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15 de mayo de 2019

III. El PJ es Cavallo-Menem, Duhalde...Kirchnerismo

Tanto Cristina Fernández como Mauricio Macri hablan por los súper negocios de las petroleras y encubren tanto la violación de derechos humanos como la catástrofe socioambiental.


En 2018 hubo unos mil incidentes ambientales
Los derrames de
Vaca Muerta
19 de noviembre de 2018

El Observatorio Petrolero Sur denuncia que se está produciendo “un desastre ambiental y social”. Los derrames provocan graves perjuicios a los productores de frutas. Las Naciones Unidas mostraron su preocupación. Página/12 dio cuenta de ello en esta nota publicada en noviembre pasado.
“Fracking seguro” y “Vaca Muerta no va a contaminar” fueron los eslogan empresario y mediático en 2013, cuando comenzó a explotarse la formación petrolera Vaca Muerta (Neuquén). La técnica (llamada “fractura hidráulica”) era ya muy cuestionada en el mundo por sus impactos ambientales. A cinco años del acuerdo YPF-Chevron que dio inicio a la explotación, se cumplió lo que alertaban comunidades mapuches y organizaciones socioambientales: decenas de derrames, explosión de pozos e incendios. La provincia reconoce que se producen dos derrames por día y Naciones Unidas llamó a detener Vaca Muerta.
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La denuncia penal que presentó el reportero detenido en Vaca Muerta| Torturas, robo y apremios ilegales
El 19 de octubre se produjo un derrame de petróleo que afectó entre 40 y 80 hectáreas. Se trató de un pozo de YPF y Schlumberger (multinacional estadounidense) en Bandurria Sur (a once kilómetros de Añelo) que estuvo 36 horas fuera de control. El hecho se conoció porque fue difundido por los propios trabajadores. El subsecretario de Ambiente de Neuquén, Juan de Dios Lucchelli, señaló que fueron “algunas hectáreas”. YPF reconoció, diez días después del desastre, que fueron 47 hectáreas. Las organizaciones Greenpeace y FARN (Fundación Ambiente y Recursos Naturales) mediante imágenes satelitales advirtieron que se trataba de al menos 80 hectáreas.
El último derrame de YPF es sólo una muestra de algo mayor: en la cuenca neuquina se produce un promedio de dos derrames por día. Publicado por el periodista Matías del Pozzi (en el Diario Río Negro), en los últimos cuatro años las petroleras admitieron 3368 “incidentes ambientales”, eufemismo de las empresas y el Gobierno para los hechos de contaminación.
En base a información oficial de la Secretaría de Ambiente de Neuquén se detalla que en sólo diez meses de 2018 (enero a octubre) se registraron 934 hechos de contaminación. En 2017 fueron 703, en 2016 se trató de 868 y en 2015 fueron 863.
El Observatorio Petrolero Sur (Opsur) es un espacio de referencia en la investigación del accionar de las petroleras y sus impactos. “En Vaca Muerta se está produciendo un desastre ambiental y social. De continuar la explotación será aún peor y no afecta sólo a quienes viven allí, la contaminación del aire y el agua nos llegará a todos”, afirmó Fernando Cabrera, del Opsur. Recordó que en el derrame de YPF-Schlumberger no dieron información oficial durante diez días. “Estos eventos se producen porque son los propios vecinos, campesinos o trabajadores los que denuncian. Otra muestra de que no se puede confiar en empresas ni en los gobiernos”, destacó.
Un relevamiento del Enlace por la Justicia Energética y Socioambiental (integrado por Opsur y Taller Ecologista) precisó los hechos graves de petroleras en la localidad rionegrina de Allen (donde la avanzada petrolera perjudica a los tradicionales productores de frutas de la región). Entre marzo de 2014 y enero de 2018 hubo al menos catorce hechos que desmienten el “fracking seguro”: explosión de pozos, incendios con llamas de hasta 15 metros de altura, derrames en zonas de producción de peras, roturas de canales de riego y 240 mil litros de agua tóxica derramada sobre chacras, entre otros.
La Confederación Mapuche de Neuquén (que cuestiona la avanzada petrolera desde hace más de veinte años), organismos de derechos humanos y la Asociación de Abogados Ambientalista presentaron una denuncia penal enmarcada en la Ley de Residuos Peligrosos (para las empresas) y “abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público” para las autoridades ambientales de la Provincia. La Confederación recordó que ya realizó cinco denuncias por hechos graves de contaminación y por la falta de acción de los funcionarios del Gobierno. También responsabilizaron al Poder Judicial por la falta de avance en las causas.
El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC) de Naciones Unidas emitió en octubre su “Cuarto Informe Periódico de Argentina”. Remarcó los impactos negativos de Vaca Muerta y resaltó su preocupación para su incidencia en el clima mundial. “La explotación total de todas las reservas de gas de esquisto (de Vaca Muerta) consumiría un porcentaje significativo del presupuesto mundial de carbono para alcanzar el objetivo de un calentamiento de 1,5 grados, estipulado en el Acuerdo de París”. Y recomendó “reconsiderar la explotación a gran escala de combustibles fósiles no convencionales mediante el fracking en la región de Vaca Muerta” para garantizar el cumplimiento de los compromisos climáticos asumidos por el Estado argentino.
El Comité de la ONU también alertó que no se evaluaron correctamente los impactos negativos del fracking y afirmó que no se consultó adecuadamente a las comunidades locales.
El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) había emitido, dos semanas antes, un informe con tono advertencia: si la temperatura del planeta sigue en aumento y supera el 1,5 grados para 2030 se producirán “impactos catastróficos” en la vida de las personas y el medioambiente. Para alcanzar el objetivo (para 2030) se debe reducir a la mitad el uso de petróleo y el de gas a un tercio. La explotación de Vaca Muerta va en sentido opuesto.
En Vaca Muerta están presente, además de YPF y Chevron, las grandes multinacionales Shell, Wintershall, ExxonMobil, Total, PAEG (Bulgheroni, CNNOC, BP), Equinor, Schlumberger, Pluspetrol, Pampa Energía y Mercuria. 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/156412-los-derrames-de-vaca-muerta

II. El PJ es Cavallo-Menem, Duhalde...Kirchnerismo

JOSÉ LUIS GIOJA, EL ‘HIJO PUTATIVO’ DE LA BARRICK GOLD CORPORATION

Cuando el lobo Barrick cuida las gallinas

La rotura del caño con cianuro de Barrick Gold en San Juan y el no accionar de su gobernador José Luis Gioja, es otra evidencia de la estrecha relación que hay entre la empresa minera y funcionarios.
En ese marco, los tres principales candidatos a presidente, proponen profundizar esta actividad cuyo pasivo ambiental los argentinos estamos comenzando a pagar.
FUENTE: strepteasedelpoder.com/

Por Silvia Ferreyra, Coordinadora del Area de Ambiente de la ONG ISEPCI

En San Juan es muy difícil establecer el límite entre el accionar del estado y el de las empresas mineras. La relación es de ida y vuelta: muchos funcionarios tienen o han tenido fuertes vínculos con el sector, como el actual secretario de minería de Nación,Jorge Mayoral, secretario y luego director ejecutivo de la Cámara Minera de la provincia (1994-2001). Y muchos asesores y técnicos de las mineras prestan “colaboración” en el diseño de políticas públicas y normas que rigen la actividad, como sucedió conBarrick y el veto a la ley de glaciares primero, y luego con las leyes provinciales presentadas por los gobernadores ante la inminente sanción por segunda vez de la norma nacional. Esta sintonía perfecta se mantiene intacta desde épocas del menemismo y se repite en todas las provincias mineras.
El domingo pasado se rompió “una válvula de una cañería que conduce solución cianurada” en la mina Veladero, de la Barrick Gold, en el departamento Iglesia de San Juan. El accidente alertó rápidamente a la población de Jáchal, localidad aguas abajo del emprendimiento, que por temor a la contaminación se movilizó por la noche al municipio. Gustavo Herrnann, vecino del pueblo, habló en una entrevista para la Olla.TV:
Las noticias que nosotros teníamos es de un derrame de cianuro y mercurio de aproximadamente 15 mil litros, ellos dicen que eso es imposible. Nunca nos vamos a poner de acuerdo, pero estamos obligados a monitorear las aguas, porque esto ha sucedido a 5 mil metros de altura, las aguas escurren allá y vienen directamente por el río para acá. De boca de la gente que trabaja en la empresa nos venimos a enterar que el incidente fue ayer (por el domingo) a la mañana. Si no hubiera sido por la presión de las redes sociales y que se viralizó todo, a nosotros nos queda toda la sensación de que esto se hubiera tapado, no nos hubiéramos enterado de absolutamente nada
De boca del secretario de Minería (de la provincia) nos enteramos que ayer al mediodía ya estaba la policía minera ahí arriba. Si está la policía minera con tanta premura es porque había algo, después ha dicho que los monitoreos de agua se hacen cada dos horas. Eso nos da la sensación de que “algo” ha pasado. Ahora hay gente de Salud Pública y Obras Sanitarias que están haciendo monitoreos en todas las plantas y habrá que hacer monitoreo de aguas subterráneas y aguas arriba. Lo que pasa es que implica un costo, implica movilización y hay gente que desconfía porque acá no tenemos laboratorios para hacer análisis de agua y desconfiamos de los análisis de agua que hace el gobierno. Entonces hay gente que quiere hacer análisis paralelos en laboratorios particulares y eso también tiene un costo. Pero la gente no está tranquila”.
La empresa difundió el lunes un comunicado mostrando todo bajo control. “Nuestro equipo de Medio Ambiente está investigando las causas del incidente y monitoreando todas las variables ambientales en la zona” “No existen peligros para nuestros trabajadores o para la comunidad con el incidente ocurrido”. En igual sintonía se manifestó el gobernador José Luis Gioja, quien siempre que va a Jáchal toma agua directamente de una acequia, en respuesta a quienes critican a la minería. En este caso dijo que iniciará un sumario para determinar responsabilidades por lo ocurrido, calificó el hecho como una contingencia técnica que fue controlada y no generó problemas”. “Hay que llevarle seguridad a todos. Están todos los recaudos tomados, son cosas que pueden llegar a pasar”. En cuanto a la información trascendida en las redes sociales, señaló que “quienes quieran tergiversar o llevar agua para su molino no sirve la situación. Ustedes lo podrán ver si esto se usa políticamente”.
En la Corte Suprema de Justicia de nuestro país están vigentes dos causas contra Barrick: una impulsada por la Fundación Ciudadanos Independientes – FUCI, por afectación de glaciares y por ocultar la presencia de estas fuentes de agua en el Informe de Impacto Ambiental de la mina Veladero, realizado por la consultora Knight Piésold. Como prueba ofrece la documentación del Informe de Impacto Ambiental de Pascua Lama, proyecto argentino-chileno de la misma empresa, elaborado por otra consultora (BGC) con notables diferencias sobre la misma zona geográfica. La otra causa es por daños, fue iniciada por Ricardo Vargas y está patrocinada por Diego Seguí. Refieren los daños ambientales a partir del inicio de Veladero y solicitan se suspenda la construcción de Pascua Lama del lado argentino -del lado chileno ya se encuentra suspendido por orden de la Justicia-, hasta tanto se realice el inventario de glaciares. Sostienen que este proyecto se está construyendo sobre glaciares de su provincia. Ambos expedientes, vinculados, esperan la respuesta del Tribunal.
¿A quién le tienen que creer los vecinos de Jáchal, para quedarse tranquilos? ¿A los funcionarios provinciales que controlan la actividad? ¿Al gobierno nacional que nunca intervendrá, si no es por orden expresa de la provincia? ¿A la empresa? ¿Cuál es el trato que recibe cualquier voz crítica a la actividad en estas provincias? ¿La persecución, el apriete, el ninguneo, el despido, o todas a la vez?
En julio pasado, el candidato a presidente Daniel Scioli viajó a San Juan y envió un mensaje claro al sector minero: “los empresarios, trabajadores, a los inversores y a los potenciales, la mayor de la certidumbre, tranquilidad y previsibilidad que van a encontrar en Argentina una tierra extraordinaria para invertir a distintos mercados del mundo”. En otra oportunidad su contrincante Mauricio Macri señaló en dicha provincia la importancia de la actividad y que “hay países que salieron adelante con la minería y son respetados desde el punto de vista ambiental”, mientras que Sergio Massa sostiene que “donde haya licencia social, hay que bancar a muerte a la minería y donde no la hay, no debe haber minería”.
Nuestro país necesita una reforma minera profunda, que vaya más allá de lo estrictamente económico, que aborde las estructuras de poder fortalecidas desde Menem en adelante de la mano del clientelismo, la compra de voluntades y la corrupción. Que contemple la defensa del agua y de la vida, y el respeto por la cultura de nuestro pueblo y su forma de vivir. Que garantice mecanismos de control transparentes y participativos, sobre todo de la población involucrada, con funcionarios idóneos e independientes de los intereses de las empresas. Sólo así se podrá construir un puente de confianza de cara a la sociedad.

