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5 de abril de 2020

I. Indagación de cómo profundizar Llamamiento de VC en 2013

Política socialista en Rosa Luxemburgo
Lecciones para 
los tiempos que corren
14 de marzo de 2020

Por Maximiliano Rodríguez (Rebelión)
A propósito de la conmemoración del centenario de su asesinato, el año pasado se publicaron un sinnúmero de artículos en homenaje a la revolucionaria polaca. El presente trabajo se sitúa en la misma línea de estos.
O sea, reivindica el pensamiento y acción de Rosa Luxemburgo como militante socialista, rescatando una serie de elementos que resultan de especial relevancia para la política revolucionaria en los tiempos actuales.
Hay si una diferencia. La reivindicación de la figura y pensamiento de Rosa Luxemburgo se hace no sin constatar una práctica que se ha vuelto común entre los escritores de izquierda, a saber: servirse de una figura de renombre en el campo del marxismo (Marx, Engels, Lenin, Gramsci u otro) para hacer pasar ideas de cosecha personal como supuestamente propias de la autoridad a la que se apela, intentando además hacerlas coincidir con tal o cual corriente académica en boga –que poca o ninguna relación guardan con el marxismo– como signo de respetabilidad intelectual.
Esto, aparte de ser una práctica poco rigurosa, en el caso particular de Rosa Luxemburgo, denota la deshonestidad intelectual que hoy campea en cierta producción teórica de la izquierda latinoamericana. Deshonestidad que incluso raya en la desfachatez a la luz del estilo literario simple, directo y claro que ella desarrolló. En efecto, sus escritos no dejan espacio a la ambigüedad. No se iba con medias tintas ni pelos en la lengua, plasmando su propia personalidad como militante y propagandista socialista.
Aun así, a Rosa Luxemburgo se le suelen atribuir posiciones e ideas que poco o nada tienen que ver con lo que defendió en sus escritos, atribuyéndosele posiciones que incluso explícitamente rechazó. Es lo que sucede, por ejemplo, con la cuestión del imperialismo y las luchas nacionales. Hay otras también que resultan en gran medida desconocidas, siendo necesario detenerse en ellas.
Sin pretensión de mayor sistematicidad ni ánimo de agotarlas, se relevan algunas ideas luxemburguistas cuya reivindicación resulta crucial para la elaboración política socialista contemporánea, destacando entre estas la cuestión del internacionalismo, la relación de la teoría con la elaboración programática y la política socialista y la importancia de la discusión en la construcción político-orgánica.
Internacionalismo: «¡Preferimos perder la vida antes que ser infieles a este ideal!»
En verdad sorprende que algunos de los propagandistas actuales de la izquierda latinoamericana –siguiendo sus propias ideas preconcebidas– hayan logrado poner en circulación una imagen adulterada de Rosa, amoldándola más a la de una nacionalista pequeñoburguesa que a la de una internacionalista revolucionaria, que es lo que realmente en vida fue.
En su triple condición de mujer, judía y polaca, tres minorías discriminadas social y culturalmente a lo largo de la historia, nada le hubiese resultado más sencillo que adoptar sin más el credo nacionalista pequeñoburgués que hoy predomina en la izquierda, el cual propugna la defensa abstracta de los “más débiles” y “desposeídos”, rasgando vestiduras y derramando lágrimas por cada “pequeña” nación agredida por el “imperialismo” (que en estricto rigor se reduce exclusivamente a la denuncia de las intervenciones del gobierno norteamericano).
Sin embargo, no fue así. Por el contrario, apegada a la concepción marxista marxista, Rosa adoptó una inflexible postura internacionalista ante el problema de las disputas entre Estados burgueses. En eso no se dejó nunca embaucar por la fraseología izquierdizante del nacionalismo pequeñoburgués ni intimidar por el matonaje militarista.
El internacionalismo constituía para ella una de las piedras angulares del socialismo moderno, sin el cual le era imposible a la clase obrera liberarse de la tutela ideológica del capital. Tanto era su apasionamiento en la lucha contra toda variante del nacionalismo entre los trabajadores que, en el transcurso de las disputas políticas en el período de la Primera Guerra Mundial, sostenía la posición de que:
tenemos que educar a cada proletario con conciencia de clase alemán, francés y de los demás países, en la convicción de que la confraternización de los trabajadores del mundo es para nosotros lo más elevado y lo más sagrado en la Tierra; es la estrella que nos guía, nuestro ideal, nuestra patria.
Rematando con la frase:
¡Preferimos perder la vida antes que ser infieles a este ideal! [i]
Y efectivamente así fue. La vergonzosa capitulación de la socialdemocracia alemana frente al nacionalismo de la burguesía teutona, que Rosa no se cansó de denunciar, y su tenaz internacionalismo fueron causas determinantes que gatillaron el trágico final de su vida.
Por otra parte, el «tenemos que educar [sic] a cada proletario» en el internacionalismo no es una declaración vacía de buenas intenciones lanzada al boleo, sino una de las tareas prácticas primordiales que Rosa le atribuía a la organización política de la clase trabajadora, tanto en tiempos de “paz” como –y especialmente– en los de guerra. Esto sigue plenamente vigente, constituyendo una de las tareas ineludibles que cada militante revolucionario bebiese asumir hoy para con los trabajadores. No hay posibilidad en el mundo actual, con un capitalismo globalizado como nunca antes, de levantar una alternativa socialista sin el componente internacionalista, para lo cual hay que educar paciente y tenazmente a las masas trabajadoras.
Como verdadera campeona y defensora intransigente del internacionalismo proletario, tal fue su falta de concesiones al nacionalismo que llegó incluso a cuestionar las perspectivas progresistas de las luchas independentistas en el capitalismo contemporáneo. En base a tal diagnóstico rechazaba la adopción de la consigna de autodeterminación como reivindicación programática de los partidos socialistas; tema que, tanto antes como durante la Primera Guerra, fue un punto de debate con Lenin.
Sin embargo, la discrepancia con este nada tenía que ver con la de apoyar y generar causa común con gobiernos burgueses frente agresiones extranjeras en pos de una supuesta “defensa de la patria”. O con que los socialistas tuvieran que cerrar los ojos y callar las tropelías locales de tales gobiernos en vista a la implementación de una táctica de enfrentamiento del “enemigo principal”, tal como la izquierda latinoamericana lo hace hoy frente a gobiernos como los de la banda Ortega-Murillo en Nicaragua, al chavismo en Venezuela o al del derrocado Evo Morales en Bolivia, llegando incluso a atribuirles fantasiosas características “revolucionarias” y “socialistas” a cada uno de ellos.
Los dos eran luchadores inquebrantables contra el poder estatal burgués, independiente del ropaje específico que adoptase. Sostenían que el enemigo inmediato que enfrenta la clase trabajadora en cada país es su propia burguesía; siendo, por tanto, el deber de los revolucionarios trabajar por su derrocamiento. Allí residía el fundamento de la solidaridad internacional de los trabajadores. En eso había completa coincidencia entre Rosa y Lenin.
