fue se incorporó al grupo belga Univeg, que adquirió la totalidad del grupo italiano y, en consecuencia, se quedó con el manejo de Expofrut.
El holding factura unos tres mil millones de euros anuales y emplea a nueve mil personas en todo el mundo. En la Argentina, a través de la empresa frutícola, tiene alrededor de 20 mil hectáreas productivas propias, cuatro mil de ellas en producción y factura alrededor de 150 millones de dólares por año. Con esa ganancia cerraron el 2011, cuando desapareció Daniel.
También cuenta con una veintena de establecimientos para el empaque y enfriado de las frutas frescas en Río Negro, Cuyo y el Noa que en su mayoría se van para el exterior. Su especialidad son las peras y manzanas que significan la porción más importante de las 250 mil toneladas de producción anual, de las que vende al exterior el 90%, ocupando el 28% de las exportaciones del sector.
El 2013 fue un año de repunte, tras un 2012 de ralentización: la Argentina exportó 446.665 toneladas de peras y 165 mil toneladas de manzanas, fundamentalmente a Brasil, Rusia y Holanda. La recuperación de las ventas, sin embargo, no le ahorran reclamos: los altos costos internos –afirma Hien Deprez, su presidente- afectan considerablemente la rentabilidad. Con la nueva inversión planifican generar 1200 puestos de trabajo. Las condiciones de los mismos no están en discusión.

I. Análisis que es posible e imprescindible confrontar con el capitalismo en vez de seguirlo legitimando a través de elecciones.

Declaración de Oilwatch Latinoamérica y las organizaciones que
enfrentamos el modelo petrolero ante la COP 20

9 de diciembre de 2014
Por OPSur

CONSIDERANDO:

1. Que la exploración, extracción y el uso de hidrocarburos es un arma de destrucción masiva. Provoca modificaciones ambientales que generan efectos a largo plazo sobre el planeta en su conjunto y es la causa de la mayoría de guerras del siglo XX y de lo que va del XXI. Ejemplo de ello son los conflictos bélicos en Palestina, Siria, Libia, Irak, Afganistán y Ucrania; las guerras de diferente intensidad, como en Venezuela; y la profunda agudización de los conflictos socio ambientales -criminalización, estigmatización y asesinato de lideresas y líderes comunitarios- e incluso armados en las zonas petroleras, como en Colombia, México o Ecuador.
2. Que las fronteras de extracción están llegando a las últimos espacios de la existencia de la vida y la diversidad: a territorios indígenas, de pesca artesanal, campesinos, de tradición afro-descendente, áreas protegidas, mares profundos, altas montañas, y ahora, a cualquier parte, con la fractura de la roca madre y la combustión in situ. Esa apertura de fronteras, tanto geográfica como tecnológica, no sólo pone en riesgo la reproducción de vida de las comunidades locales, cuyos territorios son incorporados a las lógicas de mercado global, sino también de los propios trabajadores del petróleo.
3. Que está científicamente probado y es evidente que los cambios climáticos son provocados, en su mayor parte, por las emisiones en la quema de combustibles fósiles
4. Que el modelo de industrialización que se consolida en los países del Norte y se extiende hacia los países emergentes, como los BRICS, necesita del acceso y control sobre nuevas reservas para mantener la sociedad de consumo que sustenta su economía, pero que además está relacionada de manera directa con los mercados domésticos de todos los países, incluidos los nuestros.
5. Que la extracción de hidrocarburos, y en general de los combustibles fósiles, reproduce y fortalece los modelos patriarcales de relaciones con la naturaleza y con la sociedad que someten a las mujeres a condiciones de violencia y abuso, violentan las formas comunitarias de vida y relación, y esclavizan a la naturaleza como proveedora de recursos naturales y servicios ambientales, y alteran su capacidad de crear y reproducir vida.
6. Que el capitalismo petrolero nos somete a ser esclavos de un modelo basado en la obsolescencia en los productos de consumo –derivados del petróleo-, la aceleración en la circulación de mercancías, la presencia de transnacionales –públicas y privadas- o empresas subordinadas a ellas, la fuga agresiva de materias primas, la promoción de una urbanización salvaje -haciendo que en las ciudades la gente deba romper su vínculo con la tierra- y se aumente del trabajo precario.

7. Que en el contexto de América Latina, la ampliación de las relaciones con China se traduce en nuevos endeudamientos de nuestros países, donde ha sido uno de los principales vectores para la intensificación del extractivismo, la reprimarización[1] de la economía y una mezcla perversa de industrialización de unos y desindustrialización de otros para cumplir un rol en el mercado internacional.
8. Que los gobiernos de la región, más allá de sus tradiciones políticas –de izquierdas, progresistas o derechas-, continúan con su culto a la modernidad, progreso y desarrollo. De esta manera se favorece y sostiene a los viejos grupos de poder e impulsa el surgimiento de nuevos, vinculados a la construcción de infraestructuras y de servicios por encima de las necesidades de los ciudadanos y sus derechos humanos.
9. Que las transnacionales, públicas y privadas, han afinado sus estrategias de control, acumulación e impunidad haciendo sociedad con otras empresas; a veces atacando a Estados y otras negociando servicios; a veces participando directamente otras usando empresas junior para competir con las nacionales. Intervienen en todos los escenarios, incluso en las guerras, en sus diferentes magnitudes. Invierten en tecnologías para la extracción de crudos más pesados, más profundos, como la fractura hidráulica, violentando los estratos de la Tierra.