Fuente: http://fundavida.org.ar/web2.0/jose-luis-gioja-el-hijo-putativo-de-la-barrick-gold-corporation/

I. El PJ es Cavallo-Menem, Duhalde...Kirchnerismo

La ofensiva neoliberal bajo el menemismo y su continuidad con De la Rúa

13 MAY 2010   

Menem ganó la elección apelando al descontento popular y a la promesa de producir un “salariazo” y una “revolución productiva”, pero ni bien llegó al gobierno entabló primero una alianza con el grupo Bunge y Born y, luego, aliándose a los “gorilas” de la Unión del Centro Democrático de ˜álvaro Alsogaray, se transformó en el continuador y profundizador de la política económica de la dictadura, con la privatización de las empresas estatales y la aplicación de numerosas leyes antiobreras. Fue uno de los más fervientes impulsores de las políticas “neoliberales” del llamado “consenso de Washington”. Junto a Domingo Cavallo como ministro de Economía, avanzó en poner la economía nacional bajo un control mayor del capital imperialista: durante su mandato las empresas extranjeras pasaron de tener el control de un 33% de las 500 principales empresas del país a un 67%. Pese a los dólares entrados con el negociado de las privatizaciones, la deuda externa se incrementó a 146 mil millones de dólares. Crecieron la desocupación y la pobreza, mientras las fuerzas de la clase obrera se vieron fragmentadas, aumentando el trabajo en negro y diversas formas de trabajo precario. El grueso de la burocracia sindical fue cómplice de esta política, transformándose parte de ella directamente en lo que se llamó “sindicalismo empresario”, al quedarse con la explotación de empresas privatizadas y sumarse a los bancos en la formación de las AFJP que surgieron con la privatización de las jubilaciones y pensiones. Nuevamente, la burocracia sindical actuaba como garantía de derrota de la clase obrera.
En la clase dominante se consolidó un bloque de poder a partir de las nuevas condiciones que presentaba la paridad “1 a 1” entre el peso y el dólar y el ataque generalizado a la clase obrera. Las empresas privatizadas, los bancos y la cúpula industrial exportadora constituyeron los sectores burgueses más beneficiados, mientras gran parte de la “burguesía nacional” se transformaba en rentista y fugaba capitales a diestra y siniestra.
Después de derrotadas las luchas contra las privatizaciones, la resistencia obrera y popular se concentró primero en los levantamientos provinciales, que tuvieron como expresión más importante al Santiagazo de diciembre de 1993. Ya a comienzos del segundo mandato de Menem hicieron su entrada en escena los desocupados, que protagonizaron los levantamientos de Cutral Có y Plaza Huincul en Neuquén, Tartagal en Salta y Libertador General San Martín en Jujuy. En los sindicatos surgieron también sectores de oposición al menemismo, como la CTA y el MTA, pero que lejos de sostener una política independiente de los trabajadores apoyaron a las distintas variantes de recambio al menemismo preparadas por la burguesía: en las de 1999, la CTA llamó a votar por la Alianza encabezada por De la Rúa y el MTA por el candidato del Partido Justicialista, Eduardo Duhalde.
El gobierno de Fernando De la Rúa pretendió continuar con lo central de la política económica del menemismo. No sólo asumió produciendo dos muertos en la represión a los manifestaban que cortaban el puente entre Chaco y Corrientes sino que impuso, a pocos meses de iniciado su gobierno, una ley de “flexibilización laboral” sostenida por la UIA y otros sectores patronales, que fue aprobada mediante la “coima” a diversos senadores (con la famosa “Banelco”), en un episodio que concluyó con la renuncia del vicepresidente Carlos “Chacho” ˜álvarez. Fue un gobierno que vivió de crisis en crisis y enfrentó una fuerte resistencia obrera y popular, con siete huelgas generales y numerosas manifestaciones y levantamientos de desocupados, culminando con su expulsión producto de las “jornadas revolucionarias” del 19 y 20 de diciembre de 2001. La crisis económica y la crisis social que se habían acrecentado a niveles insoportables en estos meses (con la desocupación llegando a niveles cercanos al 25% y la pobreza batiendo récords históricos) se combinaron con una crisis política de magnitud: una verdadera “crisis orgánica”, para tomar la definición del marxista italiano Antonio Gramsci. Es en este marco que se desarrollan las asambleas populares y cobran fuerza los movimientos piqueteros y las fábricas ocupadas. Estas últimas tuvieron como expresión emblemática a las obreras de Brukman y a los obreros de Zanon, agrupados estos en el Sindicato de Obreros y Empleados de Neuquén (SOECN), transformado en una clara avanzada del conjunto de la clase obrera. En el caso de los movimientos piqueteros, jugaron el muy importante papel de “organizar a los desorganizados” y evitar que surjan grupos de rompehuelgas contra los trabajadores ocupados.
Frente a la crisis de la “convertibilidad”, la clase dominante se encontraba dividida entre los dolarizadores y los devaluadores. Este sector se impuso con la llegada al gobierno de Duhalde, que contó con el apoyo del grueso del parlamento, así como de la burocracia sindical. La devaluación, que fue apoyada por Moyano, significó un golpe brutal al salario obrero, que sufrió una de las mayores caídas de su historia. Con esta medida se benefició el conjunto de la clase dominante, pero en especial los sectores exportadores (que tenían costos en pesos pero recaudaban en dólares). A su vez, el ciclo de crecimiento capitalista internacional favorecido por la burbuja creada a partir del endeudamiento norteamericano impulsó un aumento de los productos agrícolas exportados por Argentina, particularmente la soja, el grueso de cuya producción se exportó a China. Ya con Duhalde comenzó a delinearse lo que serían las características centrales del esquema económico que se continuaría bajo el kirchnerismo.

Fuente: http://www.pts.org.ar/La-ofensiva-neoliberal-bajo-el-menemismo-y-su-continuidad-con-De-la-Rua

El capitalismo hace al acaparamiento oligopólico para sostener paraísos fiscales.

La madre de todas las crisis

 

11 de mayo de 2019
Andrés Cañas
 
 
Especial para Contrahegemonía.
Varias voces convergen sosteniendo la pronta aparición de una crisis financiera global. La de Eric Toussaint  es una de esas voces connotadas. “Ya se unieron todos los ingredientes de una nueva e importante crisis financiera internacional. Los dirigentes de los bancos centrales lo saben y también los dirigentes de instituciones como el FMI, la OCDE Y el Banco de Pagos Internacional (BPI). Por consiguiente, la prensa especializada le está dedicando numerosos artículos. Uno de los factores que dirigen la economía hacia una nueva crisis internacional de gran envergadura, es la enorme acumulación de deudas de las grandes empresas privadas y la utilización que se hace de las mismas”.
Yanis Varoufakis habla de la desesperanza que se empeña en retornar. “El renacimiento del capitalismo en la posguerra, y en particular el ímpetu hacia la globalización financiarizada después de la Guerra Fría, resucitaron la fe en las capacidades autorreguladoras de los mercados. Hoy, más de diez años después de la crisis financiera global de 2008, esta fe conmovedora está otra vez hecha añicos, ahora que vuelve a afirmarse la tendencia natural del capitalismo al estancamiento. El ascenso de la derecha racista, la fragmentación del centro político y el aumento de tensiones geopolíticas son meros síntomas de la descomposición del capitalismo”.
Raymond Goldsmith ha acuñado una definición de crisis financiera: “un deterioro agudo, breve y ultra cíclico de todos o de la mayoría de los grupos de indicadores financieros: tipos de interés a corto plazo, precios de los activos (valores, propiedades inmobiliarias, terrenos), insolvencia comercial y quiebras de las instituciones financieras”. Por su parte Miguel Angel Ramos Estrada ha trazado una anatomía de las crisis económicas financieras: “Expansión económica, relajación del crédito, aumento del endeudamiento, importante aumento del valor de los activos (con la creación de burbujas), inicio de una política monetaria más restrictiva, caída en el precio de los activos y recesión económica.”
Mónica Peralta Ramos diseña un recorrido paralelo transitado por crisis y endeudamiento.  “Hacia 2008 el PIB global era cercano a los 58 billones de dólares (trillions) y la deuda total ascendía a los 100 billones de dólares (trillions). La crisis financiera produjo corridas bancarias a nivel mundial. El peligro principal residía en la posible implosión de los grandes bancos americanos y europeos fuertemente endeudados con activos tóxicos, es decir irrecuperables. Para superar la crisis, la Reserva Federal y la banca central de los principales países del mundo implementaron una política de facilitación monetaria con tasas de interés cercanas a cero. Esta política inundó el mundo de dólares baratos y permitió salvar a los grandes bancos, pero a costa de incrementar los problemas que originaron la crisis financiera. Diez años después la deuda global había crecido a 250 billones de dólares (trillions) mientras el PBI global había ascendido a 80 billones de dólares (trillions)”.