Solo es posible compatibilizar la figura de Rosa Luxemburgo con la del nacionalismo pequeñoburgués a costa de una descarada adulteración de su pensamiento en base a una maliciosa omisión y/o manipulación de sus escritos.
Por más pequeña e inocua que parezca, en el aspecto internacionalista de su pensamiento no debe permitirse ningún tipo de falsificación que se preste para presentarla como una defensora de posiciones nacionalistas. Ante cualquier intento en dicha dirección hay que decir inmediata, clara y firmemente lo mismo que en su momento declaró Trotsky frente a las calumnias estalinistas[ii]: ¡Fuera las manos de Rosa Luxemburgo! Que plumíferos del tipo Dr. Boron y similares justifiquen como quieran sus componendas con las distintas representaciones políticas de las burguesías latinoamericanas. Ese es su problema. Pero, ¡fuera las manos de Rosa Luxemburgo!
La importancia de la teoría
Así como hay aspectos del pensamiento de Rosa Luxemburgo que resultan distorsionados en la literatura corriente de izquierda, hay otros, en cambio, que son omitidos, resultando en gran medida desconocidos para quienes se acercan indirectamente a la obra de la revolucionaria. Uno de esos aspectos es el rol que juega la teoría en la elaboración y acción política revolucionaria.
En general, y especialmente en las vertientes popular comunitaristas, se presenta un culto por el espontaneísmo, el cual minusvalora el rol de la teoría en desmedro de la “práctica”. “Práctica” que por lo demás se identifica, estrecha y unilateralmente, con su aspecto subjetivo-individual (ético).
Dicho fenómeno no deja de tener cierta razón de ser en la medida que plantea un rechazo al academicismo vacío que la producción teórica de izquierda ha cobrado en las últimas décadas. En tal “producción teórica” la pedantería intelectual y el lenguaje rebuscado van en sentido inverso a la profundidad y claridad del pensamiento.
No obstante, no se puede soslayar que Rosa era de la idea de que la teoría juega un papel primordial en la elaboración y determinación de la política revolucionaria. De hecho, ella misma fue una brillante exponente de la teoría marxista, realizando importantes avances en el terreno científico de esta.
Precisamente sobre este tema particular ella sostenía que la fuerza del moderno movimiento obrero residía en el conocimiento científico. No en la voluntad de lucha, la acción heroica, la mística u otro elemento similar, sino en el…  ¡conocimiento científico!
Se puede establecer así un contraste importante entre las posiciones de Rosa y las del voluntarismo revolucionarista que pregona como fórmula predeterminada, y ante cualquier circunstancia, la “acción”. En estas últimas, toda la política queda reducida –previsiblemente– a consignas como “a la calle”, “luchar hasta vencer” o a recriminaciones moralistas de “consecuentes contra traidores”. Más allá de lacrimosas exhortaciones por la salvación de la humanidad y nostálgicas añoranzas por supuestas “formas comunitarias” de convivencia social, el problema es que con consignas así no se avanza en orientación táctica alguna para las coyunturas concretas que enfrentan los trabajadores.
¿Por qué Rosa sitúa entonces en el conocimiento científico la fuerza del socialismo como movimiento político-social? ¿Por simple desviacionismo intelectual?
El conocimiento científico es el único que permite, de acuerdo a la concepción marxista, desentrañar los mecanismos reales del funcionamiento y tendencias de desarrollo de la sociedad burguesa, a los cuales la política revolucionaria debe ajustarse.
Esto tiene directo impacto para la elaboración programática de las organizaciones revolucionarias. Así,
Si los partidos socialistas no tuvieran un criterio objetivo para establecer claramente lo que corresponde a los intereses de clase del proletariado y se dejaran guiar por lo que ciertas personas consideran bueno o útil para los trabajadores, los programas socialistas serían una colección caprichosa de deseos subjetivos y casi siempre utópicos.
En contraste,
la actual socialdemocracia deduce sus intereses inmediatos (las demandas del proletariado actual) […] a partir del análisis del desarrollo objetivo de la sociedad, con el fin de cerciorarse de sus intereses reales e identificar los medios materiales de su realización.[iii]
Por lo tanto, es la consonancia de las reivindicaciones que levanta la organización política con las tendencias del desarrollo capitalista lo que asegura que las primeras expresen los reales intereses de clase de los trabajadores, y no su supuesto radicalismo o que se les pongan altisonantes adjetivos (como, por ejemplo, “clasista”). Precisamente sobre esto advertía cuando señalaba que «el carácter de clase de un postulado no se establece automáticamente por el mero hecho de incorporarlo al programa de un partido socialista»[iv].
La teoría constituye una “traba” (sic) contra la charlatanería y la demagogia revolucionarista al interior de las organizaciones (partidos) socialistas. Al respecto, vale la pena remitirse a los siguientes pasajes:
El socialismo de la moderna clase obrera, es decir, el socialismo científico, no gusta de soluciones radicales, maravillosas y biensonantes a los problemas sociales y nacionales, sino que examina ante todo los verdaderos temas implicados en estas cuestiones.
Las soluciones que propone la socialdemocracia no se caracterizan en general por la “magnanimidad” y, en este sentido, siempre habrá partidos socialistas que, sin las “trabas” que suponen las doctrinas científicas, tengan a punto en sus bolsillos regalos maravillosos para todo el mundo que superen con creces nuestras propuestas […] Comparada con tales partidos, la socialdemocracia es y siempre será un partido pobre […][v]
Remitía al caso del partido socialrevolucionario ruso (populistas), que ofrecía «una receta para la inmediata instauración parcial del socialismo»[vi]. El programa de “poder popular” de las actuales vertientes comunitaristas coincide en gran medida con los planteamientos del populismo ruso que ella denunciaba, aplicándosele, en consecuencia, los mismos reparos hechos por Rosa a aquél.
Precisamente contra este tipo de planteamientos retrucaba:
La socialdemocracia, en cambio, asienta firmemente sus aspiraciones en terreno histórico y, por consiguiente, tiene en cuenta las posibilidades históricas. El socialismo marxiano difiere de los demás socialismos porque, entre otras cosas, no finge tener parches en sus bolsillos para tapar todos los agujeros que ha creado el desarrollo histórico.[vii]
En otras palabras, un programa socialista no puede ser un ofertón de medidas demagógicas e inconsistentes, sin ninguna posibilidad práctica real de ser llevadas a cabo.
Parte importante de la impotencia política actual de las organizaciones de izquierda radica en el abandono de la teoría (marxista) o de su rebaja a mero adorno. En este último caso, resulta evidente que la teoría y el análisis riguroso de la realidad no desempeñan ningún rol significativo, salvo el de servir de justificación a posteriori de una práctica política oportunista definida de antemano.
La teoría es parte intrínseca de la política socialista. Por lo mismo, la formación es una tarea ineludible al interior de las organizaciones revolucionarias. No se trata de una formalidad administrativa o una cuestión de “identidad cultural” militante (“ser marxistas”), en que, una vez terminadas las respectivas “escuelas de cuadros”, la teoría termina archivada y olvidada; sino de un elemento central sobre el cual la organización se juega la posibilidad de determinar las líneas de intervención correctas en la realidad política.
