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20 de febrero de 2019

La disputa conduce a la territorialización de las resistencias y su articulación a nivel glocal donde se construye el nuevo sujeto político (indígenas, afros, campesinos, obreros, etc) y su poder popular territorial.

Quimbo: 

extractivismo, despojo, ecocidio

y resistencia

8 DICIEMBRE, 2017
Publicado en: LATINOAMÉRICA

Introducción

La humanidad vive una encrucijada frente al inminente peligro de una catástrofe sin precedentes ocasionada por la lógica productivista y mercantil del capitalismo industrial.
Investigaciones registran la contaminación del aire y fuentes hídricas subterráneas y superficiales, el agotamiento de los suelos fértiles, el calentamiento del planeta, la deforestación, la extinción de los picos nevados, el derretimiento de los casquetes polares, la multiplicación de los “desastres naturales”, la destrucción de la capa de ozono, la pérdida de las selvas ecuatoriales y la erosión de la biodiversidad, la extinción de millares de especies, el aumento de la desertificación, la acumulación de residuos tóxicos, la contaminación de los alimentos por pesticidas o su alteración por manipulaciones genéticas, problemáticas que reclaman la necesidad de construir otra forma de relacionarnos con la naturaleza y entre nosotros como seres humanos.
El afán de acumulación de capital basado en la implacable competencia explica la destrucción de los equilibrios naturales y la intensificación de la disputa global por los Bienes Naturales y Culturales Comunes -BNCC- entre dos proyectos: uno que resiste por la autoafirmación, la soberanía, la autonomía y el poder territorial para el Buen Vivir y otro, por el control corporativo de nuestros territorios sustentado en el modelo extractivista, financiarista que despoja a las comunidades, destruye los territorios con potencialidad agroalimentaria, menoscaba la soberanía territorial, afecta las cuencas hídricas, deteriora los suelos fértiles y depreda la biodiversidad a manos de empresas transnacionales y multinacionales que exportan sus ganancias sin importar la destrucción de nuestros ecosistemas. Ha sido este modelo extractivista, el que ha perpetuado la opresión, el despojo y el ecocidio con el aval de los gobiernos, que expiden leyes para garantizar a las empresas el marco legal requerido para la extracción intensiva de nuestros BNCC y la explotación de la fuerza de trabajo.
Esa disputa global en Colombia se expresa, de una parte, en la imposición de “las locomotoras del desarrollo minero energéticas y los agronegocios” a nombre de los Proyectos de Interés Nacional y Estratégicos -Pines- mediante una legislación para el despojo de facto, la represión, judicialización de las protestas sociales y el asesinato de defensores de Derechos Humanos y el medio ambiente, generando múltiples conflictos económicos, socio ambiéntales y culturales. Y, de otra, las resistencias sociales, que como en el caso de la Asociación de Afectados por el Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo -Asoquimbo- son la expresión organizada y argumentada de “víctimas del desarrollo” contra la imposición del modelo neoliberal extractivista y por la Defensa del Territorio y la Vida.
En el contexto de la problemática económica, social, ambiental y cultural que afronta la comunidad de seis municipios en particular, del departamento del Huila por el Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo -PHEQ, producto del modelo extractivista, se desarrolla el trabajo de investigación “El Quimbo: Extractivismo, Despojo, Ecocidio y Resistencia” fundamentado en la Investigación Acción Participativa, como un aporte significativo al fortalecimiento del Movimiento Social en Defensa del Territorio, la Soberanía Hídrica y Alimentaria, el Patrimonio Nacional y los Proyectos de Vida de las Comunidades.
Asoquimbo con aportes significativos del Movimiento Colombiano por la Defensa de los Territorios y Afectados por Represas ¡Ríos Vivos! ha realizado diferentes estudios, que han sido fundamentales para orientar la resistencia social y todas las acciones organizativas, comunicativas, jurídicas, psicosociales que se han expresado en recursos jurídicos de restitución de derechos vulnerados ante la Corte Constitucional, de medidas cautelares ante el Consejo de Estado y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con el acompañamiento del Centro de Estudios para la Justicia Social “Tierra Digna” con incidencia en Informes Técnicos de la Contraloría General de la República -CGR-, construcción de agendas ecosociales con diversas organizaciones y la asesoría de estudios realizados por centros académicos y ONG a nivel nacional e internacional.

El impulso de modelos de extracción de nuestros BNCC hacen parte de la Iniciativa de Infraestructura Regional de Sur América -IIRSA- con el propósito de favorecer los intereses de las transnacionales, razón por la cual son pertinentes los trabajos de investigación participativa, de interacción de saberes desde la acción, que orienten la movilización social hacia la construcción de un nuevo modelo minero energético soberano y autónomo, gestionado por las comunidades según sus necesidades y el uso de otras fuentes de energía como la solar, la eólica, la geotérmica, las mareas oceánicas, entre otras, porque éstas permiten un aprovechamiento limpio y sin destrucción irracional de ecosistemas.

El presente estudio se construye desde las luchas de resistencia contra el extractivismo, por la defensa del territorio, la biodiversidad, la soberanía alimentaria y las comunidades que se oponen a la imposición de megaproyectos energéticos, mineros y agro-combustibles debido a los daños ambientales, sociales, económicos y culturales como en el caso de El Quimbo.
(…)
Destaca cómo las “víctimas del desarrollo” se transforman en actores de la resistencia y el conjunto de acciones que desde lo local hasta lo global se van tejiendo para transformar un conflicto de intereses antagónicos, entre los actores de la resistencia y los del Estado corporativo, donde la única posibilidad de defender el territorio y la vida es el fortalecimiento permanente de la movilización social y su articulación con los procesos de resistencia contra el extractivismo a nivel nacional e internacional. Desde un principio se descartó cualquier posibilidad de negociación con las transnacionales, sin importar las condiciones asimétricas, debido a que de hacerlo sería legitimar el modelo de despojo, ecocidio, represión, judicialización y asesinatos de defensores del territorio para la acumulación de capital y el consumismo, responsables de la destrucción de la vida en el planeta.
La reconstrucción del proceso histórico de la resistencia contra el extractivismo y, específicamente, contra el PHEQ parte de reconocer las visiones de resistencia desde sus actores y los imaginarios que pretenden ser destruidos y /o silenciados a través de todo el proceso de disputa por el control territorial, donde, en una interacción de conocimientos, saberes, experiencias de organización y acción se van formando otros referentes de identidad individual/colectiva, contra la explotación, exclusión, discriminación, despojo, desplazamiento, ecocidio y destrucción del Patrimonio Cultural Común y al mismo tiempo, construcción de poder y autogobierno de los sectores subalternos, actores ecosociales plurales, que se oponen a la imposición de megaproyectos minero energéticos de las corporaciones transnacionales para la acumulación de capital.