El capital es un sistema que es causa de sí mismo, por ende sus personificaciones cuando emprenden la tarea de encontrar el paliativo perdido, al analizar la situación no van más allá de dar una pretendida respuesta desde los efectos. “Desde 2010, aprovechándose de la política de bajas tasas de interés adoptada por los bancos centrales de los países más industrializados (Reserva Federal de los Estados Unidos, Banco Central Europeo, Banco de Inglaterra, Banco de Japón, Banco de Suiza….), las grandes empresas privadas han aumentado masivamente su endeudamiento. En los Estados Unidos, por ejemplo, la deuda de las empresas privadas no financieras ha aumentado en 7 800 millardos de dólares entre 2010 y mediados de 2017”, sostiene Eric Toussaint.
El capital es un sistema que tiene una determinación central: expansión guiada por la acumulación. El capital monopólico globalizador no encuentra en la actualidad el nivel de acumulación requerido en el ámbito productivo, ¿entonces qué destino le dieron las empresas a los cuantiosos préstamos recibidos?
-Compraron sus propias acciones en bolsa, con las consiguientes ventajas especulativas; sube el precio de la empresa y remuneran a sus accionistas sin pasar por la ventanilla donde se abonan los impuestos.
-Compraron obligaciones emitidas por otras empresas privadas así como títulos públicos. La firma Apple tenía ella sola en 2017 créditos sobre otras empresas por un montante de 156 millardos de dólares, lo que representa el 60% del total de sus activos. Ford, General Motors y General Electric compraron igualmente deudas de otras empresas. El 80% de los activos de Ebay y el 75% de los activos de Oracle son créditos sobre otras empresas.
Al menos la mitad de estos créditos encuentran calor de hogar en paraísos fiscales.
Las crisis fiscales dejan en los pueblos huellas de dolor, Argentina 2002 es una diáfana ilustración sobre el particular; la economía se contrajo 11 %, la moneda se devaluó de un peso por dólar a cuatro; la inflación alcanzó en ese año 41 %; los salarios cayeron 24 %; y la tasa de pobreza llegó hasta 57 %. Se estimó que 4 de cada 10 argentinos llegaron a vivir con un dólar o menos por día.
Si bien la atención de las mentes se ocupa prioritariamente de la crisis financiera no se debe soslayar la crisis sistémica sustrato de las amenazas a la continuidad de la humanidad.  “La crisis que se desarrolla con toda gravedad en nuestra época histórica es estructural precisamente en el sentido de que no puede ser barrida del camino ni siquiera gracias a los muchos billones de las operaciones de rescate del Estado capitalista. Así, la crisis estructural del sistema cada vez más profunda, junto con el fracaso demostrable de las medidas remediales intentadas en forma de aventurerismo militar y financiero en una escala antes inimaginable, hacen que el peligro de la autodestrucción de la humanidad resulte mayor que nunca”, teoriza István Meszáros.
Cuando decimos estructural señalamos que afecta a la totalidad de un complejo social, nada queda por fuera de ella. Se puede argumentar que crisis y capital son viejos compañeros de ruta, que el capital superó el escollo y salió fortalecido creando una situación que podríamos llamar como la “existencia natural” del sistema. En efecto, el capital emergió fortalecido luego de superar a cada una de ellas, sin embargo, como hemos dicho la presente crisis tiene otras características.
La actual crisis estructural se evidencia bajo cuatro aspectos:
-Es de carácter universal, afecta a todas las esferas del sistema.
-De cobertura global, no confinada a un conjunto de países como sucedió en anteriores oportunidades.
-Permanente, en su escala temporal.
-Se desarrolla de forma reptante, sin que deban descartarse convulsiones vehementes.
Una compleja maquinaria creada por las personificaciones del capital procura desplazar las contradicciones; en el pasado funcionó de manera exitosa y en la actualidad es cada vez más requerida y con menores resultados. El Estado es parte central de esta maquinaria, como se observó con toda claridad en el salvataje realizado por el gobierno de Estados Unidos a los bancos involucrados en la crisis hipotecaria inmobiliaria.
A diferencia de otros autores y corrientes, para Marx-Mészáros la crisis anida en el interior del sistema y tiene repercusiones en los límites y otras externalidades. Si observamos el desarrollo de la crisis vemos que afecta tres dimensiones internas y centrales del sistema: producción, consumo, circulación/distribución; estas dimensiones en el pasado reciente han tendido a fortalecerse y expandirse mutuamente, dinamizando la reproducción del capital; en el presente esas dimensiones han comenzado a ocluirse. Las limitaciones inmediatas de cualquiera de estas dimensiones podían ser superadas gracias a la interacción recíproca con las otras. Una barrera inmediata para la producción podía ser superada mediante la expansión del consumo. Con el carácter destructivo que reviste la producción capitalista, su expansión, que requiere de mayores recursos materiales y humanos, agudiza las contradicciones.
Voceros del capital afirman que el sistema se las arregló para superar anteriores crisis y que algo similar ocurrirá con la presente; por supuesto, no respaldan con razones estos deseos. El colapso de algunos mecanismos y determinaciones acentúan la crisis de control y dominación. Otro aspecto que ilusiona a estos voceros es la inmensa fuerza represiva del capital; olvidan que nada se resuelve con el uso exclusivo de la fuerza: el nazismo, el estalinismo, a lo que se podría agregar las agresiones a Irak y Afganistán, son una prueba de la esterilidad de la fuerza en el momento de desplazar contradicciones.
En esa misma línea se encuadran las esperanzas depositadas para refrenar las contradicciones en base a intentos políticos autoritarios; se debe tener presente que el capital es eficiente movilizando los recursos de una sociedad fragmentada, no es un sistema de unificación de la emergencia, se requiere del sistema una intervención positiva, más aún cuando el proceso productivo está perturbado, por ende la emergencia sólo puede tener un carácter transitorio, jamás ser la condición permanente de una futura normalidad. El capital configura una sociedad dividida por intereses antagónicos y es dentro de esa fragmentación que el sistema encuentra sus mejores cauces para la auto reproducción. Importantes contradicciones internas de partes del sistema y sus mutuas relaciones crean vallas para el manejo de la crisis:
Las contradicciones sociales/económicas del capital avanzado.
Crisis en Estados Unidos y en la Unión Europea signadas por un elevado desempleo, pérdida del hogar para un elevado número de trabajadores, recesión, secesionismo, decadencia social y política, pobreza creciente.
Las dimensiones internas y las contradicciones inherentes de la auto expansión del capital configuraron desde sus orígenes una unidad contradictoria, ya que una tenía que sojuzgar a la otra; por ejemplo, subordinar la producción al intercambio, en la medida en que la reproducción ampliada de cada una pudiese realizarse sin perturbaciones, cada una de las dimensiones se fortalecía y el conjunto funcionaba en armonía. Cuando las perturbaciones no pueden ser superadas se tornan acumulativas, estructurales.
Otro aspecto alarmante de la crisis estructural es el hecho de que las falencias de la sociedad civil ( para la reproducción del sistema ) repercuten de forma ostensible en las instituciones políticas, se requieren garantías políticas nuevas, que el estado capitalista se ve en graves dificultades para proporcionar. Vivimos una auténtica crisis de dominación, basta mirar la realidad desde los ángulos más diversos para comprobarlo.
La reproducción ampliada del capital, a lo que todo lo demás debe quedar subordinado, se alza como un obstáculo para la satisfacción de las necesidades humanas. Los gastos militares de los Estados Unidos impuestos por la lógica de la “acumulación por el pillaje” se cuentan por billones de dólares mientras mil millones de seres humanos sufren hambre. Los millones de personas que padecen necesidades alimentarias en el mundo podrían ser alimentados más de 50 veces con los presupuestos destinados al armamento.
La producción capitalista procurando su reproducción ampliada ha entrado en una fase de destrucción sistemática de la naturaleza; a su vez, el incremento e incorporación de la tecnología torna devastador su preocupante poder de destrucción de la vida en el planeta,
Ha quedado atrás la ilusión de Marx de ver en el desarrollo capitalista un aporte civilizatorio, la destrucción es el sino de la producción capitalista. El alto nivel de productividad alcanzado genera una contradicción insoluble del capital expresada en un desempleo estructural, el sistema crea las condiciones materiales para el desarrollo de los individuos para negarlas inmediatamente en tiempo de crisis en interés de su propia supervivencia.
Todos estos fenómenos socioeconómicos deben ser observados bajo la crispación generada por una latente y presente guerra comercial.
-Contradicciones sociales, económicas y políticas en Europa del Este; estados al borde de la desintegración.
-Rivalidades y tensiones entre los principales países capitalistas, competencia intensificada por la crisis. En 1974 Alemania Federal y Japón lanzaron al mercado productos industriales a un precio notablemente inferior al que tenían los mismos productos fabricados en Estados Unidos, los costos de Norteamérica eran superiores. Desde entonces los salarios en Estados Unidos se hallan a la baja procurando las empresas mejorar su situación competitiva. El dólar, la moneda que Estados Unidos emite según sus necesidades, ha participado de manera activa en la puja: cuando Estados Unidos debe pagar desciende su cotización, cuando Estados Unidos es acreedor asciende el valor del dólar.
-Dificultades para mantener el sistema de dominación neocolonial.
La búsqueda de la tasa de ganancia en un “Tercer Mundo” con elevada tasa de explotación llevó a la radicación de capitales del mundo avanzado en países emergentes originando un desarrollo desnaturalizado pero desarrollo al fin y la desindustrialización en los países de origen. Esta situación, más el fracaso de las políticas neoliberales (especialmente en Latinoamérica y El Caribe .
-Por otra parte, como se ha sostenido líneas atrás, el éxodo empresarial incrementó los problemas laborales y sociales en los países centrales. En Detroit, que fue una ciudad industrial, alrededor del 50 % de las viviendas carecen de moradores
-Desde algunos círculos -con tintes reformistas- del capital se ha alentado la ilusión de hallar los recursos para una expansión económica en la reasignación de presupuestos destinados al gasto militar. Los anhelos se frustraron por diversas cuestiones. Una de ellas es el inmenso peso económico y por ende el poder político del complejo militar/industrial, además el “complejo” desplaza una porción importante de la economía de las azarosas sendas del mercado a las seguras y rentables finanzas estatales y  tanto o más importante, gran parte de la producción armamentística tiene una tasa de utilización cero, lo cual contribuye a dinamizar la economía formal.
-Desarrollar el Tercer Mundo apareció como una alternativa apetecible; sin embargo, una vez más la realidad se encargó de disipar las ilusiones, los países emergentes ya están integrados al capital y cumplen dentro de él una función vital a través de la división internacional del trabajo; se debe señalar que si fuese posible la convivencia de un Tercer Mundo desarrollado con los países capitalistas avanzados, lo único que se lograría sería incrementar los problemas del capital. Entre otros factores cabe señalar el deterioro del medio ambiente que provocaría la industrialización del Tercer Mundo bajo los mismos parámetros que siguió el desarrollo en los países metropolitanos.
Mirando desde Los Andes
La sociedad que estructura el capital es una formación de antagonismos y contradicciones permanentes, en el marco de la crisis estructural del sistema estos aspectos que inducen al individualismo han sido analizados con mirada certera por cientistas sociales enrolados en la cosmovisión del Buen Vivir, forjada por los pueblos andinos.
“Estamos ante la presencia de una gran crisis global, que amenaza tanto a la vida comunitaria como al planeta mismo”, sostienen  desde el Buen Vivir y continúan. Responsable de este proceso que amenaza la humanidad es la codicia de los grandes dueños del dinero, que han expandido por todo el mundo sus empresas transnacionales, la cultura occidental, el sistema capitalista.
Una crisis profunda está en desarrollo. Son cada vez más evidentes determinadas tendencias que se interrelacionan y potencian entre sí:
– El cambio climático, que se manifiesta en sequías o inundaciones, olas de intenso calor o frío polar; huracanes y tornados cada vez más frecuentes, que asolan especialmente a poblaciones pauperizadas. En proyección, el cambio climático generará transformaciones en el organismo de todos los seres vivos. La actividad humana es la principal responsable del calentamiento detectado a partir de 1950, particularmente ocasionado por los “patrones de consumo” implantados a partir de la revolución industrial. Se estima que la emisión de dióxido de carbono proveniente de la quema de combustibles fósiles era de 3 millones de toneladas en 1751:en 2006, se emitieron a la atmósfera 8.379 millones de toneladas a la atmósfera . Desde 1860, Europa y Norteamérica han aportado el 70% de emisiones de CQ2, los países empobrecidos sólo el 25%. Forman parte de la crónica periodística diaria las noticias sobre la desaparición de las masas de hielo en el Ártico y en la Antártida, o en las cumbres de montañas de Asia, África y Latinoamérica. Acompañan esta información prospectivas sobre la subida del nivel de los mares, inundaciones en zonas costeras, y sequías progresivas en África subsahariana, regiones andinas de Sudamérica, o próximas al Himalaya.
 Las  consecuencias son conocidas o previsibles:
– La desaparición de especies vegetales y animales, hambrunas, enfermedades, desplazamiento de poblaciones, conflictos sociales, desertificación.
– El agotamiento de los recursos naturales del planeta. La sobreexplotación que realizan las naciones más desarrolladas, que consumen un 30% más de lo que la Tierra puede regenerar, amenaza la vida en el planeta y la supervivencia de culturas que tradicionalmente han vivido en equilibrio con la naturaleza.
– La crisis del agua. La urbanización y los procesos industriales producen un mayor consumo de agua tanto de superficie como subterránea, con su correlato en un 15 a 30% de insostenibilidad de las extracciones para riego. Sin agua, la vida es imposible. Hemos interferido en el ciclo hidrológico mismo, hemos destruido cuencas hidrográficas imprescindibles para la reproducción de la vida. En Estados Unidos la agricultura industrial, y las plantas de generación de energía atómica consumen cuatro quintas partes del agua que usa todo el país. En el sur del planeta se consume con el riego el 85% del total del agua utilizada. Si le sumamos procesos extractivos como la minería, la situación se define con rasgos sumamente críticos. La presión sobre la Tierra se intensifica; implementamos seis formas fundamentales de explotación: extrayendo el agua subterránea de los acuíferos mediante equipos de tecnología reciente, con una rapidez que supera la reposición natural de la misma; exportando “agua virtual” de las cuencas hidrográficas, incorporada en las materias primas o en los productos industriales; desviándola por tuberías, para abastecer grandes ciudades o para cultivos en zonas semiáridas, desprotegiendo así el ecosistema de origen; mediante la deforestación, que altera el ciclo del agua, creando “islas de calor”.
– La crisis en la producción de alimentos, incidida por el cambio climático y por la utilización de productos agrícolas para la obtención de combustibles. Se reduce progresivamente la reserva mundial de alimentos, encarecidos además por la utilización de agroquímicos en la cadena de producción, y por los costos de transporte. El aumento de precios de los alimentos fue constante en los últimos 50 años, tendencia que muy probablemente se mantendrá. Una gestión inadecuada de los recursos hídricos pone en riesgo la seguridad alimentaria mundial. Cuencas fluviales hasta hoy potentes productoras de alimentos están al límite de la sobreexplotación. El cambio climático incide en sequías y en inundaciones, sobre todo en regiones tropicales áridas y semiáridas los agricultores no podrán prever cuál será el flujo de agua disponible, agravando la situación de poblaciones que ya padecen inseguridad alimentaria. La más afectada será la agricultura de secano, esta comprende el 96 por ciento del total de la superficie agrícola en el África subsahariana, el 87 por ciento en América del Sur y el 61 por ciento en Asia. En zonas semiáridas de los márgenes, se pierden cosechas por la sequía; especies animales se ven afectadas en sus posibilidades de vida por la misma causa. Millones de productores y de consumidores se verán  damnificados por la disminución en el rendimiento de alimentos. A esto se suman los problemas sanitarios generados por la utilización de agua contaminada – la única disponible-en las regiones más pobres del mundo
– La crisis en la generación de energía, por el fin de la era de energía barata – petróleo, gas. No han adquirido desarrollo suficiente las energías alternativas, y se duda sobre las magnitudes que puedan suministrar en relación con las energías tradicionales. Esto tendría como correlato la incapacidad del actual sistema industrial para sobrevivir, y la necesidad de un rediseño cualitativo y cuantitativo de la producción, cambios en los modos de vida, y en los proyectos urbanísticos de las ciudades.
– La crisis financiera mundial, con la consecuente reducción del crecimiento económico. Esta corriente lo atribuye al estancamiento en la producción de petróleo desde 2005, sumado a la desaceleración de la producción causada por el cambio climático. La posibilidad de retomar la etapa de crecimiento se verá probablemente frustrada por el estancamiento en la producción de petróleo, con el concomitante incremento de su precio, por lo que la crisis puede prolongarse hacia el futuro.
– La crisis del tiempo: el tiempo global de la producción industrial, del ciber espacio y las telecomunicaciones “chocan brutalmente contra el tiempo de la vida, ocasionando una tremenda colisión de tiempos entre el tiempo cíclico de la naturaleza y el tiempo lineal de la historia, el tiempo del reloj”.
Estas tendencias, combinadas, constituyen una explosiva y amenazante amalgama que puede terminar con la vida, no sólo de la civilización gestada por el occidente “desarrollado”, sino también de los hombres y demás seres vivientes; los golpes más peligrosos e inmediatos caerán primero en las regiones más indigentes. Los esfuerzos de los gobiernos por dar respuesta a esta crisis global aparecen como inadecuados.
Los intentos de las empresas e industria de reformar sus políticas se encuentran imposibilitados por imposiciones estructurales que sólo consideran la expansión y las ganancias.
Los modelos dominantes del capitalismo y del socialismo priorizan el crecimiento económico rápido y la acumulación colectiva e individual de la riqueza, para responder a un consumismo insaciable demandante de la visión ocultando graves e insolubles problemas. Desencanto y lucidez transitan el mismo camino. El ser humano para ser lo que es debe cambiar siempre y la imposibilidad de cambio real muta en resistencia. A todo esto, la tendencia conservadora cobra primacía en la sociedad, para que el yo cobre certeza es preciso cerrarse a toda alternativa de cambio. Se persigue a todos los que proyectan los cambios necesarios, el suicidio tiene rango colectivo.
En la vida moderna la pérdida de sentido de la vida genera un vacío cultural, la cultura aunque sea muy “expresiva” no expresa nada, es cobertura de vaciedad. La dinámica del comercio cultural, la gran producción, no son muestras de excelencia, sino de decadencia. Nada dura en ese universo, salvo la insatisfacción que ni el consumismo logra atenuar.
Consumismo, adicción, pilares de un mercado que digita, consagra y denosta. El ánimo de los seres humanos alberga indiferencia, insensibilidad, sinsentido; se pretende cubrir el vacío con objetos. Un sinnúmero de formas pretenden conferir sentido a la existencia.
Reinan las apariencias, desaparece lo sustancial y esencial. Ganan espacio en la consideración social lo frívolo y superfluo, aunque sin explicitarse. Ese universo de frivolidad se puebla con cosas y mercancías que postergan al ser humano, la fetichización impera en todos los órdenes de la cotidianidad. La conciencia queda inmovilizada, su inercia produce retraso mental. La voluntad, que es el poder real, no se manifiesta, ni proyecta. Proyectarse significa exponerse, mostrar de lo que se es capaz, persuadir, convencer. Todo lo contrario de la fuerza que clausurando a los demás se clausura. La vida, el bienestar de todos es considerado imposible por los poderosos.
Estos modelos de consumo exagerado no pueden extenderse a toda la población mundial porque provocaría daños inmediatos irreversibles. Son los principales causantes de la Crisis Global; ante las evidencias del daño ambiental continúan con su expansión, con la explotación irracional de los recursos aún en las regiones más lejanas del planeta, e incluso buscan ganancias en acciones presuntamente medioambientalistas.
La crisis avanza y las amenazas a la paz mundial se acrecientan. Las naciones- estado demandan recursos naturales escasos para sobrevivir, las guerras por el petróleo ya han comenzado.
De acuerdo con Rafael Bautista (2011), 500 años de Modernidad han derivado en un sistema socioeconómico que sume en la pobreza al 80 % de los habitantes del planeta; mientras niega la capacidad regenerativa de la propia naturaleza.
Las derivaciones sociales de la crisis sistémica crean situaciones paradójicas; en efecto, en la era de las comunicaciones deambulamos en una sociedad de sordos, no somos capaces de escucharnos. La incomunicación devalúa las relaciones humanas, perdemos humanidad, las relaciones se mercantilizan, todo pasa por el rasero individualista de los intereses utilitarios. Con esas actitudes las personas contribuyen a la destrucción de la vida. Como dice Rafael Bautista, “todos, al perseguir su bienestar exclusivamente particular, colaboran en el malestar general”. Se generaliza la competencia, las aspiraciones chocan entre sí, no existe la comunidad, los seres humanos se atomizan.
La sociedad se sumerge en un continuo desequilibrio, algo debe cambiar siempre para que nada cambie, la moda es el reflejo de lo social, variaciones de lo mismo, la vida pierde sentido y el sin sentido da origen al cambio superficial, lo sustancial es ignorado y las apariencias cubren todo: no es factible cuando el tema concierne a la posibilidad de mejorar la economía de los pobres, inviable, cuando se propone ampliar el horizonte democrático. Es que el poder precisa relativizar la importancia de los pueblos en la construcción de su propia vida “porque sólo hay ejercicio del poder cuando hay sobre quien ejercerlo, manifiesta Rafael Bautista. La sempiterna dialéctica del amo y el esclavo.
 