La formación teórica cumple además otra función. Constituye un elemento fundamental de cualquier vida militante orgánica activa. Democratiza y sienta los debates sobre una base racional y objetiva, inmunizando a las organizaciones contra el caudillismo y la demagogia interna, ya que solo una militancia formada teóricamente es menos propensa a ser embaucada, manipulada y arrastrada hacia cursos de acción sin sentido.
Programa y política revolucionaria
El programa es el centro unificador de toda organización política, esté o no formulado explícitamente. Lo ideal es que ésta tenga uno escrito, de público conocimiento, susceptible de ser abiertamente discutido y modificado si el desarrollo capitalista y las circunstancias de la lucha política así lo requieren. Sin embargo, si no es así, no por eso deja de estar presente.
Rosa puso especial atención a la cuestión programática. De acuerdo a ella, la particularidad de los programas políticos de los modernos partidos obreros radicaba en que:
no buscan afirmar principios abstractos relativos a un ideal social, sino solo formular aquellas reformas sociales y políticas prácticas que necesita y exige el proletariado consciente en el marco de la sociedad burguesa para facilitar la lucha de clases y su victoria final.
Contraponía “principios abstractos relativos a un ideal social” con el simple y sencillo criterio de “reformas sociales y políticas prácticas en el marco de la sociedad burguesa” (programa mínimo) como el elemento diferenciador de un programa socialista anclado en la clase trabajadora. Así:
Los elementos de un programa político [socialista] se formulan pensando en objetivos concretos: dar soluciones directas, prácticas y factibles a los problemas más candentes de la vida social y política, que tienen que ver con la lucha de clases del proletariado; servir de líneas orientativas para la política cotidiana y sus necesidades; iniciar la acción política del partido obrero en la dirección correcta; y finalmente, separar la política revolucionaria del proletariado de la política de los partidos burgueses y pequeñoburgueses.[viii]
Como se aprecia, para Rosa la elaboración programática revolucionaria es algo bastante más sutil y complejo que la simple apelación a magnánimos “principios abstractos relativos a un ideal social” del tipo, pongamos el caso actual: “fin al lucro”, “poder popular comunitario”, etc., por nombrar solo algunas de las reivindicaciones programáticas de amplia circulación en los círculos revolucionaristas.
Antes bien, y a contrapelo de lo anterior, los elementos programáticos (mínimos) se formulan más pedestremente pensando en reformas (si… ¡reformas!) sociales y políticas con “objetivos concretos”, que propongan “soluciones directas, prácticas y factibles” en el “marco de la sociedad burguesa”.
Otro aspecto en que cabe también reparar es que Rosa no sitúa el punto diferenciador de los programas socialistas en los métodos de lucha específicos para llevarlos a cabo. Naturalmente, cada reivindicación que, en pos de los intereses de los trabajadores, la organización revolucionaria impulse debe «identificar los medios materiales de su realización», de lo contrario se convierten en un mero ejercicio retórico. Sin embargo, ese problema se sitúa en un nivel distinto del de la elaboración político-programática propiamente tal.
Por ejemplo, la reivindicación de reducción de la jornada laboral no se ve alterada en nada si ésta es implementada por una ley aprobada en el Parlamento burgués o como medida ejecutiva impuesta dictatorialmente por un gobierno revolucionario surgido de una insurrección popular. Los efectos sobre las condiciones de vida de los trabajadores son, en ambos casos, los mismos.
En dicho ejemplo, la reivindicación no resulta ser más o menos “revolucionaria” según cómo se promulga e implementa. Obviamente hay reivindicaciones que exigen tales o cuales “medios materiales” –y excluyen otros– para su implementación, y eso la organización revolucionaria tiene que aclararlos tanto a su militancia como a las masas. Sin embargo, hay demandas de gran interés para los trabajadores que, en el marco normal de la dominación burguesa, no pueden ser sino promulgadas como ley del Estado e implementadas por su institucionalidad. ¿Carecen por eso de importancia para los trabajadores? No. ¿Les resta justeza el que tengan que ser necesariamente aprobadas e implementadas por la institucionalidad burguesa? Tampoco. ¿Se debe restar la organización política de los trabajadores de impulsarlas? De ninguna manera.
De hecho, en la base de la polémica contra Bernstein en Reforma o revolución está la idea de que entre las luchas por reformas en el marco del capitalismo y la revolución no hay una contraposición rígida e insoslayable. Con su tradicional ironía, Rosa planteaba así los términos del problema:
La reforma legislativa y la revolución no son métodos diferentes de desarrollo social que puedan elegirse al gusto en el escaparate de la historia, justamente como se prefieren salchichas frías o calientes. La reforma legislativa y la revolución son factores distintos en el desarrollo de la sociedad dividida en clases. La burguesía y el proletariado se condicionan y complementan mutuamente y son, al mismo tiempo, recíprocamente excluyentes, como los polos Norte y Sur.[ix]
Las formas específicas de llevar a cabo las reivindicaciones programáticas no es una cuestión de principio para las organizaciones revolucionarias, sino práctica. Para esto deben tener en consideración la naturaleza y alcances de las reivindicaciones que se impulsan en determinado momento de la lucha política. La reducción de la jornada laboral no requiere –necesariamente– el derrocamiento de la burguesía; como tampoco a ésta se le puede derrocar a través de un plebiscito, por más democrático que éste sea.
Naturalmente, el objetivo final que la lucha socialista propugna –la autoemancipación de los trabajadores– fija los contornos generales de los métodos a recurrir. En este sentido, el carácter del proyecto socialista hace que los métodos de lucha por excelencia de la organización revolucionaria sean fundamentalmente los de la lucha de masas.
En tal perspectiva, tanto la acción de una representación política de trabajadores en el Parlamento burgués en pos de la reducción de la jornada laboral, apoyada en una amplia campaña propagandística y de educación entre las organizaciones reivindicativas de estos (sindicatos y otras), como el impulso a la acción insurreccional sobre órganos de poder autónomos en una situación revolucionaria son formas de lucha de masas. No hay oposición de principio entre una y otra. La diferencia está en que en una la cuestión del poder está a la orden del día y en otra no.
Política revolucionaria: educación de las masas y realismo político
Si bien Rosa Luxemburgo fue siempre una acerba crítica desde la izquierda del oportunismo, rompiendo con el conciliacionismo de clase que este propugnaba; no adoptó, sin embargo, posiciones ni impulsó líneas políticas revolucionaristas. En efecto, contrario sensu de la imagen que suele atribuírsele desde el comunitarismo popular, ella no era cultora de un basismo abstracto, el cual pertenece más bien a las tendencias consejistas (Rühle, Pannekoek, Mattick).