El proceso se resumió en cinco momentos que dan cuenta de las formas organizativas, comunicativas, educativas y jurídicas, tejidas desde lo local hasta lo global, que fueron orientando las acciones de movilización social contra todo el poder corporativo enraizado en las instituciones del Estado. Estos momentos se refieren a las tensiones ante la imposición del Proyecto, las contradicciones al interior de instituciones estatales, la incidencia política y jurídica, la expansión organizativa y movilización social contra el Plan de Privatización del Río Magdalena y los procesos de autonomía y poder territorial.

Reconstruir lo vivido hace visible y comprensible los aprendizajes y retos para avanzar en la construcción de otra alternativa al capitalismo. El proceso de investigación desde la acción permitió rescatar la dimensión histórica de la resistencia desde el colonialismo hasta el neocolonialismo.
La resistencia lleva implícita una alternativa de poder. Es decir, es fuente de nuevo derecho y de nuevas formas de relacionarnos con la naturaleza y con nosotros mismos desde una perspectiva colectivista, entendiendo que las diferencias individuales, también son producto de la forma como interactuamos: de “cada quien según su capacidad a cada quien según su necesidad” (Marx). La resistencia desde lo local contra el PHEQ hace parte de la lucha global contra el modelo extractivista de reprimarización de la economía y sus proyectos megamineros e infraestructurales y la necesidad de construir un nuevo Sujeto Ecosocial Plural y el Poder Territorial.


Desde la resistencia nos apropiamos del paradigma ecocéntrico de las relaciones naturaleza humanidad contra los discursos de “desarrollo sostenible” que hacen parte del pensamiento ambientalista de mercado para el fortalecimiento del capitalismo verde corporativo. El argumento central es que el “crecimiento” infinito, sustentado en el valor de cambio, se soporta, de una parte, en la extracción intensiva de los BNCC, es decir, el ecocidio y, de otra, la explotación de la fuerza de trabajo y la acumulación por despojo que tiene por objetivo mantener el sistema actual, trasladando a los sectores empobrecidos la crisis de sobreacumulación del capital, razón por la cual hablar de responsabilidad social empresarial desde la perspectiva del mercado es otra forma de alienación. 
La comprensión de estos fenómenos es fundamental para rechazar las propuestas que desde muchas ONG plantean como estrategia la “negociación con las transnacionales” que equivale a la subordinación (asimetría) de “las víctimas del desarrollo” (objetos de mercado) a las corporaciones, donde el Estado, que formalmente se reconoce como garantista de derechos, asume su función real de Estado Corporativo que legisla para la acumulación por desposesión.
La deslocalización del capital intensifica la disputa por el control territorial entre las corporaciones transnacionales para hacer negocios y los actores sociales que habitan sus territorios y defienden su permanencia en los mismos donde construyen sus proyectos de vida. Esa disputa conduce a la territorialización de las resistencias y su articulación a nivel glocal donde se construye el nuevo sujeto político (indígenas, afros, campesinos, obreros, etc) y su poder popular territorial donde se plantea una ruptura radical con la concepción de partidos de vanguardia y de movimientos sociales sectoriales (fraccionados) donde las nuevas relaciones de poder se construyen desde movimientos ecosociales que buscan liberarse de la ideología productivista del desarrollo y el progreso y se oponen a la expansión infinita del modo de producción y consumo capitalista y/o burocrático que destruye la naturaleza.

El reconocimiento del trabajo de Asoquimbo obedece fundamentalmente a la visión de resistencia que recupera el conocimiento estrechamente ligado a la transformación de las condiciones materiales y simbólicas de la vida, donde se supera la epistemología centrada en la razón instrumental, por las epistemologías que desde el sur construyen y se apropian de los sabereres ancestrales y de los conocimientos que otorgan validez a las prácticas cognitivas de las clases sociales y de los pueblos que han sido históricamente victimizados, explotados y oprimidos, por el colonialismo y el neocolonismo. Además, por sus aportes a la construcción de una Agenda Común y de un movimiento nacional de resistencia articulado a nivel internacional que confronta el modelo extractivista, depredador de la vida y la naturaleza y propone la sustitución progresiva de la cultura fósil por otro modelo de producción, distribución y gestión de la energía y de definición de prioridades, soberano y autónomo, gestionado por las comunidades y que responda a sus necesidades, sustentado en otras alternativas como la energía solar, eólica, que no afecten los derechos fundamentales individuales y colectivos y, especialmente, el ambiente sano.
Implica la moratoria de la política minero energética, la suspensión de cualquier explotación en áreas protectoras de la Amazonía, Páramos, Macizos y de gran biodiversidad natural y priorizar la conservación de las selvas como única garantía de la diversidad cultural y ambiental, la protección de las altas montañas, donde surgen las aguas para la pervivencia de los pueblos, la garantía de la Seguridad Alimentaria basada en las economías campesinas, indígena, afrodescendientes como la agroecología y la autonomía de las comunidades para decidir en sus territorios. En tal sentido, se han logrado avances significativos en la jurisprudencia con las Sentencias de la Corte Constitucional T-135/13, T-445/16 y T-622/16 que hacen parte de la lucha por una legislación socio ambiental alternativa a la mercantilización de los bienes comunes, surgida desde la organización y la resistencia social de las comunidades y fundamentada en una nueva relación entre la naturaleza humana y no humana, en un nuevo sistema donde impere la justicia social y ecológica.
 