La importancia de la acción personal se percibe en toda su magnitud cuando se constata que la transformación real es transformación del sujeto, desde allí se dinamiza el cambio estructural. La historia se hace conciencia, condición insoslayable para proyectar futuro. Los sueños perseguidos habitan nuestro interior, no proceden de afuera, se carece del conocimiento que les otorga visibilidad; las respuestas a las preguntas que nos acucian anidan en nuestros pechos. El resplandor moderno de las mercancías ajenas nos coloniza la subjetividad. En ese contexto, nadie podía enseñar como Buen Vivir, los que lo sabían soportaban el extenuante peso del sometimiento estructural. “La estructura de las luchas indígenas se puede condensar en un afán que manifiesta el deseo de vivir-de-otro-modo; esto quiere decir: vivir como se vive ahora no es vida, vivir de modo digno no es posible en la forma de vida actual”, sostiene Bautista. “No hay ningún paraíso para recuperar, se trata de retomar una estructura ética que expresa un modo de vida más racional, más humano, más digno. Recuperar recuperándonos como sujetos, viviendo una buena vida con plenitud moral y rebosante de belleza”, sostienen desde los Andes.
 
Dejar atrás la tolerancia represiva
 La crisis estructural trae aparejada una crisis de dominación para el capital. “En el transcurso del desarrollo humano, la función del control social ha sido enajenada del cuerpo social y transferida al capital que, por consiguiente, adquirió el poder de agrupar a las personas en un esquema jerárquico estructural funcional, de acuerdo con el criterio de una mayor o menor participación en el necesario control sobre la producción y la distribución”, sostiene I. Meszáros.
En el marco del proceso de globalización, concentración y expansión el poder de control asumido por el capital se va retransfiriendo de facto al cuerpo social. Aflora una contradicción fundamental entre una incipiente pérdida de control y la forma de control establecida. Si miramos debajo de la superficie de los acontecimientos vemos que el control del capital se va esfumando y el paisaje de las calles presenta como un hecho habitual a movimientos sociales protestando por las consecuencias de las políticas instrumentadas por los gobiernos. Poderosas presiones sociales inciden en el cambio producido hasta en el vocabulario de políticos y el surgimiento de corrientes identificadas a tientas con propuestas de cambio.
En Estados Unidos, el gendarme del sistema se producen fenómenos hasta hace poco tiempo impensados. Según un sondeo realizado por Gallup en el 2018, solo un 45 % de los estadounidenses de entre 18 y 29 años de edad está a favor del capitalismo y un 51% apoya el socialismo. Además, el estudio GenForward, realizado por científicos de la Universidad de Chicago, reveló que de los cuatro grandes grupos raciales, sólo los blancos eligen mayoritariamente —un 54%— el sistema económico actual, mientras que los ciudadanos de origen africano, asiático y latino simpatizan predominantemente con el socialismo.
«Hemos encontrado una tendencia preocupante hacia la normalización de la connotación positiva del ‘socialismo'», afirmó con amargura la fundación Víctimas del Comunismo (VOC), comentando su propio estudio, que corroboró, en general, los datos de Gallup.
Un socialismo que navega en ambigüedades, aún en los conceptos y mentes de sus dirigentes. Bernie Sanders, precandidato a presidente por el Partido Demócrata, ha dicho: «No creo que el Gobierno deba poseer los medios de producción, pero sí creo que la clase media y las familias trabajadoras, que producen la riqueza de EE.UU., merecen un trato justo. Creo en las compañías privadas que prosperan, invierten y crecen en EE.UU. en lugar de enviar sus trabajos y ganancias al extranjero». Julia Salazar, estrella en ascenso del socialismo democrático elegida el año pasado en el Congreso del estado de Nueva York, sostiene que el objetivo final del movimiento debe consistir en la supresión del capitalismo: «Un socialista democrático reconoce que el sistema capitalista es inherentemente opresivo y está trabajando activamente para desmantelarlo y para empoderar a la clase obrera y a los marginados en nuestra sociedad».
Suben a la superficie los límites del capital tanto en lo militar como en lo ecológico, de cara al peligro de un aniquilamiento nuclear y una marcada destrucción del medio ambiente, el sistema colisiona con los propios límites de la existencia humana. El capital fiel a su naturaleza procura obtener ganancias de esta situación.
Instituciones de relevante importancia en el control social y el encasillamiento ideológico de las personas pierden el favor de los pueblos con cada aparición del sol, nos referimos a la iglesia, la educación, la familia.
En el capital, lo que hoy se incrusta en el ámbito de la libertad, mañana se inserta en una de las tantas contradicciones. En la década de los `60 del siglo pasado la píldora anticonceptiva era un símbolo de libertad sexual, en especial en lo que concernía a la mujer. “…la típica familia nuclear occidental, la pareja casada con hijos, se encontraba en franca retirada. En los Estados Unidos, estas familias cayeron del 44 por 100 del total de hogares al 29 por 100 en veinte años (1960-1980); en Suecia, donde casi la mitad de los niños nacidos a mediados de los años ochenta eran hijos de madres solteras… En determinados casos, dejó de ser incluso típica. Así, por ejemplo, en 1991 el 58 por 100 de todas las familias negras de los Estados Unidos estaban encabezadas por mujeres solteras, y el 70 por 100 de los niños eran hijos de madres solteras”, decía Eric Hobsbawm. Aparecían fuertes indicadores de la pérdida de vigencia de la familia nuclear, el gran reproductor ideológico del capital.
El presidente francés E. Macron estimó que podía lograr una tregua con los movimientos sociales que vienen cuestionando su gestión, refugiándose en el sentimiento religioso de los franceses que esperaba estarían sensibilizados por la destrucción de la catedral de Notre-Dame. Desde esa perspectiva postergó el discurso que debía pronunciar para comunicar los resultados del llamado debate nacional. No hubo tregua y las ciudades francesas volvieron a vestirse de amarillo.
«Los chalecos amarillos agradecen a todos los generosos multimillonarios donantes para salvar a Notre-Dame y proponen que ofrezcan lo mismo a los Miserables –publicó en su facebook  Jerôme Rodrigues, –  referente de los “chalecos”.  No hubo tregua y durante las marchas pudieron escucharse a los chalecos gritar  revolución en repetidas oportunidades. Un cartel decía: «El capitalismo es el cáncer del planeta,  Macron es un tumor y los chalecos amarillos el remedio», «No escuchan a la gente, y de repente, sacan del bolsillo millones para las piedras», «La piedra tiene más valor que el ser humano».
La escuela es uno de los mayores espacios de socialización. “La enseñanza general básica, es decir la alfabetización elemental, era, desde luego, algo a lo que aspiraba la práctica totalidad de los gobiernos … La gran expansión económica mundial hizo posible que un sinnúmero de familias humildes –oficinistas y funcionarios públicos, tenderos y pequeños empresarios, agricultores, y en Occidente hasta obreros especializados prósperos- pudiera permitirse que sus hijos estudiasen a tiempo completo”, sostenía Eric Hobsbawm refiriéndose a los años dorados del capitalismo en el Siglo XX. En la actualidad 264 millones de niños no concurren a la escuela, por cierto una institución muy criticada por los contenidos que imparte y por su estructura de funcionamiento.
Los datos socioeconómicos que arroja la crisis dificultan encontrar un calificativo para ellos: 821 millones de ciudadanos pasan hambre (12,9% de la población mundial); 1.100 millones viven en condiciones de extrema pobreza (14,5%), 2.800 viven en situación de pobreza (36,8%). La nutrición deficiente es causa de muerte del 45% de los niños menores de 5 años: 3,1 millones de niños mueren anualmente por esta causa (8.500 por día); 66 millones de niños asisten a clase con hambre en los países subdesarrollados. Cifras suministradas por Unicef. Además, 2.100 millones de personas no tienen acceso a agua potable, 4.000 millones (más de la mitad de la población mundial) carece de saneamiento seguro según la Organización Mundial de la Salud. En el mundo hay alrededor de 350 millones de personas que “no existen”, que no tienen ningún tipo de registro de su vida, que no son sujeto de estadísticas.(...)
Tiempos vendrán en que para salir de la crisis se planteen transformaciones radicales que afecten de manera irreversible los parámetros sistémicos del capital. Para hacer realidad estos deseos es imprescindible la creación de un movimiento radical de masas que entre otros aspectos desarrolle una labor de educación política del pueblo.