Ilustrativo de lo anterior fue la discusión en el Congreso fundacional de Partido Comunista Alemán (KPD) respecto a la participación en las elecciones para la Asamblea Nacional (nótese la similitud de la disyuntiva con la actual situación de la política chilena).
Hacia fines de 1918 y principios de 1919 se había abierto una situación política particular en Alemania: la instauración de la República, que resultaba de la derrota militar y el consecuente colapso del orden monárquico. Junto con el auge del movimiento de masas, estaba además el ejemplo vivo de la reciente toma del poder por los bolcheviques en Rusia apoyados en la fuerza de los soviets.
Así, en la segunda sesión del Congreso, Otto Rühle argumentó contra la participación en las elecciones para la Asamblea Nacional de la siguiente forma:
En la actualidad, nuestra participación sería interpretada como una aprobación de principio con respecto a todo lo que supone la Asamblea Nacional. Una decisión en favor de las elecciones no solo sería censurable, sino que equivaldría a un suicidio, puesto que no haríamos más que ayudar a evitar la revolución en la calle, llevándola al parlamento. Para nosotros no puede haber más que una tarea y esta tarea es la del reforzamiento del poder de los consejos obreros y de los soldados porque, si se desea verdaderamente eliminar la Asamblea Nacional de Berlín en favor de las masas, es evidente que entonces nosotros tendremos que constituir un nuevo poder en la capital.[x]
Rühle cerraba su intervención en medio de repetidas aclamaciones, según consta en las actas del congreso.
¿Hay alguna semejanza entre los argumentos de Rühle y los que hoy sostienen las vertientes popular comunitaristas de la izquierda? Sí, ¡muchas! Tómese nada más eso de «evitar la revolución en la calle, llevándola al parlamento», reemplácese los “consejos de obreros y soldados” por “asambleas territoriales autoconvocadas”, Berlín por Santiago y se tiene prácticamente un texto que se ajusta a la perfección a cualquier panfleto tipo de estas tendencias.
Después de las palabras de Rühle intervino Rosa Luxemburgo. Recibida con vivas aclamaciones, retrucó:
En la fuerza tempestuosa que nos empuja hacia adelante, creo que no debemos abandonar la calma y la reflexión. Por ejemplo, el caso de Rusia no puede ser citado aquí como un argumento contra la participación en las elecciones, pues allí, cuando la Asamblea Nacional fue dispersada, nuestros camaradas rusos tenían ya un gobierno encabezado por Trotsky y Lenin. Nosotros, en cambio, estamos aún en los Ebert-Scheidemann [gobierno burgués socialdemócrata]. El proletariado ruso tenía detrás de sí una larga historia de luchas revolucionarias, mientras que nosotros nos encontramos en el comienzo de la revolución, no teniendo detrás nuestro más que la insignificante semi-revolución del 9 de noviembre. En mi opinión, lo que nosotros debemos hacer es plantearnos la siguiente alternativa: ¿Qué camino es el más seguro para conseguir educar a las masas? El optimismo del camarada Rühle es ciertamente muy hermoso, pero la realidad es que no estamos aún tan avanzados para convertirlo en un hecho histórico. Lo que yo veo hasta el presente entre nosotros es la no-maduración de las masas llamadas a derrocar la Asamblea Nacional. El arma con que el enemigo piensa combatirnos debemos volverla contra él. Por una parte, teméis las consecuencias de las elecciones, y por otra creéis posible abolir la Asamblea Nacional en quince días. La acción directa es seguramente más simple, pero nuestra táctica es justa, en el sentido de que cuenta con un largo camino a recorrer. La acción esencial, desde luego, corresponde a la calle, y esta debe tender en consecuencia al triunfo del proletariado. Pero nosotros entendemos que, previamente y para el apoyo de esa lucha, se hace preciso que conquistemos la tribuna de la Asamblea Nacional.[xi]
A diferencia de Rühle, su intervención fue acogida por débiles aplausos de la audiencia.
¿En qué se parece el razonamiento de Rosa a los planteamientos popular comunitaristas? En nada. De hecho, a la luz de estas tendencias, argumentos así caen fácilmente dentro de motes de “electoralismo reformista”, “traidores del pueblo”, “ilusos”, “entreguistas” o, en el mejor de los casos –y para salvar el honor de Rosa–, de “incautos frente al fraude burgués”.
Sin embargo, lo que hay detrás finalmente de todas estas imprecaciones de Júpiter tronante es el vacío programático que resulta impotente para llevar a cabo una auténtica política de masas en el seno de la clase trabajadora. En vez de llenar de contenido político la acción de las masas y aclararles las tareas que éstas tienen por delante, se les prescribe los cursos de acción que debiesen seguir –que se declaren, por ejemplo, en tal o cual estado: de “rebeldía”, de “asamblea” u otro– según imaginarios esquemas preconcebidos.
Ahora bien, lo que importa no es establecer el acierto o no de una determinada opción táctica defendida por Rosa frente a una coyuntura política concreta, ni tampoco reivindicar su aplicabilidad a situaciones actuales; sino relevar el tipo de razonamiento subyacente. Es en dicho sentido que se constata una gran discrepancia entre sus posiciones y las que predominan en los sectores radicalizados de la izquierda. De este modo, así como la figura de Rosa no encaja dentro de los moldes del nacionalismo pequeñoburgués, tampoco se ajusta a los cánones del comunitarismo popular que en muchos casos pretende reivindicarla para su causa.
Hay dos criterios estrechamente imbricados entre sí que constituyen la base de la política socialista en Rosa Luxemburgo que la distancian de los moldes corrientes de la izquierda. Se trata de la educación de las masas y el realismo político.
Siendo la clase trabajadora en su conjunto la encargada de derrocar a la burguesía y materializar el programa socialista, la educación y esclarecimiento político de sus más amplios sectores resulta un objetivo central de la política socialista y condición previa necesaria de la acción revolucionaria de masas.
Considerada en conexión con la relevancia de la elaboración programática, la educación de las masas marca un importante contraste con el revolucionarismo de izquierda. Subyacen diferencias insalvables respecto a qué se entiende finalmente por conciencia de clase, y el concepto y rol de organización política que se desprende.
La conciencia de clase no es un estado de ánimo pasajero inflamado por el descontento de la coyuntura, el cual hay que enardecer con consignas del tipo “luchar hasta vencer”, “revolución, única solución”, etc. La organización política revolucionaria, en consecuencia, no es un grupo agitativo de choque que se pliega a la acción espontánea de las masas, sino fundamentalmente el centro pensante del conjunto de la clase que defiende los intereses generales de esta en cada coyuntura concreta.