Una construcción de la unión entre los diversos de abajo contra el Capital-Estado

Chile. Convergencia 2 de Abril de La Araucanía analiza estrategia del Estado contra Pueblos Mapuche y Chileno
Resumen Latinoamericano / 21 de noviembre de 2018
 
· Nos dirigimos a la clase trabajadora, al pueblo mestizo consciente y humilde, al estudiantado hijo de la clase, a las mujeres populares y a las organizaciones sociales de Temuco y la región, de las que somos parte y apoyamos:
 
Después de años de organización y lucha, nuestra organización, heredera de diferentes procesos sociales y políticos en Temuko y múltiples lugares de La Araucanía, se ve enfrentada a un proceso que obliga a actuar con audacia y convicción, sin dar pie a vacilaciones, conscientes de la responsabilidad que en este escenario nos toca como una humilde expresión de la clase trabajadora y los pueblos, que ha mantenido cierta capacidad organizativa y movilizadora durante años, como la presencia en los barrios de Temuco y Padre Las Casas, desde experiencias en alimentación, organización de mujeres, salud y educación popular, intentando crear formas superiores de organización de las y los pobladores. Durante años hemos insistido en cada espacio en la necesidad de articular y unir las luchas sociales, mediante la consigna de que Todas las Luchas sean una sola Lucha, así lo hemos hecho contra las AFP, en la lucha salarial y por derechos laborales en sindicatos de salud, comercio y del sector público, desde las federaciones y centros de estudiantes, desde las organizaciones feministas y de la disidencia sexual, desde las iniciativas de comunicación popular y los espacios por la defensa y salud de los territorios.
 

Hemos mantenido una insistente independencia política, distanciándonos de quienes apelan a la institucionalidad capitalista del Estado como eje de disputa, concentrándonos en la independencia de la clase trabajadora y el Poder Popular. Justamente desde esa apuesta independiente, contra el Estado y el Capital, y por el poder popular hemos reafirmado nuestra coincidencia con las organizaciones mapuche que impulsan procesos anticapitalistas mediante el control territorial.

La Convergencia, en su condición de organización mestiza y plurinacional ha apuntado al internacionalismo y la solidaridad en las luchas de los pueblos, apoyando diversos procesos tales como las huelgas de hambre de las y los presos políticos mapuche, la construcción de viviendas y mingas en comunidades, actividades de autogestión, solidaridad, y también colaborando desde las ciudades en la resistencia frente a la violencia militar de los gobiernos contra la justa lucha del pueblo mapuche. Esto, sin dejar de levantar nuestros propios procesos desde la clase trabajadora y el pueblo chileno, que sin duda es nuestra principal tarea, y es la mejor forma de apoyar la lucha de otros pueblos, sin intervencionismo, sin colonialismo.

Hoy un desafío mayor toca nuestra puerta, toda Nuestramérica pretende ser atravesada por los brazos del monstruo extractivista, quien tiene puesto uno de sus tentáculos en Wallmapu. Se trata del Eje del Sur del proyecto IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana),  que ha sido bautizado como Plan Impulso Araucanía, iniciado por Bachelet mediante montajes como Huracán y Luksinger-Mackay, justificando la presencia de la Militarización del Wallmapu, y que hoy el gobierno de Piñera llama Macrozona Sur, teniendo como objetivo someter al movimiento mapuche y sectores organizados de la clase trabajadora.
 
Cinco claves para entender el Plan Impulso Araucanía y el IIRSA
1.- Consiste en la invasión de proyectos extractivistas forestales, mineros, parques eólicos, hidro y termoeléctricos, e invasión de salmonicultivos y pesca industrial. Aquí se concentran capitales chinos, japoneses, estadounidenses, canadienses y europeos, en conjunto con los capitalistas locales Luksic, Angelini, Matte, Von Appen, entre otros. Se intenta triplicar la explotación eléctrica de los territorios, tal como ocurre con centrales eléctricas que se pretenden instalar en Lonquimay, Curacautín, Melipeuco, Curarrewe, Pucón, Villarrica, en la zona pewenche, y que avanza mediante las cuencas de los ríos Muco, Cautín, Trankura, Allipén, Toltén, entre otros.

2.- Para aumentar la explotación requieren una Invasión de carreteras y puertos, atravesar y destruir a comunidades mapuche y territorios autonomizados, mediante la creación de un puerto seco en las cercanías de Victoria, una carretera Bioceánica entre Bahía Blanca y Lebu, un Puerto en las costas de La Araucanía, una carretera entre Freire y Pucón, y diversos caminos que atraviesan comunidades mapuche, poniendo millones de dólares.
3.- Mantiene la Educación en la miseria, representando un retroceso en gasto público, desfinanciamiento de universidades, liceos públicos y hogares estudiantiles, desechando la construcción del Centro de Formación Técnica Estatal de Angol, y el de Lautaro que a duras penas se mantiene. Sobre Salud se utiliza la mentira, incluyendo supuestas millonarias inversiones que ya venían de los gobiernos anteriores, promocionando el Hospital de Padre Las Casas y Makewe, ambos ya en construcción y con presupuesto para ello, fingiendo un rostro humano de este plan macabro.
 
4.- Para el pueblo Mapuche se ofrece División, Venta y Permuta de Tierras mediante la destrucción de la Ley Indígena, promoviendo una ruptura de las comunidades, el ingreso de personas ajenas para facilitar la intervención capitalista y el ingreso de megaproyectos que atentan contra la naturaleza y las familias, facilitando la explotación humana y del territorio, la instalación de cientos de empresas extractivistas para que nuestro futuro sea de contaminación y enfermedades tal como ocurre hoy en Quintero-Puchuncavi-Concón-Ventanas-Talcahuano-Lirquén con decenas de industrias contaminantes y una población que protesta por el cierre de ellas, debido a la alta tasa de abortos, infertilidad, cáncer e intoxicaciones.
 
5.- Para la clase empresarial agrícola y forestal, más recursos para armarse. Toda una batería de fondos para seguir profundizando la destrucción de la tierra y violentando a las comunidades, mediante sus organizaciones armadas paramilitares y sus auto-atentados. Se les nombra víctimas de la violencia rural a pesar de que han asesinado a comuneros. Ahí  tenemos a Luis Marileo y Patricio González, asesinados a manos de Ignacio Gallegos, ex oficial de Carabineros, agricultor y activo miembro de estos grupos. Se les blinda a pesar de que apuntan sus armas de fuego a personas mapuche indefensas como lo hizo Luis Gómez Guitterman en Lican Ray, y que son parte de operativos militares y policiales, como el propio Juan de Dios Fuentes, presidente de Paz en la Araucanía y actual Director del Servicio de Impuestos Internos quien porta armas en medio de sus reuniones, mientras luce la polera de la paz.
 