16 de abril de 2019

III. Diferencias irreconciliables entre el progresismo y las izquierdas

El capitalismo ha fracasado,
¿qué viene a continuación?
9 de marzo de 2019
 
 
Por John Bellamy Foster
Kritika
Casi al terminar las dos primeras décadas del siglo XXI, es evidente que el capitalismo ha fracasado como sistema social. Hoy el mundo está inmerso en el estancamiento económico, la financiarización, el desempleo masivo, el subempleo, la precariedad, la pobreza, el hambre, y la desigualdad más extrema de la historia. Desde el punto de vista ecológico vivimos una planeta amenazado por una “espiral de muerte.” (1)
La revolución digital, el mayor avance tecnológico de nuestro tiempo, que en sus inicios fue una promesa de comunicación libre se ha transformado en un poderoso medio de vigilancia y control de la población. Las instituciones de la democracia liberal están a punto de colapsar, mientras que el fascismo, la retaguardia del sistema capitalista, está de nuevo en marcha, junto con el patriarcado, el racismo, el imperialismo y la guerra.
Decir que el capitalismo es un sistema fallido no es, por supuesto, sugerir que su ruptura y desintegración es inminente. (2) Sin embargo, significa – que en el presente siglo- el capitalismo ha dejado de ser un sistema necesario para transformarse en un régimen innecesario y destructivo. Hoy, más que nunca, el mundo se enfrenta a la elección entre “la transformación revolucionaria de la sociedad o la ruina de las clases en pugna” (3).
Las indicaciones de este fracaso están en todas partes.
Los llamados mercados libres están obstruyendo la inversión productiva y la especulación financiera trae consigo burbujas que explotan inevitablemente. (4)
Una creciente desigualdad en los ingresos y la concentración de la riqueza ha degradado de las condiciones materiales de la gran mayoría. (Los salarios reales para los trabajadores en los Estados Unidos apenas se han movido en cuarenta años, a pesar del aumento constante de la productividad). (5)
La intensidad del trabajo ha aumentado, mientras que la seguridad en las faenas son sistemáticamente eliminadas. Los datos de desempleo ya no tienen sentido debido al subempleo institucionalizado. (6) Los sindicatos son meras sombras del pasado. El capitalismo ha conseguido un control arbitrario de los lugares de trabajo. Con la desaparición de las sociedades de tipo soviético, la socialdemocracia en Europa ha fenecido en manos de la ideología del “libre mercado” (7).
La plusvalía obtenida por las corporaciones multinacionales – en las regiones más pobres del mundo – está produciendo una acumulación de riqueza financiera sin precedentes en el centro de la economía mundial y una extendida pobreza en el mundo de la periferia, (8). (Alrededor de 21 billones de dólares de fondos offshore se esconden en paraísos fiscales (principalmente en el Caribe) creando “un refugio fortificado de las grandes finanzas”). (9)
Los monopolios tecnológicos impulsados ​​por la revolución de las comunicaciones, junto con el dominio del capital financiero y los activos especulativos (con sede en Wall Street) contribuyen de forma permanente al enriquecimiento del “uno por ciento”. Cuarenta y dos multimillonarios disfrutan de tanta riqueza como la mitad de la población mundial; los tres hombres más ricos de los Estados Unidos, Jeff Bezos, Bill Gates y Warren Buffett, tienen más riqueza que la mitad de la población de su país. (10)
En todas las regiones del mundo, la desigualdad ha aumentado considerablemente en las últimas décadas. (11) La brecha en el ingreso per cápita, entre las naciones más ricas y las más pobres, crece apresuradamente. (12) El 60 por ciento de la población empleada del mundo, unos dos mil millones de personas, trabajan en un sector informal empobrecido, formando un enorme proletariado global. El ejército de reserva del trabajo es un 70 por ciento más grande que el ejército de trabajadores formalmente empleados. (13)
La asistencia sanitaria, la vivienda, la educación, el agua y el aire limpio están fuera del alcance de grandes sectores de la población. En los países ricos de América del Norte y de Europa el transporte se ha vuelto insostenible, con niveles irracionalmente altos de dependencia del automóvil y con una pasmosa falta de inversión en el transporte público.
Las estructuras urbanas se caracterizan por la gentrificación y la segregación; en las ciudades se construye para favorecer a la población acomodada, mientras se margina a amplios sectores ciudadanos. Alrededor de medio millón de personas (la mayoría de ellos niños) no tienen hogar en los Estados Unidos. (14) Nueva York está experimentando una gran infestación de ratas, atribuida al calentamiento global, lo que refleja otras de las tendencias que afectan a todo el mundo.(15)
En los países de altos ingresos, la esperanza de vida está en pleno declive; hay un resurgimiento de las enfermedades – de la época victoriana – que esta directamente relacionada con la pobreza y la explotación. En Gran Bretaña, la escarlatina, la tos ferina, la tuberculosis y el escorbuto han vuelto emerger después de haber desaparecido por décadas. La llamada enfermedad pulmonar negra ha vuelto con fuerza en las minas de carbón en todo el norte rico. (16)
El uso excesivo de antibióticos, utilizados por la industria pecuaria y agrícola, está provocando una peligrosa resistencia a los antibióticos. Para mediados de siglo las muertes por la aparición de las súper-bacterias podrían superar las muertes anuales por cáncer, lo que ha llevado a la Organización Mundial de la Salud a declarar una “una emergencia sanitaria mundial” .(17) Definitivamente, esta espiral destructiva de la vida es el resultado del funcionamiento de un sistema fracasado. (Frederick Engels lo llamó “asesinato social”, en su libro La Formación de la Clase Obrera en Inglaterra). (18)
A instancias de corporaciones gigantes, fundaciones filantro-capitalistas y gobiernos neoliberales, la educación pública se está reestructurando con la implementación de la Inteligencia Artificial. Este mecanismo está generando bases de datos entre la población estudiantil, para comercializarlos y venderlos al mejor postor. (19) La privatización de la educación está pensada para alimentar la sumisión al mercado. En la practica estamos viviendo la burda filosofía utilitaria dramatizada en la novela “Los tiempos difíciles” de Charles Dickens. (20)
En los Estados Unidos muchas de los colegios más pobres y racialmente segregados son “escuelas del delito” (21). Más de dos millones de personas están tras las rejas. Los Estados Unidos tienen la tasa de encarcelamiento más alta del mundo. La población que hay en prisión es casi igual a la población de Houston, la cuarta ciudad del país. Los afroamericanos y los latinos constituyen el 56 por ciento de los encarcelados. Tanto negros, hispanos y nativos americanos tienen casi tres veces más probabilidades de morir por un disparo de la policía. (22)
La violencia contra las mujeres y la expropiación de su trabajo no remunerado (así como la sobre-explotación del trabajo remunerado) son parte integral de la forma en que se organiza el poder patriarcal en la sociedad capitalista, y de cómo se trata de dividir, en lugar de unificar a la población trabajadora. Más de un tercio de las mujeres en todo el mundo han sufrido violencia física o sexual. Los cuerpos de las mujeres son mercantilizados como parte del sistema de mercado. (23)
La propaganda de los medios masivos se ha fusionado con un sistema de publicidad basado en los medios sociales, concentrando como nunca el dinero y el poder en manos de tres o cuatro gigantes tecnológicos. Con las modernas técnicas de mercadotecnia y vigilancia de masas las grandes empresas dominan todas las interacciones digitales, adaptando sus mensajes sin ningún tipo de control. Diariamente se generan “noticias falsas” en todos los ámbitos. (24) Han nacido numerosas empresas que se dedican a manipular tecnológicamente a los votantes (en todo el mundo) subastando sus servicios a los partidos políticos capaces de pagar este tipo de manipulación. (25)
La eliminación de la neutralidad de la red ha permitido una mayor concentración y control sobre toda Internet por parte de los monopolios proveedores de estos servicios. Las elecciones son presa del “dinero oscuro” no regulado que procede de las corporaciones y de la clase multimillonaria. Estados Unidos, aunque se presenta como la principal democracia del mundo, “tiene sólo una apariencia democrática pero un contenido profundamente plutocrático” (Paul Baran y Paul Sweezy en El Capital Monopolista). (26)
Con la administración de Trump – siguiendo una tradición establecida hace mucho tiempo- el 72 por ciento de los miembros de su gabinete provienen de los escalones corporativos más altos, mientras que otros han sido elegidos por el ejército. (27)
La guerra, diseñada por los Estados Unidos  y otras potencias importantes, se ha hecho permanente en regiones petroleras estratégicas y amenaza con convertirse en un conflicto termonuclear global. Durante el gobierno de Obama, Estados Unidos participó en guerras, atentados y bombardeos en siete países diferentes: Afganistán, Irak, Siria, Libia, Yemen, Somalia y Pakistán. (28) Washington ha vuelto ha utilizar la tortura y los asesinatos como instrumentos contra individuos, países y sociedades enteras, que son arbitrariamente calificadas de terroristas.
Este último tiempo se está articulando una nueva Guerra Fría y una carrera de armamentos nucleares entre los Estados Unidos y Rusia, mientras Washington pone todos los obstáculos posibles al crecimiento de la nación china. La administración Trump ha creado una nueva Fuerza Espacial como una rama separada del ejército en un intento por asegurar su superioridad con la militarización del espacio.
Una prestigiosa revista de los Científicos Atómicos han hecho sonar las alarmas por el aumento del peligro de una guerra nuclear y por la desestabilización del clima, colocando el “reloj del fin del mundo a dos minutos para la medianoche”, el más cercano desde el año 1953. (29)
Estados Unidos impone sanciones económicas cada vez más severas a países como Venezuela y Nicaragua, a pesar de sus elecciones democráticas, o debido a ellas. Las guerras comerciales y de divisas son promovidas activamente por los Estados centrales del sistema capitalista, mientras se levantan murallas racistas contra la inmigración en Europa y los Estados Unidos.
Unos 60 millones de refugiados y personas desplazadas huyen de países devastados por el hambre y la guerra. Las poblaciones migrantes ha aumentado a 250 millones, y las que residen en países de altos ingresos constituyen más del 14 por ciento de sus poblaciones. Mientras los países ricos amurallan sus islas de privilegios (30) más del 10 por ciento de la población mundial, padecen desnutrición crónica. (31) Alrededor de cuarenta millones de estadounidenses (uno de cada ocho familias) – incluidos casi trece millones de niños- padecen de inseguridad alimentaria y crece la producción de alimentos tóxicos y de baja calidad. (32)
Los pequeños agricultores están siendo expulsados ​​de sus tierras por el agro-negocio, el capital privado y los fondos soberanos, en un proceso mundial que constituye el mayor desplazamiento de personas en la historia. (33)
El hacinamiento urbano y la pobreza es tan grave que ahora uno puede referirse razonablemente a un “planeta de ciudades miseria”. (34) Junto al despojo de los pequeños propietarios el mercado mundial de la vivienda sigue una curva al alza desmesurada producto de la especulación.(Se estima que tendrán un valor $ 163 billones de dólares; el oro extraído en toda la historia está estimado en $ 7.5 billones). (35)
La época antropocena, iniciada por la gran aceleración de la economía (después de la Segunda Guerra Mundial) ha generado el cambio climático y la acidificación del océano. Se ha puesto en marcha la llamada sexta extinción con la desaparición de bosques, contaminación tóxica, química, radioactiva, pérdida de agua dulce y destrucción del nitrógeno y de ciclos del fósforo. (36)
En las últimas décadas el 60 por ciento de la población mundial de vertebrados (mamíferos, reptiles, anfibios, aves y peces) y un 45 por ciento de invertebrados han disminuido peligrosamente. (37) El climatólogo James Hansen ha explicado que la pérdida de la biodiversidad y el “exterminio de especies” es el resultado del cambio climático. Los biólogos calculan que a este ritmo casi la mitad de las especies van a estar en peligro de extinción a fines del siglo XXI. (38)
Todos los especialistas científicos advierten que si continúan las tendencias actuales la catástrofe ambiental está asegurada. (39) De continuar, el incremento de las emisiones de carbono los daños ecológicos, sociales y económicos serán irreversibles (en 2018 aumentaron en 2.7 por ciento y en un 3.4 por ciento en los Estados Unidos). Las reducciones de las emisiones que actualmente se requieren para evitar una desestabilización fatal para el balance energético de la Tierra, son simplemente incalculables.(40)
Sin embargo, las principales corporaciones de energía siguen embaucando a la población con su interesada visión del cambio climático. Promueven y financian el negacionismo, a pesar que en sus documentos internos admiten la verdad de la situación. Estas corporaciones están trabajando para acelerar la extracción y producción de combustibles fósiles (incluidas las variedades más generadoras de gases de efecto invernadero) obteniendo enormes ganancias en el proceso.