Cabe destacar que la educación de las masas como labor de la organización política es un punto nodal de la concepción marxista de partido. Marca también un punto de coincidencia de Rosa con Lenin, para quien, por ejemplo, en la coyuntura rusa de 1917, aun en contexto de ascenso del movimiento de masas y establecimiento de una situación de doble poder (aquí sí, poder popular efectivo y no meramente “comunitario”), la tarea principal del partido bolchevique consistía (Tesis de abril) en «aclararles [a las masas] su error [respecto a la guerra] de un modo singularmente minucioso, paciente y perseverante» y «organizar la propaganda más amplia de este punto de vista». Frente a las ilusiones que las masas depositaban en la burguesía y sus representantes, «nuestra misión solo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz […] Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento […] a fin de que, sobre la base de la experiencia, las masas corrijan sus errores»[xii].
El realismo político, en tanto, tiene una larga tradición y arraigo en el marxismo, que arranca desde sus mismos orígenes y deriva de la aplicación del materialismo a los fenómenos histórico-sociales. Se trata en esencia de no suplantar los deseos por la realidad. Precisamente en base a este realismo político característico del marxismo, Engels calificaba de ridícula aquella política “revolucionaria” consistente en «lanzar, venga o no a cuento, al buen tuntún, sin conocer ni tener en cuenta la situación, con tonante voz, intimaciones a la revolución»[xiii].
De este modo, coincidentemente con Engels, en Rosa Luxemburgo la política revolucionaria que el movimiento socialista pone en práctica es algo más que “intimaciones a la revolución” e inflamados llamamientos lanzados “al buen tuntún”, “vengan o no a cuento”. La cuestión es más sutil y compleja.
La discusión como ejercicio militante
La discusión es otro aspecto que cobró especial importancia en la vida de Rosa Luxemburgo como militante socialista. Cualquiera que lea sus escritos constará que fue una gran polemista, desarrollando penetrantes razonamientos a través de una mordaz pluma.
Sin negar los caracteres singulares de la personalidad de Rosa que se plasmaban en sus escritos, lo relevante para hoy es el rol que juega la discusión para la práctica militante socialista, tanto para fuera como para dentro de la organización revolucionaria.
Como se mencionó anteriormente, Rosa formuló una serie de reparos al programa de los marxistas rusos sobre la cuestión nacional, lo que le llevó a ser criticada por Lenin. Ya antes había sostenido importantes polémicas con las principales lumbreras teóricas del socialismo internacional de la época, sin que se amilanara frente a personajes de la talla de Bernstein o Kautsky.
No se hará una exposición de los argumentos que cada cual sostenía sobre la cuestión nacional, ya que no importa aquí quién de los dos estaba en la posición correcta; sino simplemente destacar la importancia que cobra ejercicio del debate dentro del socialismo. Son los presupuestos implícitos, las formas de razonamiento y el ejercicio mismo que Rosa Luxemburgo puso en juego en ésta y otras cuestiones de particular trascendencia para el socialismo los que finalmente hoy importan.
Un primer aspecto se refiere a la concepción de organización. En efecto, si se concibe a la organización revolucionaria en términos de “cabeza pensante” (núcleo de elaboración política) del conjunto de la clase es natural que la discusión no se tenga por una señal de debilidad; sino, por el contrario, como una de fortaleza, de vida militante activa.
Es, en cambio, cuando se le concibe como un grupo jerárquica y burocráticamente cohesionado (caricatura común del partido leninista) que las sospechas y resquemores hacia la discusión aparecen. Efectivamente, esta “molesta” porque interfiere con la “razón de partido”, especialmente si saca a la luz los yerros de la organización. Inmediatamente entra en escena el burócrata de turno para sugerir que es mejor aplazar “ciertas” discusiones o si no darlas “a la interna”. El mismo personaje que pone reparos a las “formas” porque la militancia podría ofenderse o porque carece de “formación”, sin reparar sobre el fondo ya que –en estricto rigor– él mismo no entiende los argumentos que se plantean.
Sin embargo, no se puede lograr una organización auténticamente revolucionaria –cohesionada en lo interno y con arraigo de masas– acallando las divergencias políticas por medio medidas administrativas (censura, amedrentamiento de militantes, sanciones disciplinarias, expulsiones, etc.). No hay ninguna forma alternativa de zanjar fructíferamente las divergencias políticas internas que no sea sino a través del esclarecimiento y el convencimiento de la militancia. De ahí la importancia que cobran las instancias colectivas de decisión (congresos, plenarios, conferencias, etc.) y celebración periódica de las mismas.
Además, está involucrado también el aspecto que se refiere a la relación de la organización con las masas. La cuestión es que, si la discusión concierne a los cursos de acción que involucran al conjunto de la clase, ésta debe poder hacerse sin problemas, con toda sinceridad y crudeza, de cara a las masas. No a sus espaldas. Aquí la importancia que cumple la prensa partidaria.
Rosa expresó con particular dramatismo todas estas ideas cuando dio cuenta de la profunda crisis que quebró al movimiento socialista internacional en la Primera Guerra. En sus propias palabras:
la socialdemocracia ha capitulado. Cerrar los ojos ante este hecho, tratar de ocultarlo, sería lo más necio, lo más peligroso que el proletariado puede hacer […] La autocrítica, la crítica cruel e implacable que va hasta la raíz del mal, es vida y aliento para el proletariado […]
Ningún otro partido, ninguna otra clase en la sociedad capitalista puede atreverse a reflejar sus errores, sus propias debilidades en el espejo de razón para que todo el mundo los vea […] La clase obrera siempre puede mirar la verdad cara a cara, aunque esto signifique la más tremenda autoacusación […][xiv]
Es por la valentía de este tipo posiciones, pero sobre todo por su claridad y acierto, que las ideas de Rosa Luxemburgo continúan vigentes para la práctica revolucionaria actual. El rescate de é stas resulta más necesario que nunca.
Notas:
[i] Rosa Luxemburgo: La política de la minoría socialdemócrata (1916) en VV.AA.: Marxistas en la Primera Guerra Mundial, Ediciones IPS/CEIP León Trotsky, Buenos Aires, 2014, p. 256.
[ii] León Trotsky: ¡Fuera las manos de Rosa Luxemburgo! Disponible en: http://www.ceip.org.ar/Fuera-las-manos-de-Rosa-Luxemburgo
[iii] Rosa Luxemburgo: La cuestión nacional y la autonomía, El Viejo Topo, España, 1998, p. 73. Destacados añadidos.
[iv] Rosa Luxemburgo: La cuestión nacional…, op. cit., p. 71.
[v] Rosa Luxemburgo: La cuestión nacional…, op. cit., pp. 33-34.
[vi] Ibíd.
[vii] Ibíd.
[viii] Rosa Luxemburgo: La cuestión nacional…, op. cit., pp. 19-20.
[ix] Rosa Luxemburgo: Reforma o revolución, Editorial Grijalbo, México, 1967, p. 88. Los destacados son del original.
[x] Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht: La Comuna de Berlín, Editorial Grijalbo, México, 1971, pp. 26-27. Los destacados son añadidos.
[xi] Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht: La Comuna de Berlín, op. cit., pp. 27-28. Los destacados son añadidos.
[xii] Véase V.I. Lenin: Las tareas del proletariado en la presente revolución (Tesis de abril). Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/abril.htm. Destacados añadidos.
[xiii] Federico Engels: Los comunistas y Karl Heinzen en Obras fundamentales de Marx y Engels, tomo 2, Fondo de Cultura Económica, México, 1981, p. 643.
[xiv] Rosa Luxemburgo: La crisis de la socialdemocracia, Akal, España, 2017, pp. 15 y 18.