Militarización, Paramilitares, Uso de Drogas y Violencia en Carabineros
Hoy frente al asesinato de Camilo Catrillanca, a la tortura física y sexual que sufren mujeres y niños cuando son detenidos, al Estado de Sitio que viven miles de hombres y mujeres mapuche en Ercilla, Collipulli, Victoria, Tirúa, Cañete, Lanco y otras comunas en el Wallmapu, los pueblos están unidos para enfrentar la militarización y el extractivismo.
Sabemos que el monstruo del IIRSA y sus brazos armados Comando Jungla, Fuerzas Especiales, GOPE, Fuerzas especiales de la Armada y órganos paramilitares como Paz en la Araucanía y Comando Trizano vienen entrenándose por años bajo la tutela de Estados Unidos y el Narco-Estado Colombiano para agredir a los movimientos populares, mediante operaciones secretas y encubiertas, secuestro, torturas, ejecución e incluso desaparición de activistas como Santiago Maldonado. Todas estas formas de violencia se acentúan por el abuso de sustancias narcóticas y estimulantes en las ramas represivas, prueba de ello es el alto número de delitos y accidentes de tránsito en que los miembros de Fuerzas Especiales participan, como el accidente en que dos uniformados de Pailahueque fallecieron en diciembre de 2017, o las detenciones por conducir ebrios en mayo y junio del 2016 de varios Fuerzas Especiales de Temuco que incluso apuntaron con sus armas a quienes les detenían. Sabemos que estos ejemplos no son casos aislados, sino que son botones de muestra de un fenómeno instalado y en franca expansión, que vincula estrechamente a los organismos del Estado y a las organizaciones para-estatales del submundo criminal.

El uso de la agresión y vejámenes sexuales es otro instrumento utilizado a destajo, haciéndose costumbre en la Segunda Comisaría de Temuco, donde se golpea y obliga a desnudarse y mostrar sus genitales a mujeres y niñas. Esta práctica de tortura se utiliza a diario hacia integrantes de comunidades de las zonas en Estado de Sitio de Ercilla, Collipulli, Victoria, Tirúa y Cañete, y contra las visitas de los presos de las cárceles de la región. El ataque y amedrentamiento a niños y niñas ha sido una herramienta policial brutal que se viene instalando con disparos a Brandon Huentecol (17), Silvestre Torres (14) y Fabiola Antiqueo (18) sobrevivientes al accionar de la policía militar, pero que tienen a Alex Lemún (17) y José Huenante (16) como víctimas fatales.
Las organizaciones de derechos humanos constituidas desde el propio pueblo han sabido defender a quienes son reprimidos, pero no hemos podido evitar la tortura frecuente que se vive en calabozos y carros policiacos, ni los secuestros y golpizas que se viven en automóviles de la Policía de Investigaciones y Carabineros de civil. Bajo estas doctrinas del racismo, clasismo y sexismo que se les instruye, ellos han amenazado a importantes dirigentes sociales de La Araucanía que militamos en la ciudad, que luchamos por la vida y un mundo nuevo, y que estamos conscientes del riesgo que corremos como consecuencia inevitable de esta lucha sin cuartel.
 
Organizar el descontento, construir el programa de lucha
Ante los peligros del aparato represivo, necesitamos que la clase trabajadora y todos los sectores del pueblo movilizados avancen desde la rabia y la pena, hacia una protesta social organizada que no se aísle, sino que amplíe sus banderas de lucha, que convoque a todo el campo popular a la solidaridad, unidad y acción conjunta. Saludamos y reivindicamos las acciones de protesta levantadas durante la última semana como reacción al asesinato del peñi Camilo Catrillanca, y hacemos un llamado urgente a organizar el descontento, coordinar nuestras acciones, y reivindicar en los hechos nuestro derecho a la autodefensa, resguardando nuestra integridad y cubriendo nuestras espaldas para evitar nuevos caídos. La clave frente a este enemigo es golpear desde diferentes puntos, de manera insistente y coordinada, apuntando todos y todas en la misma dirección, construyendo un programa de lucha que nos oriente.
Para organizar el descontento, se requiere reconocer el trabajo silencioso y esmerado de cientos de personas en la defensa de los Territorios, de los hogares mapuche Pelontuwe y Lawen Mapu, de estudiantes de los liceos Pablo Neruda, Universidad de La Frontera y Universidad Católica de Temuco, de organizaciones de mujeres y feministas, de los Movimientos de Salud y contra las AFP, a los dirigentes sindicales honestos del sector público, de Salud, Educación y Comercio, y a organizaciones de pobladoras de Padre Las Casas, Amanecer, Pichi Cautín, Santa Rosa y Pedro de Valdivia, además de los procesos organizativos de Angol, Pucón, Renaico, Villarrica, Pitrufquén y que se multiplican por todo el territorio en asambleas y colectivos impulsando la lucha anti-extractivista y por la recuperación de derechos de los pueblos, haciendo práctica la alianza multiétnica.
Todos estos esfuerzos de años hoy se convocan a diferentes acciones, y han mostrado un verdadero potencial en el movimiento urbano de La Araucanía, para solidarizar y apoyar a las zonas de resistencia y control territorial mapuche, desde las particularidades de cada comuna y lugar, y de cada organización social.
Reconociendo todos estos esfuerzos previos y también las diferencias y errores propios, hoy es necesario articular este descontento y avanzar en generar un escenario de Asamblea Popular Permanente de Temuco y La Araucanía que en alianza con las organizaciones mapuche de la región logre enarbolar y avanzar en la conquista de un Programa de luchas comunes de ambos pueblos, partiendo por la autodeterminación territorial mapuche, por los derechos de la Tierra y del pueblo trabajador no mapuche de la región.
 
Para ello, señalamos la necesidad de ocupar el espacio público, no encerrar nuestras luchas solo en hogares o universidades, sino avanzando más allá, a controlar en los hechos, parcial o totalmente, espacios del territorio urbano de Temuco. Sostenemos que este Programa de luchas debe partir con lo que las comunidades y las distintas expresiones sociales y políticas ya han estado planteando como medidas de defensa frente al actual escenario, y desarrollar perspectivas de avanzada en el marco de un debate democrático de las organizaciones. Sostenemos que algunos de estos puntos son:
 
1.- El Desmantelamiento y disolución del aparato militar Comando Jungla, Fuerzas especiales de Carabineros y GOPE. Para avanzar hacia una democratización y civilización de Carabineros, rompiendo con la doctrina en que sistemáticamente han formado estas instituciones a sus miembros, e incluyendo un desarme de sus acciones, prohibiendo el uso de armas de guerra y gases tóxicos. Todo lo cual, debe ir acompañado del desmantelamiento de las redes de narcotráfico y abuso de sustancias en esta institución, que alimentan el ejercicio de la violencia y la deshumanización.
 