El derretimiento del hielo ártico producto del calentamiento climático es visto por el capitalismo como un nuevo El Dorado, que les permitirá explotar enormes reservas de petróleo y gas, sin tener en cuenta las consecuencias para el clima. A los informes científicos la respuesta de Exxon Mobil ha sido: “trataremos de extraer y vender todas las reservas de combustibles fósiles posibles”. (41)
Las corporaciones de energía sigue interviniendo en las negociaciones sobre el clima, impidiendo el control de las emisiones de carbono. Con la desestabilización del clima los países capitalistas no sólo ponen en primer lugar la acumulación de riqueza para unos pocos, sino que también amenazan el futuro de todos los seres humanos.
Como el capitalismo es un modo de producción que funciona por la acumulación del capital (con la explotación de la fuerza de trabajo) y con el predominio del mercado en todas las esferas de la vida su contabilidad económica considera valor todo lo que circula por el mercado y produce ingresos. Esto significa que en sus métodos contables los costos sociales y ambientales están fuera del mercado y los beneficios, por lo tanto son tratados como “externalidades” negativas.. (42)
Hemos llegado a un punto en el siglo XXI en el que las “externalidades” de este sistema irracional (costo de la guerra, agotamiento de recursos naturales, desperdicio de vidas humanas, alteración del medio ambiente) están superando los beneficios económicos del propio capitalismo. Ahora la acumulación de la riqueza se está produciendo a expensas de una ruptura irreparable de las condiciones sociales y ambientales de la vida. (43)
Se podría pensar que por su rápido crecimiento China es una excepción. Aclaremos: el desarrollo chino tiene sus raíces en la Revolución de 1949 (llevada a cabo por el Partido Comunista encabezado por Mao Zedong) mediante la cual el país se liberó de la dominación imperialista. La revolución permitió a China un desarrollo con una economía planificada que construyó una sólida base económica industrial y agrícola.
Las reformas post-maoístas crearon un sistema híbrido, que junto con la planificación estatal estableció relaciones de mercado, que conllevan contradicciones sociales y ecológicas. Por el momento estas reformas han resultado particularmente beneficiosas para el gigante asiático, tanto es así, que los EEUU a través de guerras comerciales – y otras presiones – está tratando de impedir el crecimiento de China.
La historia demuestra que el cambio y el desarrollo de China no es el resultado de un capitalismo tardío. De hecho el actual modelo chino contiene muchas de las tendencias destructivas propias del capitalismo. Por tanto, en última instancia, el futuro de China también dependerá de un retorno a un proceso de transformación revolucionaria.(44)
¿Cómo se ha desarrollado el actual contexto desastroso que caracteriza al capitalismo mundial en este siglo?
Para comprender el fracaso del capitalismo es necesario realizar un examen histórico del auge del neoliberalismo. También se requiere estudiar cómo este modelo capitalista ha servido para aumentar la capacidad destructiva del sistema. Solo así podremos abordar el futuro de la humanidad en el siglo XXI.
El neoliberalismo y el fracaso capitalista
Muchos de los síntomas del fracaso del capitalismo descritos anteriormente son bien conocidos. Sin embargo, a menudo no se atribuye el desastre al capitalismo como sistema, sino simplemente a algo que llamamos neoliberalismo. Hay intelectuales que creen que este modelo particular de desarrollo capitalista puede ser reemplazado por otra forma de dominio del capital.
Para muchos en la ‘izquierda” la respuesta al neoliberalismo es un retorno al estado de bienestar, a la regulación del mercado o, a alguna otra forma de democracia social limitada, y por lo tanto a un capitalismo más racional. No es el fracaso del capitalismo lo que se percibe como el problema, sino el fracaso del capitalismo neoliberal.
Al contrario de este pensamiento la tradición marxiana entiende el neoliberalismo como una etapa del capitalismo en su etapa tardía. Se trata de un periodo en que el sistema para sobrevivir estar totalmente subordinado al capital monopolista-financiero.
Por tanto, para efectuar análisis crítico-histórico del neoliberalismo no solo es necesario entender cómo funciona el capitalismo actual, sino que también hay que comprender la razón porque es imposible una alternativa al neoliberalismo que mantenga incólume el sistema capitalista.
El término neoliberalismo tuvo su origen a principios de la década de 1920. Fue Ludwig von Mises en su libro “La Nación, el Estado y la Economía” (1919) quien colocó las bases fundacionales de la ideología neoliberal-capitalista. (45) En su trabajo, Mises (entonces empleado por la Cámara de Comercio de Viena) planteó que: “el viejo liberalismo tiene que regresar para derrotar al socialismo”. Calificó al socialismo como “destructivo”, defendió la desigualdad, sostuvo que los monopolios eran parte de la libre competencia y que los consumidores ejercían la “democracia” cuando compraban, porque esta actividad era equivalentes a votar en las elecciones.
Ludwig Von Mises condenó enérgicamente la legislación laboral, el seguro social obligatorio, los sindicatos, el seguro de desempleo, las nacionalizaciones, los impuestos y la inflación. (46 )Tan extremos fueron sus puntos de vista que comentando el libro de Dickens “Hard Times” descalificó a Sissy Jupe (la joven heroína de la novela) porque había, ”enseñado a millones de personas a odiar el liberalismo y al capitalismo”. (47)
En 1921, el austro-marxista Max Adler acuñó el término neoliberalismo para designar los intentos de Mises de restaurar un orden liberal en plena decadencia a través de una nueva ideología “fetichismo del mercado”. Por su parte la austro-marxista Helene Bauer y el marxista alemán Alfred Meusel elaboraron documentadas críticas a Mises, para la revista teórica alemana Die Gesellschaft, editada por Rudolf Hilferding. (48)
Sobre la base de un análisis marxista, Adler, Bauer y Meusel demostraron que es falsa la afirmación de Mises: “que un capitalismo no regulado es el único sistema económico racional” y combatieron con argumentos consistentes la idea de “un capitalismo armonioso” basado en el libre mercado.
En el análisis de Mises los sindicatos eran un obstáculo al mercado, mientras las patronales y las empresas monopólicas eran totalmente compatibles con la libre competencia. Del mismo modo, Mises abogaba por un estado fuerte con el objeto de coartar la lucha de la clase trabajadora, en nombre de un mercado autorregulado porque, “cualquier acción contra el libre mercado son una forma de terrorismo”.
Para Meusel, Mises era “un ferviente servidor del capital financiero internacional” y para el economista Othmar Spann (1926) “sus ideas eran un intento atávico, de volver a una versión extrema del liberalismo clásico”.(49)
En 1927, en su obra “Liberalismo”, el propio Mises distinguió entre “antiguo liberalismo y neoliberalismo”. Según su opinión, el primer liberalismo aceptaba equivocadamente el concepto de igualdad. En contraste, el neoliberalismo rechaza la igualdad y la reemplazaba por lo que llamó “igualdad de oportunidades”. (50)
El neoliberalismo, tal como surgió de la pluma de Mises, estaba muy alejado de los nociones del liberalismo clásico. Los críticos marxistas –e incluso algunas figuras de la derecha- lo vieron como un intento de ofrecer algún tipo de racionalidad al capital financiero y a la era de los monopolios. Desde su origen, el neoliberalismo fue un proyecto para proveer una base intelectual a la guerra de clases de los capitalistas; una guerra no solo contra el socialismo, sino contra todo intento de regulación social y de democracia: un ataque sin cuartel a la clase trabajadora.
Junto con su protegido Friedrich Hayek, el ataque de Mises al socialismo fue una reacción contra la Viena Roja donde destacaban las figuras de Adler, Otto Bauer y Karl Renner. (51) En esa misma época el economista Karl Polanyi desarrolló una aplastante crítica a los dogmas neoliberales que formarían la base teórica de su libro “La Gran Transformación”. (52)
En los años 1930 a 1960 (después de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial) la ideología neoliberal perdió influencia en medio de una profunda crisis del capitalismo. A principios de la década de 1930, cuando las nubes de la tormenta se acumularon en Europa, Mises se desempeñó como asesor económico del dictador austriaco Engelbert Dollfuss. (53) Más tarde con el apoyo de la Fundación Rockefeller Mises emigró a Suiza y luego a los Estados Unidos, donde enseñó en la Universidad de Nueva York. Mientras tanto, Hayek fue reclutado por la London School of Economics, a instancias del economista neoliberal británico Lionel Robbins.
Sin embargo, en el mundo occidental las tesis del economista británico Keynes se impusieron en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Las economías capitalistas crecieron rápidamente durante un cuarto de siglo animadas por el aumento del gasto estatal, (en medio de la Guerra Fría) la reconstrucción de las economías europeas y japonesas, la expansión del comercio, la era del automóvil y dos grandes guerras (Corea y Vietnam)en Asia. (54)
Mientras tanto, ante la amenaza de un modelo alternativo representado por la Unión Soviética y la creación de sindicatos fuertes, los gobiernos de los países occidentales aplicaron políticas keynesianas con el llamado “estado de bienestar”. Sin embargo, se mantuvo la tendencia al estancamiento económico – como un defecto estructural del sistema – que temporalmente se disimuló por la llamada Edad de Oro.
Durante esta etapa las gigantescas corporaciones del capitalismo monopolista lograron apropiarse de un superávit cada vez mayor, tanto en términos absolutos como relativos. Este proceso que provocó una sobreacumulación productiva (y de capital ) fue en parte compensada por una expansión de las ventas, el militarismo y el imperialismo.
Finalmente, la excesiva propagación de billetes de dólares por el mundo, provocaron la ruptura de los acuerdos de Bretton Woods que habían estabilizado el comercio mundial, de tal manera que Richard Nixon se vio obligado a poner fin al patrón dólar-oro en los 70. Esta medida estaba relacionada con la desaceleración de la economía estadounidense a partir de finales de la década de 1960.
El fin de la guerra de Vietnam marcó el comienzo de décadas de estancamiento económico. Lento pero seguro, se inició un largo declive de la economía con una tendencia a la baja de la tasa de crecimiento en las economías capitalistas avanzadas. Los principales estímulos que provocaron el auge posterior a la Segunda Guerra Mundial se habían desvanecido, dejando a las economías capitalistas en crisis. (55)
La primera respuesta a la crisis del sistema –que surgió en la década de 1970- fue utilizar las tesis keynesianas para expandir el gasto estatal. El gasto civil y gubernamental de los Estados Unidos en bienes y servicios alcanzó un pico durante la administración de Nixon. (56) Como consecuencia de esta política económica las empresas elevaron los precios agresivamente y los sindicatos lucharon por mantener los salarios reales de los trabajadores. El efecto fue un período de estancamiento económico más inflación.
Como la inflación disminuye la riqueza acumulada –en forma de activos monetarios- es una amenaza directa para la clase capitalista. Entonces, surgió un movimiento anti-keynesiano que descalificó cualquier posición a la izquierda del más extremo neoliberalismo. Esta resucitada ideología se propuso revertir décadas de las modestas conquistas de los trabajadores. (57)
Hubo un giro brusco hacia la austeridad y la reestructuración económica. En sus inicios bajo el disfraz de monetarismo y el aumento de la oferta, pero bajo cuerda se llevó a cabo un programa para destruir los sindicatos por medios políticos, económicos y jurídicos. Se eliminó lo que John Kenneth Galbraith llamó ”el poder compensador” del trabajo. (58)
La clave para el resurgimiento del neoliberalismo fue la Sociedad Mont Pèlerin, llamada así por el balneario suizo donde Mises, Hayek, Robbins, Milton Friedman, George Stigler, Raymond Aron se reunieron en 1947 para promover la economía neoliberal y sus ideas políticas. Los miembros de la Sociedad Mont Pèlerin generalmente se referían a sí mismos como liberales, en el sentido europeo, como una manera de contrarrestar las devastadoras críticas marxistas a la ideología neoliberal . Evitaron de manera sistemática la etiqueta de neoliberal – que el propio Mises había adoptado en 1927 – en el Coloquio “Walter Lippmann” de 1938 en París, al que asistieron Mises y Hayek. (59)
En cambio, el neoliberalismo no fue presentado como una ideología política sino como una extensión del liberalismo clásico y como parte inseparable a la naturaleza humana. Como argumentó Michel Foucault, el neoliberalismo, de esta manera se convirtió en la primera forma de la llamada biopolítica . (60) Aunque en apariencia sus teóricos abandonaban la etiqueta neoliberal, la Sociedad Mont Pèlerin, a través del Departamento de Ecoe la Universidad de Chicago, se erigió en el bastión de esta ideología.