Fuente: https://rebelion.org/politica-socialista-en-rosa-luxemburgo-lecciones-para-los-tiempos-que-corren/

8 de marzo de 2020

El desafío de superar "la creación capitalista de sujetos-individuos que no se conciben como hijos-de-la-Tierra, sino que la sienten y conciben desde la exterioridad, la superioridad y la instrumentalidad".

La «reforma agraria integral» como trabajo-economía postcapitalista requiere ante todo compenetrarse de la cosmovisión indígena de ver la humanidad parte, y dependiente, de la naturaleza. Retomemos a:
 
El debate sobre el “extractivismo” 
en tiempos de resaca

Publicado el 20 abril, 2016

 
Por Horacio Machado Aráoz
 
A la Memoria de Berta Cáceres
“Desde su origen, el capital ha utilizado todos los recursos productivos del globo… tiene necesidad de disponer del mundo entero y de no encontrar límite ninguno en la elección de sus medios de producción”. (Rosa Luxemburgo, 1912).

(..)
De la cuestión de fondo a lo fundamental. Pensar-nos Tierra como clave para re-orientar nuestras luchas emancipatorias

“La naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre; es decir, la naturaleza en cuanto no es el mismo cuerpo humano. Que el hombre vive de la naturaleza quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el que debe mantenerse en un proceso constante, para no morir. La afirmación de que la vida física y espiritual del hombre se halla entroncada con la naturaleza no tiene más sentido que el que la naturaleza se halla entroncada consigo misma, y que el hombre es parte de la naturaleza” (Karl Marx, Manuscritos Económicos Filosóficos de 1844).


 Salvo notables excepciones, el pensamiento tradicional de izquierda y el marxismo ortodoxo en general ha tendido a priorizar la opresión de clase por sobre la explotación de la Naturaleza, como si fueran dos problemáticas distintas e inconexas. Sin embargo, este tipo de razonamiento está en abierta contradicción con la ontología materialista de Marx, que al pensar los fundamentos de la realidad, en lugar de la conciencia, del Sujeto o del Objeto, parte del cuerpo. En efecto, para Marx, “(L)la primera premisa de toda la historia humana es la existencia de individuos humanos vivos. El primer hecho a constatar es, por tanto, la organización corpórea de esos individuos y la relación por eso existente con el
ortodoxo en general ha tendido a priorizar la opresión de clase por sobre la explotación de la Naturaleza, como si fueran dos problemáticas distintas e inconexas. Sin embargo, este tipo de razonamiento está en abierta contradicción con la ontología materialista de Marx, que al pensar los fundamentos de la realidad, en lugar de la conciencia, del Sujeto o del Objeto, parte del cuerpo. En efecto, para Marx, “(L)la primera premisa de toda la historia humana es la existencia de individuos humanos vivos. El primer hecho a constatar es, por tanto, la organización corpórea de esos individuos y la relación por eso existente con el resto de la naturaleza” (Marx y Engels, 1974: 19).
 
Se trata de una premisa fundamental sobre la que se edifica todo el pensamiento filosófico, antropológico y político de Marx. Pues, en primer lugar, partir de los individuos humanos vivientes, implica, ante todo, negar radicalmente toda separación entre Naturaleza y Sociedad y rechazar todo antropocentrismo. O, si se prefiere, supone partir de la afirmación básica de que el ser humano es naturaleza.

La materialidad del cuerpo remite indefectiblemente al enraizamiento histórico-material que lo humano tiene respecto de la Naturaleza en general. Una perspectiva histórico-materialista –como la que propone Marx- nos lleva a reconocer que, históricamente, venimos de la Naturaleza: somos parte del proceso natural de irrupción, despliegue y complejización de la materia en el transcurso geológico de la vida en el planeta. Y que fisiológicamente, dependemos de la Naturaleza: los cuerpos humanos vivientes (naturaleza interior) tienen una relación de dependencia existencial con el conjunto de seres vivos y de factores y condiciones biosféricas de la Tierra (naturaleza exterior). La Tierra -como sistema viviente- nos excede, nos precede y nos contiene absolutamente. Nuestra vida es estructural y funcionalmente dependiente de una sistemática e ininterrumpida vinculación material con el resto de la Naturaleza en general. Por tanto, lo humano no puede ser escindido de la naturaleza; no puede ser pensado o concebido como algo exterior, ajeno o contrapuesto a la naturaleza.

En segundo término, al partir de los cuerpos, Marx coloca la cuestión de la vida -la problemática de los individuos humanos vivientes- en la base de su construcción teórica y en el centro de sus preocupaciones políticas. A diferencia del idealismo, del empirismo naturalista y del materialismo mecanicista (cada uno, en sus diferentes variantes), Marx no concibe el mundo ni como “idea” ni como “cosa”, sino como vida-práctica. En Marx, lo real es lo vivo en cuanto tal: el conjunto de procesos práctico-materiales a través de los cuales acontece la vida en general; y también, en particular, la vida humana, como una expresión histórico-específica de aquella.

Así, la centralidad del cuerpo, en cuanto permite despejar la ficción idealista de todo antropocentrismo, es fundamental para una epistemología política que se piensa en clave de emancipación y realización plena de la Vida. Pues, cuando lo que ocupa el centro de nuestras preocupaciones epistémicas y políticas es la vida plena de los seres humanos vivientes, no hay lugar ahí para sustentar la falacia del antagonismo de “el hombre” vs. “la naturaleza”. Por el contrario, se hace evidente que, en realidad, la contradicción Capital vs. Trabajo, no es anterior ni exterior, a la contradicción Capital vs. Naturaleza-Vida; que no se trata de dos contradicciones (O´Connor, 2001), sino pues solo de una única gran contradicción fundamental, en la que la dinámica necro-económica del capital supone (y requiere) sacrificar la vida (en la radicalidad de sus fuentes y en la diversidad de sus formas y manifestaciones) en el altar del valor abstracto. Se hace, en definitiva, manifiesto que el encarcelamiento de la Tierra –a través de la propiedad- es el primer eslabón de los grilletes que encadenan al Trabajo.
Así, la crucial cuestión de la liberación humana (de las ataduras del capital) requiere hoy, más que nunca, en los umbrales del Siglo XXI, re-pensar la Tierra. Re-pensar la Tierra como cuestión vital-fundamental, es re-pensarla y re-descubrirla como Madre. Y es también re-pensar-nos a los seres humanos, como ontológicamente hijos de la Tierra; seres terrestres, en el sentido existencial de que no sólo vivimos apenas sobre la Tierra y de la Tierra, sino que literalmente somos Tierra. Precisamos, de modo urgente, volver a saber-nos y, sobre todo, sentir-nos Tierra.
Pues, si la (in)civilización del capital ha llegado tan lejos en la devastación y denigración de la Vida, es precisamente porque no sólo ha crecido y se ha mundializado declarándole la guerra a la Madre-Tierra, sino porque además, decisivamente, ha sido muy eficaz en la creación de sujetos-individuos que no se conciben como hijos-de-la-Tierra, sino que la sienten y conciben desde la exterioridad, la superioridad y la instrumentalidad. Individuos que creen y que sienten que viven del dinero y no de la Madre-Tierra; que conciben el progreso y el desarrollo de lo humano, en términos de dominio y explotación presuntamente infinita de los “recursos” de la Tierra.