10. Que la crisis del petróleo, la especulación, la presión por aumentar la extracción son expresiones de un capitalismo en pleno proceso de readaptación y que no confrontarlo sólo implica permitir más acumulación por despojo de derechos de los pueblos y de la naturaleza.

11. Que COP tras COP las delegaciones de los Estados y de las corporaciones impiden en la práctica reducciones radicales a la exploración y uso de combustibles fósiles. Por el contrario, apuestan a la expansión del modelo petrolero como condición de posibilidad para el mercado del carbono, la economía verde y la mercantilización de la naturaleza.

13. Que por todo el continente comunidades y pueblos no sólo luchan para impedir que nuevos territorios sean sacrificados sino que también en sus prácticas y experiencias muestran formas alternativas que evidencian que sí son posibles modos de vivir sin los actuales consumos de petróleo. Las comunidades, las organizaciones ecologistas y defensoras de los territorios son ahora consideradas y calificadas como saboteadoras o terroristas por no compartir esa visión hegemónica.

Oilwatch Latinoamérica y las organizaciones que enfrentan el modelo petrolero se han convocado para pronunciarse públicamente.
DEMANDAMOS:                                         
1.      Condenar al capitalismo petrolero causante de ecocidio y genocidio.
2.      Condenar a las empresas transnacionales y nacionales del petróleo por sus agresiones, por la imposición, especulación y seducción con las que ocupan territorios de la vida y de las comunidades.
3.      Condenar a las empresas financieras, cómplices de las petroleras, que apoyan e impulsan la expansión de esta nociva actividad.
4.      Condenar a los Estados Nacionales por no garantizar los derechos colectivos y por la destrucción de los territorios y socio economías
5.      Apoyar los reclamos, las acciones legales, las denuncias de las comunidades que alrededor del mundo protegen la vida y los territorios libres de petróleo, carbón y gas.
6.      Declarar a las comunidades, organizaciones y personas que con su accionar impiden que salga más crudo del subsuelo, como gestores de la vida y defensores de la naturaleza.

Oilwatch Latinoamérica y las organizaciones que apostamos al redescubrimiento de las fuerzas liberadoras de la naturaleza y su vital papel en la construcción de una sociedad libre y de un verdadero cambio social, invitamos a las organizaciones que se oponen a las falsas soluciones al cambio climático, que luchan por la abolición de la deuda, a las feministas, de derechos humanos, sindicales, de defensa de los territorios, de defensa de los animales, promotoras de la paz y la justicia, a la convergencia en defensa de la vida, de la libertad, de la justicia.
“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos…” [2]

Oilwatch Latinoamérica
Acción Ecológica (Ecuador), Asociación de Ecología Social (AESO) -  Oilwatch Costa Rica, Censat Agua Viva – Amigos de la Tierra Colombia, FASE Brasil, Foro Boliviano sobre Medio Ambiente y Desarrollo (FOBOMADE), Observatorio Petrolero Sur (Argentina).
Primeras adhesiones. Argentina: Asamblea de Concejales de la Cuenca de Claromecó (Provincia de Buenos Aires), Asamblea de Cooperación e Integración por Territorios Libres de Fracking (Municipios de seis provincias), Foro Ambiental y Social de la Patagonia – Comodoro Rivadavia, Fundación Ecosur, Programa de Extensión “Por una nueva economía, humana y sustentable” de la carrera de Comunicación Social de la UNER (Universidad Nacional de Entre Ríos); Bolivia: Bolivia Renovada Unida Nacionalista Ambientalista (B.R.I.S.A), Centro de Documentación e Información Bolivia (CEDIB), Hora 25, Periodismo del Nuevo Tiempo; Brasil: Associação de Defesa do Meio Ambiente de Araucária (AMAR), Associação de Proteção ao Meio Ambiente de Cianorte (APROMAC), Associação de Saúde Ambiental (TOXISPHERA); Colombia: Proyecto Gramalote; Costa Rica: Bloqueverde, Federación Ecologista;Ecuador: Asamblea Social Permanente de la Parroquia Pacayacu, Red de Líderes Comunitarios Angel Shingre; México: Comunidades Campesinas y Urbanas Solidarias con Alternativas (COMCAUSA A.C.); Venezuela: Homo et Natura, Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea).
Para enviar adhesiones escribir a coord-owla@oilwatch.org

[1] Reprimarización: Aumento de la participación relativa de las materias primas no procesadas en un país o de toda una región.
[2] Julio Cortázar. en Rayuela.