En la era keynesiana, de los años cincuenta y sesenta, figuras como Mises, Hayek, Friedman y James Buchanan se mantuvieron al margen de las grandes decisiones, aunque fueron fuertemente financiadas por fundaciones privadas. (61) Pero, con el regreso del estancamiento económico, los intelectuales neoliberales fueron reclutados por la cúspide del capital monopolista para proporcionar la base ideológica de una campaña para reestructurar la economía capitalista. Su principal objetivo era batir a los trabajadores, al estado, al gobierno y a las economías del sur global.
Desde el principio, los economistas neoliberales fueron presentados como paladines del libre mercado y del espíritu empresarial aunque su tarea fue la defensa del capital monopólico y de las dinastías de la clase burguesa. (62) La virulencia del programa anti-socialista tenía como propósito la completa privatización del mercado y de la vida social.
En el Londres de Margaret Thatcher y en el Washington de Ronald Reagan, las figuras de Hayek y Friedman se convirtieron en los símbolos de la era neoliberal. El Premio Nobel en Economía, o el Premio Sveriges Riksbank en Ciencias Económicas (establecido por el Banco de Suecia en 1969) fue controlado desde sus inicios por economistas neoliberales ultraconservadores. Siete miembros de la Sociedad Mont Pèlerin, incluidos Hayek, Friedman, Stigler y Buchanan, recibieron el Nobel entre 1974 y 1992, mientras que economistas ligeramente socialdemócratas fueron totalmente excluidos. (63)
A pesar de su persistente fracaso en la promoción del crecimiento, el neoliberalismo se ha impuesto. Su propósito siempre fue ofrecer cierta racionalidad a una economía dominada por las grandes empresas y el poder de los monopolios. (64) En efecto, el neoliberalismo, no fue más que una estrategia político-económica eficaz para la clase multimillonaria, en una época en que el capital financiero buscaba tomar el control de todos los flujos monetarios de la sociedad (65).
Si bien las economías capitalistas continuaron estancadas y las tasas de crecimiento disminuyeron década tras década, el capital excedente en manos de las grandes corporaciones no sólo aumentó sino que organizó nuevas formas para acumular riqueza.(66) El cambio de una economía productiva a una economía de la financiarización abrió vías para la especulación y la formación de riqueza, alejando de manera relativa la inversión en la producción (es decir, la acumulación de capital real).
La globalización implicó no sólo nuevos mercados, sino, lo que es más importante, la apropiación de enormes excedentes económicos por la sobreexplotación del trabajo con los bajos salarios de la periferia. Esta sobreexplotación terminó en los arcas de las corporaciones multinacionales y de los multimillonarios del mundo. (67)
Las beneficios que los trabajadores habían obtenido -en los países centrales del capitalismo– empezaron a dejar de existir, mientras las empresas multinacionales aumentaron sus ganancias con un trabajo asalariado desvalorado y con un sistema de subcontratas. Paralelamente la tecnología digital creó las bases materiales para un nuevo capitalismo global de vigilancia y control económico constituyendo un sistema de compra y venta que utiliza los datos privados de centenas de millones de seres humanos. (68)
El crecimiento de la desigualdad y de la riqueza han sido justificados como necesarios para la innovación. Con este pretexto se han beneficiado a unos pocos con los avances cque son producto del conocimiento colectivo acumulado por muchos años. En esta nueva era de la expropiación, todo está en el mercado: educación, sistemas de salud, transporte, vivienda, tierras, ciudades, prisiones, seguros, pensiones, alimentos, entretenimiento.
Los intercambios han sido completamente mercantilizados, corporativizados y financiarizados. La comunicación humana se ha convertido en una mercancía más. Todo en nombre de la “sociedad de libre mercado”. Para las monopolios globales esta estrategia ha sido enormemente exitosa. Ahora el capitalismo (a pesar de Adam Smith) no estaba referido a “la riqueza de las naciones” sino que a la riqueza de la clase capitalista.
En cierta medida el proceso de financiarización logró contrarrestar las tendencias al estancamiento económico, pero lo hizo a costa de crisis financieras periódicas. Mientras la acumulación de riqueza se aceleran con ligas crisis se sigue produciendo una mayor concentración de la riqueza. Hoy los neoliberales sostienen, sin ambages, que es normal y natural una lógica que comporta despojo y acumulación de la riqueza como producto de la financiarización.
El estado también ha quedado atrapado por la política de financiarización. (69) En la gran crisis financiera de 2007-09, casi todos los bancos fueron rescatados y los ciudadanos pagaron el coste de la estafa. La Gran Crisis Financiera no constituyó una crisis para el neoliberalismo, al contrario, le dio un nuevo impulso. De hecho la política neoliberal se ha convertido en un sistema de expropiación que lo abarca todo.(70)
Una característica de esta nueva era del consumo es que ha aumentado el conflicto entre el valor de cambio y el valor de uso en el proceso económico. (71) El resultado es que: vivimos una emergencia planetaria social y ecológica (72) con un rápida destrucción del ambiente natural y las condiciones de vida.
Los combustibles fósiles se han incorporado como activos financieros, incluso cuando sólo existen en forma de reservas enterradas en el subsuelo. De esta manera, el combustible y la energía forman parte integral de todo el proceso de acumulación financiarizada del capitalismo monopólico. Los trillones de dólares de activos de Wall Street están amarrados al “capital” fósil .(73)
Hoy es doblemente difícil pasar del uso de combustibles fósiles a alternativas más sostenibles, como la energía solar y eólica. Como nadie es dueño de los rayos del sol ni del viento hay pocos interés en estas formas de energía. En el capitalismo las ganancias actuales y futuras dictan su manera de funcionar. En otras palabras, al sistema no le importa que sus beneficios se hagan a expensas de las personas y del planeta. Vivimos con una población que indefensa que observa perpleja la destrucción del clima y la desaparición de innumerables especies. Se trata de desastre anunciado e impuesto por la fuerza –aparentemente abrumadora– de la sociedad de mercado.
El neoliberalismo siempre se ha opuesto al “laissez faire” decimononico, ya que su ideología implica un Estado fuerte e intervencionista al servicio directo del capital y del mercado: lo que James K. Galbraith denominó “un Estado depredador”. (74)
En la visión neoliberal, el absolutismo capitalista no es un proceso espontáneo sino una forma de administrar un modelo que debe ser creado. El papel del estado no es simplemente proteger la propiedad (como sostuvo Smith) sino que como Foucault explicó es un sistema se hace necesario ampliar la dominación del mercado sobre todos los aspectos de la vida. (75) Por esto, el neoliberalismo ha reformado el estado y la sociedad, según los patrones del propio mercado.
Según la reflexión de Foucault, “el neoliberalismo para sostenerse debe modelar el poder político sobre los principios de la economía de mercado”. El estado no debe “corregir los efectos destructivos del mercado… más bien debe aprovechar estos efectos destructivos para imponer nuevas medidas que intensifiquen su penetración”. (76)
Para el economista neoliberal Jack Buchanan el objetivo no es limitar la acción del estado, sino ligarlo a los fines monopolistas-competitivos del capital. (77) Por tanto, el estado neoliberal ha sido transformado específicamente para coartar cualquier cambio que afecte negativamente al valor del dinero.
Ahora la política fiscal y la monetaria están fuera del alcance de cualquier gobierno que se atreva hacer algún cambio que afecten los grandes intereses creados. Los Bancos Centrales se han transformado en entidades controladas por los Bancos Privados. Los Ministerios de Hacienda están atrapados por los límites de la deuda y las agencias reguladoras están en manos de los monopolios financieros y actúan, en interés directo de las corporaciones. (78)
En sus trabajos Karl Polanyi demostró que el intento de construir una “sociedad de mercado autorregulada”, requiere de intervenciones constantes del estado a favor del capital, y estas intervenciones terminan socavando los cimientos de la sociedad y de la vida. (79) Para el capitalismo actual, este proceso no tiene vuelta atrás porque es la base de la actual organización de su poder económico. Por tanto sólo una política abiertamente anticapitalista puede cambiar el sistema.
El estancamiento, la financiarización, la privatización, la globalización, la mercantilización del estado, la reducción de las personas a “capital humano” y de la naturaleza a “capital natural”, han hecho de las políticas neoliberales una característica obligatoria en la era del capitalismo monopólico-financiero.
En su fase globalizada el capitalismo monopolista ha desencadenado una crisis estructural y universal del propio sistema. Ante esta crisis la respuesta neoliberal es dar otro giro de tuerca, abriendo nuevas áreas de rentabilidad para unos pocos y perpetuando los problemas que nos causa a todos.
El resultado de esta lógica irracional no es simplemente un desastre económico y ecológico, sino la desaparición del Estado “liberal-democrático”. El neoliberalismo inevitablemente está en camino a un autoritarismo de mercado y a un neofascismo. En este sentido, Donald Trump no es una mera aberración. (80) En 1927, Mises lo expresó con claridad: “no se puede negar que el fascismo (y movimientos similares de la derecha) se propone al establecimiento de dictaduras, pero su intervención, por el momento, ha salvado a la civilización europea. La estimación que el fascismo se ha ganado vivirá eternamente en la historia de nuestros pueblos”. (81)
En 1973 los neoliberales Hayek, Friedman y Buchanan, apoyaron activamente el golpe de Estado de Pinochet que derrocó al presidente socialista Salvador Allende , para imponer la doctrina neoliberal a la nación chilena. En un viaje que realizó a Chile, en 1978, Hayek advirtió personalmente a Pinochet que impidera la resurrección de una “democracia ilimitada”. Durante una segunda visita, afirmó que “una dictadura puede ser más liberal que una República Democrática ” (82).
El mismo Hayek había escrito en 1949: “debemos enfrentar el hecho que la preservación de la libertad individual es incompatible con la justicia distributiva”. (83) En resumen, el neoliberalismo no es un mero paradigma del cual el capitalismo pueda prescindir, al contrario representa las tendencias absolutistas en la “era de las finanzas monopólicas”.
Como señaló Foucault, “el capitalismo sólo puede sobrevivir por un tiempo mediante una aplicación de su lógica económica a toda la sociedad”. (84 ) Sin embargo, como en el Mito del Rey Midas, el capitalismo terminará destruyendo todo que toca.
Pero, si el capitalismo ha fracasado, la pregunta pertinente es: ¿Qué viene después?
Lo que sigue a continuación
Al observar el naciente siglo XXI en el libro “La edad de los extremos”, el historiador marxista Eric Hobsbawm, expuso su preocupación por las amenazas que conmoveran este nuevo siglo.
Para Hobsbawm el siglo XXI nos trae peligros mayores que la terrible “edad de los extremos” cuando la humanidad se vio estremecida por conflictos imperiales, depresiones económicas, dos guerras mundiales y la posibilidad de su propia auto-aniquilación.
En 1949 Hobsbawm describió cómo veía el futuro:
“Vivimos en un mundo transformado por un desarrollo económico y tecno-científico que ha dominado los últimos dos o tres siglos. Sabemos – o al menos es razonable suponer – que esto no puede continuar hasta el infinito. El futuro no puede ser una continuación del pasado, y hay indicios, tanto externos como internos, de que hemos llegado al punto de una gran crisis histórica.
Las fuerzas generadas por la economía y la tecnociencia son ahora lo suficientemente poderosas como para destruir el medio ambiente, es decir, los fundamentos materiales de la vida humana. Las estructuras de las sociedades y las bases sociales de la propia economía capitalista están a punto de ser destruidas por una degradación que seguimos reproduciendo.
Nuestro mundo arriesga una explosión o una implosión. Esto debe cambiar. No sabemos a dónde vamos. Solo sabemos que la historia nos ha llevado a este punto. Sin embargo, una cosa es clara, si la humanidad tiene un futuro posible, ese futuro no puede ser la prolongación del pasado o del presente. Si intentamos construir un tercer milenio sobre esta base, con seguridad fracasaremos. Y el precio del fracaso será una sociedad donde predomine la oscuridad”. (85)
Hobsbawm dejó pocas dudas acerca de cuál era el principal peligro: el sistema tendrá consecuencias irreversibles y catastróficas para el medio ambiente natural, incluida la raza humana que forma parte de él. (86) La fe teológica que afirma que los recursos son asignados por un mercado sin restricciones crea las condiciones para que se desarrolle el “capitalismo del desastre”.
En su momento la posición de Hobsbawm fue criticada, por gente de izquierda, por ser demasiado “pesimista” (87). Un cuarto de siglo después, está claro que las preocupaciones que expresó entonces eran las correctas. Sin embargo después de décadas de neoliberalismo, estancamiento económico, financiarización, creciente desigualdad y deterioro ambiental una visión que aborde, de manera integral, el fracaso del capitalismo es todavía una “rara avis” en gran parte de la izquierda de los países ricos.