2.- El punto anterior, se enmarca en la exigencia de desmilitarización del territorio y las comunidades, que no inició con el Comando Jungla, sino que tiene sus antecedentes en las Fuerzas especiales de Pailahueque, GOPE y Fuerzas especiales de la Armada que han militarizado las comunas de Ercilla, Collipulli, Victoria, Tirúa y Cañete, y que forman parte de una cadena de mando y un diseño institucional con recursos millonarios para salvaguardar el negocio forestal. Por ello, requerimos que todo el equipamiento millonario comprado para matar, sea redestinado a labores de salud y rescate, donde apenas existen recursos actualmente, contando Carabineros con más helicópteros y vehículos todo terreno que los propios servicios médicos de la zona. La desmilitarización de las comunidades, debe hacerse efectiva también en el espacio urbano de Temuko, donde cada vez más se advierte la presencia de policía especializada.
 
3.- La destitución y procesamiento de los generales Andrés Gallegos y Mauro Victoriano, y de las jefaturas de las comisarías de Fuerzas Especiales de Pailahueque y Temuco, por ser los responsables en el mando de quienes han cometido delitos reiterados estando bajo su cargo. Y por supuesto, la renuncia del General Director de Carabineros, Hermes Soto.
 
4.- La destitución y procesamiento de las autoridades y responsabilidades políticas de la Región, Intendente Luis Mayol, Gobernadores Mauricio Ojeda y Victor Manoli por favorecer el clima de violencia hacia las comunidades, manteniendo la impunidad de los agricultores y carabineros involucrados en la violencia. También la destitución del Director de Impuestos Internos, el paramilitar Juan de Dios Fuentes, y del principal responsable político, el ministro del Interior, Andrés Chadwick.
 
5.- La Transferencia de recursos directa hacia los servicios estatales de Salud y Educación de todos los fondos del Plan Impulso Araucanía que pretenden dirigirse a la invasión del territorio, a empresas extractivistas y a financiar a las supuestas víctimas de violencia rural.
 
6.- El cese de hostilidades contra las Hortaliceras Mapuche y fin a las ordenanzas municipales racistas del Alcalde Becker que multan, prohíben y criminalizan al comercio o trabajo ambulante.
 
7.- La Cárcel efectiva para todos los policías y fiscales involucrados en el montaje Huracán que se utilizó para justificar la militarización de las zonas mapuches en resistencia.
 
8.- La libertad de todos los prisioneros políticos mapuche, pues no existen las más mínimas garantías que permitan siquiera creer en la justicia y servicios policiales del Estado de Chile, tras el evidente montaje de pruebas con las que se encarcela a cientos de luchadores mapuche, que incluye los auto-atentados.
 
9.- Exigimos cumplir las demandas de los pueblos de Quintero y Puchuncaví, enmarcadas en nuestra reivindicación general de los agricultores, la operación Huracán, el caso Lucksinger-Mackay, y los intentos de montaje en la ejecución política de Camilo Catrillanca. Por terminar con las zonas de sacrificio, y hacer justicia a Alejandro Castro, quien también fuera asesinado por alguna de estas unidades criminales del Estado.
¡Que los Territorios se levanten y los Pueblos ejerzan Soberanía!
Temuko, Territorio Mapuche, 20 de Noviembre 2018

18 de diciembre de 2018

II. La potencia crítica y transformadora de movimientos sociales y de la deconstrucción de izquierdas.



De la resaca del neoextractivismo y
los extravíos del progresismo, 
a los acechos del neofascismo.
Reflexiones sobre la actual coyuntura política latinoamericana.

28 de octubre de 2018



Presentamos una nueva entrega del dossier “Alternativas populares en debate” donde luchadores sociales e intelectuales críticos comparten su mirada, el análisis y su pronóstico para el ciclo de luchas necesario para una transformación profunda de la sociedad. Compartimos aquí las opiniones de: 

Horacio Machado Aráoz*
1) ¿Ve una posibilidad de eventual “vuelta” de gobiernos progresistas en Latinoamérica? ¿Qué implicancias o viabilidad tienen estos “modelos” hoy? ¿Se agotó el denominado ciclo progresista?
Independientemente de que no cabría descartar un eventual “regreso” electoral de alguna expresión del progresismo en algunos países (a corto plazo, Argentina o Brasil) e inclusive, más allá de la continuidad de ciertos gobiernos (algunos emblemáticos como el de Evo Morales en Bolivia, otros problemáticos como el de Maduro en Venezuela, y otros tenues o difusos como el del Frente Amplio en Uruguay), considero que el ciclo de los gobiernos progresistas en la región está definitivamente agotado; agotado y fracasado, al menos si hablamos de ellos en términos de sus posibilidades de generar o alentar condiciones de transformación de la dominación capitalista. En esos términos, estamos hablando de experiencias políticas absolutamente fallidas y caducas.
Reafirmando nuestra consideración de que tales gobiernos significaron la continuidad (y hasta la profundización) del neoliberalismo por otros medios, ese eventual regreso estaría más bien enmarcado en las condiciones de inaceptabilidad social y resistencia política a los gobiernos de ultra derecha que se perfilan en la región, pero muy improbablemente constituyan de por sí una bisagra hacia verdaderas alternativas de cambio.
Por lo demás, no hay condiciones macroeconómicas (ni internas ni externas) para intentar cierta re-edición del programa de “crecimiento con inclusión social” que caracterizó a dicho ciclo.

Se trata de un programa que dio muestras de resultar estructuralmente perjudicial e inviable. La pretensión de ‘escapar’ de los males estructurales del capitalismo periférico-dependiente a partir de la profundización y aceleración de la matriz primario-exportadora -con el único matiz heterodoxo de una ‘gestión keynesiana’ de la renta extractivista-, se evidencia hoy a todas luces como un absurdo total; precisamente porque esa matriz extractivista es la marca de origen, el ADN constituyente y constitutivo de nuestra dependencia; la más profunda y pesada herencia colonial.