Frente al escenario de barbarie mundializada y diversificada que nos ofrece el siglo XXI, tras más de cinco siglos de “desarrollo capitalista”, necesitamos, de modo urgente, re-pensar la Tierra para re-orientar el horizonte y el sentido de nuestras luchas emancipatorias.

Re-pensar la Tierra como Madre no es romanticismo pachamamista ni oscurantismo anti-científico. Si bien sí es una afirmación efectivamente pre-científica, se trata, sin embargo, de una verdad fundamental, no sólo en el más profundo sentido filosófico, sino también en el más riguroso sentido científico. Re-conocerla como tal y adecuar a ella nuestros modos de vida, nuestras instituciones, nuestras subjetividades, es decir, nuestros cuerpos y nuestros sueños, nuestras formas de concebir, percibir, pensar, sentir y vivir nuestro lugar en el mundo, es quizás, el mayor desafío pedagógico-político que afrontamos como especie, en un momento donde el camino de la emancipación se ha tornado, ni más ni menos, que el camino por la sobrevivencia; la sobrevivencia, al menos, de la humanidad de lo humano. Si las fuerzas de izquierda no asumen como propio este desafío, ¿entonces quiénes?
Bibliografía: (…)

21 de diciembre de 2019

V.La defensa de territorios y el agua encamina la superación de la actual emergencia ecoclimática y humana

No a la megamineria contaminante, si a la defensa del agua

20 diciembre 2019





    
Los espacios que conformamos la “Red de Cátedras Libres de Soberanía Alimentaria y  Colectivos afines (Red Calisas) abajo firmantes, reiterando y ratificando lo expresado en nuestro comunicado “Apoyo a la Bicicleteada de Jachal” del 19 de febrero de 2018”, expresamos nuestro más enérgico rechazo a los intentos de modificación a las leyes 7722 de Mendoza y 5001 de Chubut que son el resultado de la lucha y movilización de los pueblos en defensa del agua y que prohiben la megamineria contaminante en sus territorios.
Desde el paradigma de la soberanía alimentaria que promovemos y defendemos, el agua es un bien común y un derecho humano fundamental, absolutamente esencial para sostener todas las formas de vida, incluida la de nuestra especie.
El agua en tanto alimento líquido vital y medio esencial para la producción de alimentos sanos, seguros y soberanos para los pueblos, debe estar libre de los químicos y otros contaminantes utilizados en la megamineria y otras actividades extractivas.
Exigimos a los gobiernos nacional y provinciales que cesen de inmediato en sus intentos de promover la megamineria contaminante en nuestros territorios porque ello frustra absolutamente toda posibilidad de construir colectivamente el modelo de soberanía alimentaria que soñamos y anhelamos realizar para alcanzar el buen vivir de nuestros pueblos.
Somos agua.
La megamineria contaminante es incompatible con la soberanía alimentaria.
20 de diciembre de 2019.-
- Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Universidad Nacional de Cuyo. 
- Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Escuela de Nutrición de la Universidad de Buenos Aires. 
- Seminario de Soberanía Alimentaria y Salud Ambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional del Comahue. 
- Seminario Interdisciplinario sobre el Hambre y el Derecho Humano a la Alimentación Adecuada – Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires - UBA.
- Espacio “Una Cátedra Libre de Soberania Alimentaria para la Universidad Nacional de Quilmes”.
- Docentes de Gualeguaychú y Pueblo Belgrano por la Soberanía Alimentaria.
- Programa
de Promoción de la Salud y Soberanía Alimentaria. UNMDP.
- Museo del Hambre.
- Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de 9 de Julio, Provincia de Buenos Aires. 
- Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria (CALISA) – Facultades de Ciencias Naturales y Museo, Trabajo Social, Ciencias Agrarias y Forestales, Ciencias Exactas, Humanidades y Ciencias de la Educación, Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata – UNLP.
- Catedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Universidad Nacional de Rio Cuarto.
- Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de Formosa.
- Catedra Libre de Agroecología y Soberanía Alimentaria (CLAYSA) de la Universidad Nacional de Córdoba. 
- Feria Agroecologica de Cordoba.
- Instituto de Salud Socioambiental de la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario.
- Cátedra Libre de Ambiente, Sociedad y Soberanía Alimentaria de la Universidad del Norte de la Provincia de Buenos Aires. 
- Círculo de Estudio de Soberanía Alimentaria de la Universidad Nacional de San Martin. 
- Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Universidad Nacional de Rosar
io.

http://www.biodiversidadla.org/Noticias/No-a-la-megamineria-contaminante-si-a-la-defensa-del-agua

IV.La defensa de territorios y el agua encamina la superación de la actual emergencia ecoclimática y humana