La respuesta más habitual es reivindicar el mito que una sociedad de mercado autorregulada puede salvaguardar la sociedad y el medio ambiente. (88) Esta concepción –que alimenta la esperanza de que el péndulo retroceda– ha sumado a cierta “izquierda” a distintas versiones de un social-liberalismo. Esta nueva versión del neoliberalismo esconde, sin disimulo, los fracasos del capitalismo y propone el retorno a una nueva era keynesiana, como si la historia pudiera desandar lo caminado.
Los políticos que promueven esperanzas de este tipo niegan a los menos cuatro realidades históricas.
Primero, la socialdemocracia floreció sólo mientras existía la amenaza de una sociedad socialista representada por la Unión Soviética y en Occidente partidos y una fuerza sindical importante que defendían a los trabajadores. Pero, como hemos comprobado, después de la caida del sistema sovietico, las políticas socialdemócratas se desvanecieron rápidamente.
Segundo, el neoliberalismo es la forma que adquiere el capitalismo en su actual fase monopolista-financiera. Ya no existe la realidad económica del capital industrial en la que se sostenía el keynesianismo.
Tercero, en la práctica real, la Socialdemocracia Europea y de EEUU depende de un sistema imperialista que se enfrenta a los intereses de la gran mayoría de la humanidad.
Cuarto, el estado “liberal-democrático” y el dominio de la clase capitalista industrial dispuesta a un acuerdo social con el trabajo es una reliquia del pasado. Incluso, cuando partidos socialdemócratas llegan al gobierno prometiendo establecer un “capitalismo de rostro amable”, invariablemente se rinden a las leyes del funcionamiento del capital correspondiente a la presente fase histórica.
Como ha puntualizado Michael Yates: “hoy en día, es imposible creer que habrá una recuperación de los derechos sociales, que el modesto proyecto político y económico de los sindicatos y los partidos políticos socialdemócratas aceptaron y ayudaron a construir en el siglo pasado”. (89)
La llamada izquierda social-liberal, ha aceptado acríticamente la modernización tecnológica sin tener en cuenta las relaciones sociales. Prisionera del determinismo tecnológico, esperan que la digitalización, la ingeniería social y una administración liberal gestionen el sistema.
Según los intelectuales social-liberales: “el capitalista neoliberal nos lleva a un desastre, pero este capitalismo (el neoliberal) puede ser reformado y debe hacerse desde arriba por imperativos tecnológicos”. En esta concepción el sistema capitalista mutará y solo quedarán “los marcos vacíos de las corporaciones, desprovistas de los intereses de la clase propietaria”.
Para el futurólogo Jørgen Randers (uno de los autores del libro Los Limites del Crecimiento): “la sociedad mundial dentro de cuarenta años vivirá un capitalismo reformado en que el bienestar colectivo estará por encima del individualismo”. Este capitalismo reformado estaría supeditado a: “un gobierno de sabios dirigido por tecnócratas, con menos democracia y también con menos mercado libre”.
En lugar de enfrentar directamente el fracaso del capitalismo, su estancamiento económico y la pobreza del “resto del mundo” Randers considera que estas cuestiones son secundarias. Predice que en el futuro: “la vida será más eficiente y sostenible que en la actual la versión del capitalismo”.(90)
Sin embargo, en los apenas siete años (desde que se escribió el libro en 2012) ya está claro que las predicciones de Jørgen Randers y compañía, están totalmente equivocadas. La situación que hoy enfrenta el mundo es cualitativamente más grave que cuando todavía las soluciones tecnocráticas parecían factibles para algunos y que el estado “democrático liberal” parecía estable.
Un cambio climático acelerado, un continuo estancamiento económico y una creciente inestabilidad geopolítica, son razones suficientes para entender que los desafíos a los que ahora nos enfrentamos son mucho más adversos que los vaticinios de “modernizadores progresistas” como Randers. Nunca la historia ha sido benévola con aquellos que se prodigan con predicciones. En particular si se conforman simplemente con proyectar determinadas tendencias tecnológicas y dejan fuera de cuadro a la mayoría de la humanidad y su vida cotidiana.
Por esta razón una visión dialéctica es tan importante. El curso real de la historia nunca se puede predecir. Lo único cierto sobre el cambio histórico es la existencia de luchas que impulsan cambios revolucionarios de carácter discontinuos.
Tanto las implosiones como las explosiones se materializan inevitablemente. Este proceso hace que el mundo para las nuevas generaciones sea diferente al de las anteriores. La historia nos enseña que todos los sistemas alcanzan un límite definitivo cuando son incapaces de regular las relaciones sociales y no pueden hacer un uso racional y sostenible de las fuerzas productivas.
El pasado humano está salpicado de períodos de regresión, seguidos por aceleraciones revolucionarias que barren todo lo que tienen ante ellos. El historiador conservador Jacob Burckhardt describió de esta manera los cambios revolucionarios: “un cambio histórico ​​ocurre cuando se produce una crisis en todo el estado de las cosas, involucra a épocas completas y a muchos pueblos de la misma civilización… Entonces, el proceso histórico se acelera repentinamente de manera aterradora. Los cambios que, de otra manera, tardarían siglos se producen en meses o semanas”. (91)
Cuando Burckhardt escribió este texto tenía en mente la Revolución Francesa de 1789. Esta revolución fue una aceleración de la historia. En realidad, la Revolución Francesa inició una serie de revoluciones que mutaron a una velocidad aterradora. Transitó de una revolución aristocrática a una revolución burguesa y posteriormente a una revolución popular y campesina, que finalmente adoptó el carácter de un “bloque histórico”, invencible, que transformó gran parte de la historia de occidente. (92)
¿Podría una aceleración revolucionaria de este tipo acontecer en el siglo XXI?
La mayoría de los analistas convencionales de los países hegemónicos del sistema imperialista mundial dirán que no. Se basan en una visión interesada porque las revoluciones continúan detonando en la periferia del sistema y sólo son sofocadas por la intervención económica, política y militar de las potencias imperialistas.
El fracaso del capitalismo a escala planetaria hoy en día amenaza a la civilización y a la vida del planeta tal como la conocemos. Si no se realizan cambios drásticos la temperatura global de este siglo aumentará entre 4 grados a 6 grados Celsius, lo que pondrán en peligro a la humanidad en su conjunto. Mientras tanto, el capitalismo extremo busca expropiar y utilizar todos los recursos de la existencia material, arruinando al medio ambiente en beneficio de unos pocos.
Con el aumento de las catástrofes naturales y con el vertiginoso proceso de concentración del capital, en este siglo la humanidad se enfrenta a un tipo de las relaciones sociales capitalistas que son más funestas que cualquier calamidad que hayamos conocido. (93)
Cientos de millones de personas ya se han involucrado en el combate contra este sistema, creando las bases de un nuevo movimiento mundial hacia el socialismo.
En su libro ¿Puede la clase obrera cambiar el mundo? Yates responde que sí se puede. Agrega : “sólo se podrá hacerlo si se unifican las luchas de los trabajadores y de los pueblos. Las batallas deberán tener como objetivo un auténtico socialismo. (94)
Los intelectuales postmodernos sostienen que “el sistema socialista ya se intentó y fracasó”; por tanto, ya no existe como alternativa. Sin embargo, la historia demuestra algo muy distinto. El siguiente periodo histórico desmiente claramente a los profetas post modernos.
“Los primeros intentos del capitalismo, en las ciudades-estado italianas (de la Baja Edad Media) no fueron lo suficientemente consistentes para sobrevivir en medio de las sociedades feudales que las rodeaban, sin embargo el capitalismo como sistema terminó imponiéndose”.
Si algo nos enseña la historia es que el fracaso de los primeros experimentos de socialismo no presagia nada más que su eventual renacimiento con nuevas formas; más revolucionario, más universal, un socialismo que reconoce y aprende de sus anteriores fracasos. (95)
Podemos decir sin equivocarnos que a pesar de su fracaso (relativo) el socialismo es superior al capitalismo. La tradición de lucha por la libertad, la igualdad sustantiva y el desarrollo humano sostenible son consustanciales al socialismo y en la actualidad son una propuesta política que expresa cabalmente una necesidad histórica para la humanidad y el planeta. (96)
El economista conservador Joseph Schumpeter (que fue ministro de finanzas de Austria en los años 20) escribió que el capitalismo no moriría por “un fracaso económico, sino más bien porque el capital al centrarse solo en fines económicos, termina socavando los fundamentos de su propia existencia”. Según Schumpeter el capitalismo “crea inevitablemente las condiciones que le impedirán sobrevivir y estas condiciones apuntan claramente al socialismo como su heredero.” (97) En cierto modo, sus opiniones eran correctas, aunque esto no ha ocurrido como muchos lo esperaban.
El desarrollo global del capitalismo monopolista y la financiarización encabezado por el neoliberalismo –que surgió en esa Viena Roja- ahora está socavando las bases materiales, no solo del propio capitalismo sino de la ecología planetaria. A pesar de esto, el orden social neoliberal se impone en un confuso contexto político; hay menos oposición al capitalismo pero hay más oposición al neoliberalismo como si ambas cosas fueran distintas. (98)
El capitalismo neoliberal (el capitalismo realmente existente) es un sistema que destruye de manera permanente las bases de la existencia. Los trabajadores y los pueblos del mundo no tienen más alternativa que buscar nuevos caminos para el futuro.
Un movimiento inclusivo -basado en la clase trabajadora- que se proponga el socialismo para este siglo abrirá una etapa de progresos cualitativos que la humanidad necesita con urgencia. La anarquía de la sociedad del mercado con su avaricia institucionalizada no tiene nada que ofrecer a las nuevas generaciones. (99)
El nuevo socialismo deberá incluir el desarrollo de una tecnología que tengan contenido social, en oposición a la tecnocracia que mira solo por la ganancia individual de un sistema depredador. (100) Hoy técnicamente es posible la planificación democrática a largo plazo, lo que permite que las decisiones que se tomen originen una distribución de la riqueza fuera de la lógica del capital. (101)
Un socialismo, en su forma más radical, debe ser consistente con la igualdad sustantiva, la solidaridad comunitaria y la sostenibilidad ecológica, también deberá proponerse la unión, y no a la división de las fuerzas del trabajo. El desarrollo humano sostenible requiere urgentemente que la actividad creativa y productiva se utilice para los valores de uso y no para los valores de cambio del mercado.
Cuando en un futuro –que ahora parece cerrado– se abran las puertas de una nueva sociedad, este cambio revolucionario lo hará de muchas maneras, produciendo un desarrollo completamente nuevo, más cualitativo, y con formas colectivas de organización. (102)
Las medidas prácticas que deberán tomarse hoy son imposibles con el actual modo de producción. No es la imposibilidad física, o la falta de excedentes económicos lo que impide la satisfacción de necesidades básicas como aire y agua limpia, alimentos, ropa, vivienda, educación, atención médica, transporte y trabajo útil. No es la escasez de conocimientos tecnológicos o de medios materiales lo que impide la conversión a energías más sostenibles. (103) No es una fantasmal división, congénita de la humanidad, la que obstruye la construcción de una nueva Internacional de los trabajadores y de los pueblos. (104) Todo esto está a nuestro alcance, pero requiere seguir una lógica que vaya contra el capitalismo.
Como Karl Marx advirtió: “la humanidad se impone sólo las tareas que puede resolver en su momento. Un examen detenido de la historia nos muestra que las soluciones surgen sólo cuando las condiciones materiales están desplegadas o al menos en están en camino de madurez.” (105)
Los desperdicios y los excesos del capitalismo monopolista se han transformado en el principal obstáculo para el desarrollo humano. Una vez que el mundo se libere de estas cadenas los nuevos medios tecnológicos permitirán que la planificación y la acción democrática construyan los caminos hacia un mundo de igualdad sustantiva y sostenibilidad ecológica. (106)
La respuesta a la crisis que tenemos ante nosotros son de carácter socialy ecológica. Estas respuestas exigen una regulación racional del metabolismo entre los seres humanos y la naturaleza. El nuevo mundo deberá se capaz de regenerar los procesos vitales, con ecosistemas saludables, tanto locales como regionales y globales.
A lo largo de la historia los seres humanos hemos luchado para domeñar el medio natural, pero la libertad humana integral sólo es posible si se vive con igualdad y en comunidad.
El desarrollo futuro no es posible sin sostenibilidad ecológica y tampoco es posible sin una sociedad que se construya sobre bases socialistas.
Notas (..)