Más allá de la retórica propagandística, lejos de procesos de industrialización y recuperación de bases materiales para un desarrollo autónomo, durante el ciclo de los gobiernos progresistas asistimos a la intensificación de una dinámica de re-primarización, extranjerización y ultra-concentración de nuestras economías, lo que nos sumergió en escalones más profundos de integración subordinada y dependiente de la acumulación global. Pretender ignorar los límites y los condicionamientos histórico-estructurales que el capitalismo implica e impone en las economías periférico-dependientes, me parece una ceguera difícil de entender, sobre todo en el siglo XXI, tras tanta inteligencia crítica acumulada por las luchas y las investigaciones sobre la naturaleza y dinámica de nuestras sociedades[1].

Ahora bien, más allá de los impedimentos económicos estructurales, hay que decir que el ciclo progresista está políticamente perimido (al menos, así debiéramos entenderlo). Me parece un total desvarío imaginar un proyecto pretendidamente transformador basado en la expansión del consumo/ismo; confundir socialización y democratización con la ampliación del mercado de consumidores. No se pueden seguir ignorando los efectos que el “crecimiento” tienen sobre la(s) subjetividad(es) y la conciencia colectiva. No se puede desconocer que el crecimiento -incluso, concediendo que haya sido impulsado por la expansión del consumo popular- significa, inexorablemente, la expansión de las relaciones y el imaginario capitalistas, la ampliación de las fronteras de la mercantilización; en definitiva, la profundización de la sujeción y subordinación de la reproducción social de la vida a los imperativos del capital.

Si algo debiéramos aprender del “ciclo progresista” es que ningún proyecto de cambio o de transformación social puede basarse en aspirar a un “capitalismo con rostro humano”, a construir un “capitalismo nacional serio”, basado en la progresiva redistribución igualitaria del ingreso, y suponer que eso permitiría expandir indefinidamente el número de ‘incluidos’ (incluidos en el sistema)… Eso, a nuestro entender, es revivir la vieja fantasía desarrollista que sigue operando como núcleo duro de nuestra condición colonial, como la más difícil y desafiante barrera epistémica y política a superar, para realmente imaginar/proyectar los cambios emancipatorios que precisamos. Justamente, me parece que la frontera política entre un reformismo inconducente y estéril y las alternativas emancipatorias se sitúa entre la línea que separa las políticas de “inclusión”, de las políticas de transición radical hacia otros paradigmas civilizatorios.

Necesitamos volver a pensar en términos de revolución y a aspirar a cambios revolucionarios. Pero eso implica también necesariamente revisar y reconceptualizar la idea de revolución. Ésta no puede ya ser pensada como un proceso que se hace desde arriba, y que precisa primero “la toma del poder del Estado”. Necesitamos imaginar el cambio revolucionario, como una profunda migración civilizatoria, que nos permita deconstruir y abandonar el patrón de poder colonial-patriarcal-capitalista en el que, no ya sólo como pueblo o región, sino como especie, estamos sumidos. Un cambio que implica salir-nos de las matrices antropocéntricas, productivistas, urbanocéntricas, de la modernidad/colonialidad hegemónica, a la que una vieja izquierda (y por cierto, el progresismo) sigue apegada.

2) ¿Qué caracterización hace del avance de gobiernos de derechas en los países de Nuestramérica? ¿Se puede hablar de una crisis de esos proyectos en la región y/o del macrismo en la Argentina?
Lamentablemente creo que estamos frente a algo más grave que a un ciclo de gobiernos de ultra-derecha en la región. Las amenazas que afrontamos en este tiempo no se reducen apenas al arribo de personajes nefastos al gobierno (los Macri, los Duque, eventualmente Bolsonaro etc.) y a la aplicación de políticas abiertamente clasistas-racistas-patriarcales. Más que una reacción conservadora desde los gobiernos, estamos ante a un fuerte proceso de fascistización social; una oleada de fascismo social que se extiende no sólo en la región sino también en el mundo (por lo menos, es muy evidente en los países del Norte Global). Como expresión sintomática de la agudización de la crisis civilizatoria en la que estamos inmersos, producto de casi cinco décadas de neoliberalismo, nuestras sociedades están siendo atravesadas por un fuerte proceso de des-humanización y donde las brechas de (in)humanidad entre grupos de clase, de género, étnicos, religiosos se hacen cada vez más marcadas y violentas.

Podríamos decir que el fascismo social tiene que ver con una situación en la que las élites pueden producir una situación de amnesia colectiva sobre los medios (de violencia estructural) que las llevaron a acumular sus privilegios; cuando esos privilegios se ven como ‘mérito propio’, y no como la contracara del despojo de vastas mayorías. Entonces, cuando se invisibilizan los crímenes históricos en base a los cuales se edificaron esos privilegios, además de la impunidad, esos crímenes se naturalizan, se sedimentan en las instituciones, los imaginarios y los cuerpos. Entonces, cuando eso pasa, las injusticias históricas dejan de ser vistas como tales, y pasan a (re)presentarse como posiciones ‘legítimamente ganadas’ por el “esfuerzo” o por el “mérito” propio. La difusión de la ideología meritocrática -por lo menos desde Malthus- alienta una concepción de la sociedad basada en la guerra competitiva de todos contra todos, el darwinismo social; en fin, un imaginario donde lxs despojadxs del mundo, ‘lxs débiles’, lxs incompetentes, resultan un lastre social. Ese imaginario es lo que llamamos propiamente fascismo social: eso legitima y habilita las políticas de “tolerancia cero”, es decir, las políticas despiadadas y de crueldad absoluta contra los pobres, lxs desempleadxs, las mujeres, lxs migrantes, los pueblos originarios, las sexualidades disidentes, en fin, contra toda aquella identidad social que no se avenga a los requerimientos de ‘normalidad’ del sistema.

Ahora bien, por otro lado, no se puede desconocer que este momento está políticamente relacionado con la fase anterior, con los extravíos del ciclo progresista. Sintética y provocativamente podríamos enunciarlo así “siembra (neo)extractivismo y cosecharás (neo)fascismo”, en el sentido que la avanzada extractivista que protagonizaron los gobiernos progresistas -y en base a la cual se financió la expansión desigual del consumo- implicó no sólo la intensificación de la violencia y las políticas de despojo sobre los territorios, sino también el abandono (unilateral) de la lucha de clases. Los gobiernos progresistas asumieron la vía de la conciliación de clases, creyeron posible y/o necesario la articulación con una “burguesía nacional” y alentaron “el ascenso de las clases medias” supuestamente como vía para “sacar a los sectores populares de la pobreza”.