Declaración Pública

Cumbre de los Pueblos

10 diciembre 2019

 Por Cumbre de los Pueblos - Chile 2019

    
La cumbre de los Pueblos emitió una declaración pública luego de su encuentro realizado los días 02 al 07 de diciembre en Santiago (Chile) y que convocó a integrantes de más un centenar de organizaciones de diversas nacionalidades y movimientos sociales.
La Cumbre de los Pueblos es un encuentro que congrega a representaciones e integrantes de organizaciones y articulaciones sociales de diversos territorios y sectores del mundo, para compartir experiencias e impulsar soluciones alternativas al sistema, fortaleciendo así la organización global y local para frenar la catástrofe socioambiental.
Luego de una intensa semana de encuentros comunitarios entre diversas expresiones sociales, bajo el lema: “SALVEMOS LA TIERRA, CAMBIEMOS EL SISTEMA”, se emitió una declaración pública que se comparte a continuación. Asimismo, se comparte el acceso a un video de Pejeperro Films (ver aquí) con imágenes que registraron buena parte las actividades que se desarrollaron.
DECLARACIÓN PÚBLICA
Entre el 2 y el 7 de diciembre de 2019, centenares de organizaciones, hombres, mujeres, pueblos indígenas y afrodescendientes, comunidades migrantes, campesinos, campesinas, trabajadores, trabajadoras, jóvenes, niñas y niños provenientes de Chile, América Latina y el mundo hemos sido parte del hito principal de la Cumbre de los Pueblos, en la Universidad de Santiago de Chile.
En medio de una ciudad y un país en estado de rebeldía frente a un sistema neoliberal injusto y depredador, y frente a un Estado violento y abusador, la Universidad pública, cumpliendo a cabalidad su rol, nos ha abierto las puertas para debatir en torno a la crisis planetaria y sus múltiples expresiones sociales y ambientales, nacionales o territoriales, a compartir nuestras luchas, nuestras denuncias y demandas, y a imaginar juntas y juntos otro mundo posible.
Más de 40 actividades en sala -paneles, talleres, cabildos, conversatorios y otros formatos- autogestionadas por las organizaciones participantes, dos espacios permanentes -la Carpa de las Mujeres y la Aldea de la Paz-, actividades artístico-culturales y los paneles y plenarias centrales de la Cumbre de los Pueblos acogieron la activa participación de alrededor de 1500 compañeras y compañeros acreditadxs.
A partir de la fraterna experiencia vivida y compartida durante estos 5 días, las organizaciones de la Cumbre de los Pueblos declaramos lo siguiente:
1. Reiteramos nuestro compromiso con los pueblos de Chile y otros países latinoamericanos que se han levantado contra las injusticias estructurales, la usurpación y privatización de bienes comunes, la precarización social, la violencia estructural contra las mujeres, el racismo sistémico, y la vulneración de derechos del sistema neoliberal; y exigimos justicia en los casos de muertes y violaciones de derechos humanos con que los Estados han respondido ante estas movilizaciones.
2. Respaldamos la demanda de los movimientos sociales y las asambleas territoriales que exigen en Chile una verdadera Asamblea Constituyente, conformada íntegramente por ciudadanos y ciudadanas sin privilegios para los partidos políticos, que considere paridad de género y cupos significativos para pueblos indígenas.
3. No concebimos un proceso constituyente generado según las reglas de un sistema político-electoral que ha sido uno de los pilares del modelo neoliberal chileno, y cuya clase política ha dado una nueva demostración de subordinación a los intereses empresariales, al aprobar en la Cámara de Diputados la llamada ley “anti-saqueo”, que incluye artículos que criminalizan abiertamente la legítima protesta social.
4. Apoyamos las aspiraciones de las organizaciones y comunidades de Chile de instaurar una constitución política dotada de los principios de la plurinacionalidad, el feminismo, y el reconocimiento de los derechos de la naturaleza.
5. En el marco de las negociaciones climáticas en la COP25 de Madrid:
Condenamos la mantención de la presidencia de la COP en manos del Gobierno de Piñera, responsable de asesinatos, torturas, violaciones, mutilaciones, heridas, vejámenes, detenciones arbitrarias y otras violaciones a los derechos humanos cometidas por agentes del Estado.
Rechazamos el impulso de falsas soluciones al cambio climático, que profundizan la crisis y robustecen el modelo que la genera, como los mercados de carbono, la hidroelectricidad y otras energías de base corporativa, los sumideros a base de monocultivos de árboles y agrocombustibles, la energía industrial a partir de biomasa forestal, la incineración, la geoingeniería y la fractura hidráulica o fracking.
Demandamos la toma de medidas efectivas para evitar la captura corporativa de las negociaciones, así como para que las grandes corporaciones y países más contaminantes reduzcan de manera radical sus emisiones de gases de efecto invernadero y paguen por los daños y perjuicios causados, fundamentalmente en los territorios más vulnerables.
Llamamos a dar mayor visibilidad a la migración climática y promover políticas migratorias con enfoque de derechos humanos.
Llamamos a impulsar de manera efectiva la transición justa y las soluciones verdaderamente sustentables, fuera de los mercados y el extractivismo, basadas en la soberanía territorial, en las prácticas, culturas y economías locales, en condiciones de trabajo y vida dignas, así como en el intercambio solidario entre pueblos y comunidades.
6. Rechazamos el impulso al extractivismo por parte de los gobiernos y organismos internacionales, en colusión con el poder corporativo, que concibe todos los territorios como potenciales zonas de sacrificio, y avanza destruyendo ecosistemas, desplazando comunidades o afectando sus estilos de vida y economías locales; incluyendo el fomento y el subsidio a la minería metálica o no metálica, las plantaciones forestales, la agroindustria y la ganadería convencional, la que carga también con una gran dosis de crueldad hacia los animales.
7. Reivindicamos y hacemos nuestras las demandas de pueblos indígenas y afro-descendientes, especialmente por la desmilitarización de sus territorios -en particular del Wallmapu-, la devolución de sus tierras ancestrales y el ejercicio pleno de sus derechos políticos, sociales y culturales.
8. Citando a la declaración de la Carpa de las Mujeres, “reivindicamos la economía feminista como una estrategia de resistencia y transformación para la vida de las mujeres y sus comunidades, como una forma de reconocer y valorizar los saberes, el trabajo doméstico y de cuidados que sustentan la vida y que, en este sistema capitalista, recae en las mujeres.”
9. Celebramos la fortaleza y participación activa de jóvenes, niñas y niños en los espacios de la Cumbre y reconocemos el rol protagónico que han asumido en denunciar la crisis y en promover cambios estructurales.
10. Demandamos la desprivatización del agua en Chile, la protección efectiva e integral de los glaciares, la recuperación de tierras para los y las campesinas y el impulso en los territorios y en las políticas públicas de modelos agroecológicos, libres de transgénicos y pesticidas químicos, basados en la soberanía alimentaria y en la recuperación e intercambio de productos y semillas, así como priorizando la conservación, regeneración y restauración ecosistémica.
11. Demandamos políticas y promovemos iniciativas comunitarias orientadas a generar ciudades más justas y amables, armonizando la relación ciudad-campo, desprivatizando los servicios básicos, impulsando una planificación territorial ampliamente participativa, implementando modelos de basura cero y sistemas de movilidad urbana sustentable.
12. Demandamos la transformación radical de los modelos energéticos, con criterios de soberanía, suficiencia y solidaridad, mediante sistemas de generación distribuida basados en fuentes limpias y diversas de base comunitaria.
13. Rechazamos la firma de tratados de libre comercio e inversión que benefician a las corporaciones, vulneran derechos sociales y atentan contra las economías locales y la soberanía alimentaria. Demandamos el retiro definitivo del TPP11 del parlamento.
14. Llamamos a construir movimientos y articulaciones latinoamericanas e internacionales, integrando organizaciones de justicia ecológica y climática, feministas, pueblos indígenas y afrodescendientes, migrantes, campesinos trabajadores, jóvenes, niños y niñas, para detener el modelo privatizador de bienes comunes y levantar paradigmas alternativos como el buen vivir y otras que surgen desde las cosmovisiones de los pueblos.
15. Finalmente, citando la declaración de la Aldea de la Paz, “nos invitamos a la cocreación colectiva de una forma de relacionarnos con la naturaleza y también de una forma consciente y amorosa de relacionarnos entre nosotros mismos. (…) Entendimos la necesidad de incorporar los derechos de la naturaleza y de todos los seres vivos que sustentan el tejido planetario, como constituyentes de nuestras vidas y de las leyes de los pueblos.”
CUMBRE DE LOS PUEBLOS 2019
Santiago, 7 de diciembre de 2019
“SALVEMOS LA TIERRA, CAMBIEMOS EL SISTEMA”