La posterior caída de las cotizaciones de las commodities no sólo desnudó la insostenibilidad económica de esas políticas, sino también el carácter quimérico, ilusorio, de la promesa desarrollista. Las clases medias, las más propensas a aspirar los privilegios de las élites, están a la vanguardia de esta ola neofascista; sus frustraciones se expresan en términos de odio clasista, xenofobia, violencia machista, etc. A ello, hay que agregar la fuerte avanzada del discurso reaccionario de ciertos credos sobre amplias capas de sectores populares, y el estado de desmovilización y/o fragmentación de los movimientos sociales y las organizaciones políticas más combativas. Todo esto configura un cuadro general muy complejo, en el que, por cierto, no cabría descartar posibles crisis de gobernabilidad de los gobiernos de ultraderecha vigentes (más bien, es un horizonte con altas probabilidades). En todo caso, ante el escenario dado, las salidas o alternativas que se pueden llegar a abrir, resultan absolutamente imprevisibles, y no necesariamente positivas.

3) ¿Qué actores sociales y diferentes proyectos políticos aparecen como alternativas al macrismo?
Bueno, acá es necesario diferenciar las alternativas en el terreno electoral, de las que cabría señalar en el campo de los proyectos políticos que se vienen gestando en el campo popular y en la sociedad en su conjunto. En el plano electoral, lamentablemente no veo opciones esperanzadoras. Veo más bien un panorama sombrío que se halla signado por la sobrevivencia fantasmática[2] del ciclo progresista: como “fantasma populista” que tracciona el voto a la derecha[3], y como “fantasía desarrollista” que sigue ilusionando a ciertos sectores populares con un nostálgico retorno a las políticas expansivas, neokeynesianas, como las aplicadas durante el ciclo 2002-2013, en la fase del boom de las commodities.
En esa polarización, el espectro de alternativas ideológico-políticas se estrecha hacia el centro y hacia la derecha, presentándose el progresismo como “de izquierda”, lo cual nos deja entrampados entre una propuesta que promete y aspira a un “Estado social” gestionando mercado en expansión y una “sociedad de consumo de masas” frente a lo que se ve como la configuración de un Estado penal sosteniendo a sangre y fuego la brecha de (in)humanidad entre apropiadores y despojados.

En estos tiempos, de neoliberalismo recargado, el debate electoral está viciado por lo que entendemos como una errónea conceptualización del mismo que lo concibe apenas como un tipo de políticas económicas y de gestión gubernamental centrado en la dualidad Estado vs. Mercado, políticas keynesianas vs. políticas de ajuste, etc. Mientras, en tanto fase histórico-estructural de la acumulación capitalista global, el neoliberalismo avanza independientemente de los ciclos recesivos o expansivos, en su voraz híper-mercantilización de la vida y de las relaciones sociales. En ese marco, lo “más promisorio” que electoralmente pudiera pasar es que se lograra articular una expresión lo más amplia posible de una izquierda popular y anti-capitalista pasible de captar y canalizar el creciente estado de asfixia económica y frustración política de los sectores populares. Pero eso, por ahora, es una expresión de deseo más que una probabilidad fáctica.

Ahora bien, más allá de lo electoral, no se puede desconocer la potencia crítica y transformadora de ciertos movimientos sociales y populares emergentes en el escenario reciente. Me refiero en particular, a la irrupción de la gran oleada feminista que desde el Movimiento Ni Una Menos, hasta las movilizaciones por la legalización del aborto, están poniendo en cuestión un pilar clave del sistema, como el régimen patriarcal. Junto a los feminismos, las diferentes expresiones del ecologismo popular, las organizaciones de trabajadorxs desocupadxs y de la economía social, las entidades campesinas y de pueblos originarios, constituyen las insoslayables bases sociales de cualquier alternativa popular al macrismo, pero también a las versiones probables del progresismo. Más allá de que se logre fraguar (o no) un frente electoral alternativo, en todo caso hay un proceso de acumulación de experiencias de resistencia que oficiará como un contrapoder condicionará el margen de maniobra de éste o futuros gobiernos.

4) ¿Con qué ejes políticos y con quienes debería articularse el movimiento popular para enfrentar a la derecha y poner en pie una alternativa anticapitalista? ¿Podría mencionar medidas y/o propuestas concretas?
Me parece que la potencia política de los sectores populares organizados está en última instancia proporcionalmente relacionada con su autonomía y su creatividad. Desde ese lugar, creo que hay una diversidad de movimientos sociales y populares que han venido construyendo una agenda política realmente valiosa en términos de su radicalidad transformativa. Creo que estos movimientos -a diferencia de las opciones partidarias tanto progresistas como de la izquierda clásica- vienen haciendo aportes sustantivos en la prefiguración de un horizonte postcapitalista, postcolonial y postpatriarcal. En ese sentido hay todo un nuevo lenguaje que se ha venido construyendo y un nuevo imaginario en gestación que parte precisamente de la profunda convicción de la crisis terminal y el fracaso rotundo del modelo civilizatorio de “Occidente”; de la necesidad de trascender el horizonte antropocéntrico, productivista, individualista, desarrollista, urbano-industrialista que desde el sistema se nos presenta como el único horizonte deseable de “bienestar” y de “progreso”.

Si algo tienen en común los feminismos comunitarios latinoamericanos, con las perspectivas del ecologismo popular, las cosmovisiones originarias y campesinas y el ethos de la economía popular, es su convergencia en un horizonte post-desarrollista; el abandono de la idea acrítica de una economía en permanente expansión y de crecimiento infinito, y la revalorización de las economías del cuidado, de la reproducción de la vida, de valorización de las relaciones vitales y de las capacidades humanas; las ideas de sustentabilidad y de cultivo de la sociobiodiversidad y el valor clave del trabajo libre y de la producción social en manos de trabajadorxs libremente asociadxs.
Todo ese imaginario va a contrapelo de las ideas progresistas (y aún de las izquierdas ortodoxas) que tienen como horizonte la “redistribución de la riqueza”; acá estamos ante una gramática que presupone un cambio radical en el sentido social de la riqueza.
Las ideas de Buen Vivir, de Derechos de la Naturaleza, de Plurinacionalidad, de Justicia Integral (étnica, genérica, generacional) son algunos de los postulados que tienen un sentido orientativo fundamental en esa transición civilizatoria. Y eso no queda así en un nivel metafísico, pues se ha ido encarnando/ territorializando en prácticas concretas que tienen que ver con la producción autogestiva, la defensa de los territorios, la consolidación y ampliación de la agroecología y de desarrollo de las tecnologías sustentables, la estructuración de economías locales y de movimientos en pos de la soberanía alimentaria, la democracia energética y la justicia hídrica y climática. Esos principios, valores ético-políticos que desde las prácticas de re-existencia de nuestros pueblos se han ido gestando, nos parecen los criterios más valiosos que tenemos como orientación hacia un caminar que procura realmente trascender el actual régimen de dominación capitalista-colonial-patriarcal. Esos, a mi modesto entender, deberían ser los ejes fundamentales a no perder de vista en todo proceso de articulación política y construcción colectiva. 

5) ¿Qué rol juega la institucionalidad democrática actual en la construcción de alternativas populares?
Es claro que esa institucionalidad, la del constitucionalismo republicano y representativo ha sido diseñado ab initio para restringir las concepciones más radicales de la democracia, para enmarañar y/o limitar en todo caso el ejercicio de la soberanía popular. A esas limitaciones de origen, se han ido sumando un conjunto de factores y problemas harto conocidos[4] que en términos agregados dan como ‘resultado’ no sólo la configuración de modos de gobierno que distan muchísimo de responder a la “voluntad de las mayorías”, sino que más aún están en la raíz de la profunda crisis de legitimidad del sistema y en la ‘despolitización’ de amplios sectores.

Con ello, es claro que esta institucionalidad política constituye un pesado lastre que funciona más como obstáculo que como facilitador de las alternativas populares, emancipatorias, y que avanzar en esa dirección requerirá inexorablemente cambios radicales en las instituciones y en lo que se entienda como sistema de gobierno (cambios que, por cierto, incluyen una transformación sustancial de la forma Estado).
Sin embargo, no podemos desconocer que estamos en un momento muy complicado, en el que las propias limitaciones de la democracia liberal están siendo amenazadas y degradadas. Como en otros momentos de la historia, queda claro que el capitalismo impone un techo taxativo a las aspiraciones de la soberanía popular, pero ni siquiera es capaz de garantizar un piso mínimo de la formalidad democrática: en tiempos de crisis, hasta esa definición minimalista, procedimental, de la democracia se ve amenazada y puede ser suprimida. Este escenario nos pone a la defensiva, en la necesidad de resistir los intentos en curso de perforar más aún el piso de derechos y garantías, aún siendo conscientes de lo extremadamente insuficiente de ese piso. Nos pone -a mi modesto entender- en la necesidad de no descuidar el campo de batallas de lo electoral y del sistema de representación y o pero, al mismo tiempo, no perder de vista que el propio campo de acumulación política pasa por esos otros espacios de construcción de autonomías, imaginarios, territorios/cuerpos practicantes de regímenes otros de relaciones, modos de vida radicalmente alternativas.
Esto último es lo que me parece central. Pues, estamos ante una situación en la que afrontamos la avanzada de una nueva derecha, de una derecha envalentonada, masificada y radicalizada, con las matrices de una vieja izquierda (me refiero a las opciones político-electorales); una izquierda desconcertada y desorientada, que ha perdido la capacidad para ofrecer un horizonte de futuro. Ante ese vacío, es clave la construcción en marcha de las re-existencias desde abajo.
*Horacio Machado Aráoz
Investigador de CONICET. Coordinador del Equipo de Ecología Política del Sur (CIT-Catamarca Conicet– UNCA). Director del Doctorado en Ciencias Humanas, Fac. de Humanidades (UNCA).
[1] Me refiero al hecho elemental de que las teorías sociales latinoamericanas -desde el estructuralismo cepalino a la teoría de la dependencia, abarcando incluso versiones de las teorías de la modernización y por supuesto, las perspectivas descoloniales- han hecho una profunda crítica de los regímenes primario-exportadores como la base de todos nuestros problemas estructurales. En los autores clásicos, según los casos, superar ese modelo era visto como una condición ineludible para superar nuestro “subdesarrollo”, “dependencia” o “condición colonial”. Cabe resaltar también lo de “problemas estructurales”, pues como queda claro en los análisis de autores tan disímiles como Raúl Prebisch, Gino Germani, Cardoso y Faletto, o Florestán Fernandes, Theotonio Dos Santos, Marini, González Casanova, etc., los modelos primario-exportadores no sólo implican limitaciones macroeconómicas, sino que también están en la base del carácter oligárquico de los regímenes políticos, las estructuras de clases tan desiguales y los fenómenos del autoritarismo, el racismo y el colonialismo interno.
[2] Apelo a estas categorías propuestas por Adrián Scribano para dar cuenta de las políticas de regulación de las emociones por las cuales el capital produce condiciones estructurales de soportabilidad social (de la expropiación/opresión) y de coagulación de la acción. Al respecto véase: Scribano, A. (2008) “Fantasmas y fantasías sociales: notas para un homenaje a T.W. Adorno desde Argentina”, Intersticios, Revista de Sociológica de Pensamiento Crítico,http://www.intersticios.es/article/view/2791. También: Scribano, A. (Comp.) (2013) “Teoría social, cuerpos y emociones”, Estudios Sociológicos Editora: http://estudiosociologicos.org/portal/teoria-social-cuerpos-y-emociones/.
[3] Acá hago referencia al uso y abuso hecho por el establishment mediático y gubernamental de los escándalos de corrupción que tiñen las administraciones progresistas, así como también a la debacle de la economía venezonala, y la deriva personalista e incluso autoritaria que se vislumbra en ciertos países (el gobierno de Maduro en la República Bolivariana de Venezuela y el de Daniel Ortega en Nicaragua). Más allá de las operaciones propagandísticas y de manipulación (des)informativa que la derecha ha hecho y hace de estos casos, no se puede desconocer estos problemas ni minimizar la defraudación política que han significado. De hecho, en buena medida, la ola conservadora y reaccionaria que sostiene a los actuales gobiernos de derecha en buena medida se apoya en el rechazo social, electoral a los referentes del progresismo (el sentimiento anti-petista en Brasil, anti-kirchnerista en Argentina, etc.).
[4] Tales como el propio funcionamiento del sistema de partidos; la constitución de una clase política profesional, la burocratización de las fuerzas partidarias; el tema del financiamiento de la política y el rol de las grandes corporaciones en ese aspecto; el papel de los medios masivos y el de las nuevas tecnologías de información que han incrementado enormemente su capacidad de incidencia, manipulación y formación no solo de sentidos sino también de estados de ánimo y emociones colectivas; etc.